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Ramón Castro, un oasis en medio de la pandemia

Convive con muchas localidades con COVID-19, pero se mantuvo sin casos. Conocé cómo es vivir como espectador de esta pandemia.

Los habitantes de Ramón Castro viven con la tranquilidad de siempre, con todas las medidas de prevención y muy atentos al cuidado de la higiene y al distanciamiento. Es un pueblo de apenas 150 personas, todos se conocen, saben de la tierra y el campo, porque han nacido y se han criado en medio de estas labores.

Son un oasis en materia de salud, porque si bien están rodeados de conglomerados con casos positivos de coronavirus, se mantienen inmunes, cuidando en especial a sus adultos mayores y a sus niños. En los más de 200 días transcurridos de la cuarentena, la comisión de fomento a través de su presidente, Abraham Antipan, diagramó un equipo de atención y prevención ante el COVID que los mantuvo libres de esta pandemia.

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"El comité local, que es la comisión de fomento, la policía y el agente sanitario, se acordó hablar con los pastores, los loncos, las autoridades de la AFR para que les transmitan el mensaje a su gente, porque el campo tiene que mucho que ver al ser todos crianceros. Gracias a Dios, la gente tomó mucha conciencia, hemos salido a otras localidades pero la gente se cuida", contó Antipan.

Indicó que en principio se pensó poner un retén de control pero que después, hablando con el comité y con los vecinos del pueblo, se decidió no hacerlo porque complicaba mucho a la gente. "La prevención fue a través del diálogo, del boca a boca, llegar a los puestos, la gente se sacaba las dudas a través de distintos medios sin ponerse en riesgo ni poner en riesgo a nadie", dijo el funcionario comunal.

Comentó que por estos días, y atendiendo a las disposiciones del gobierno provincial, se han otorgado muchas flexibilizaciones a la población del lugar. "Hoy acá esta todo permitido, las salidas recreativas, deportes, las reuniones religiosas. Tenemos el visto bueno desde el gobierno provincial para llevarlas adelante", recordó.

Una de los puntales en los que se sustentó el actual estatus sanitario de esta pequeña localidad fue el destacamento policial que depende de la División Brigada Rural de Zapala.

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Hubo trabajos de prevención con visitas permanentes a los puestos rurales, con una profunda campaña de colocación de cartelerías informativas y preventivas en todos los espacios públicos de uso común, como el edificio de la comisión de fomento, cajero automático, posta sanitaria y los locales comerciales. "Una de las medidas que adoptamos desde el principio fueron las campañas radiales en una emisora local y en Radio Nacional Zapala, que desde toda la vida es la más escuchada en los ámbitos rurales nos dieron la posibilidad también de llegar con nuestras charlas dando a conocer todas las novedades de la pandemia y en especial todas las medidas sanitarias que se debían y se deben cumplir", indicó el subcomisario Marcos Blanco, jefe de la brigada rural de la vecina ciudad. Esta flamante unidad policial con 29 efectivos cumple tareas, además de Ramón Castro, en Los Catutos, Villa Puente Picún Leufú y un retén de control sobre la Ruta 13 camino a Villa Pehuenia.

"El comportamiento de la población en Ramón Castro ha sido ejemplar tanto en las medidas de aislamiento como en las de distanciamiento. Siempre bien predispuestos a cumplirlas y en colaborar con la policía cuando veían vehículos y personas ajenas a la comunidad. Algo para destacar es que en este lugar nunca se cortaron los accesos, sino que más bien se apeló a la buena conducta y conciencia de los vecinos cuando se dirigían a otro lugar para que tomaran todos los resguardos de cuidado y prevención", remarcó Blanco.

"También la colaboración de los pastores de las iglesias evangélicas que se sumaron a colaborar, transmitir y acompañar a sus miembros para que cumplieran todas las medidas sanitarias dispuestas", sostuvo. Por último, manifestó su agradecimiento al personal docente y directivo de la Escuela Primaria 8. "Ellos adoptaron todos los protocolos de desinfección con las tareas escolares entregadas en los domicilios de los alumnos", resaltó.

El edificio donde funciona la posta policial fue inaugurado el año pasado y se construyó bajo la modalidad de Corfone.

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Por su parte, el responsable de la posta de salud, el agente sanitario Rubén Sánchez indicó: "El trabajo de concientización fue clave en la población porque al principio había que convencerlos de la existencia del virus y después de un tiempo, a partir de algunas situaciones vividas con personas de otros lugares que eran conocidas, tomaron en serio la cosas y comenzaron a cambiar los hábitos de saludo, a no compartir el mate y a mantener la distancia social y el uso del tapabocas".

"Acá somos 150 personas, y sumando todos los parajes, tenemos alrededor de 400", señaló Antipan. El funcionario sostuvo que una de las principales fortalezas económicas del lugar es el trabajo del campo, pero este año fue muy golpeada. "Debido a los temporales que tuvimos, se entregaron fardos. Algunos de los crianceros tuvieron una buena temporada pero a otros les ha ido mal debido a las fuertes nevadas, ya que murieron chivas madres. Después en la nevada de octubre, en plena parición, también perdieron animales. Cuesta levantar porque es mucho el trabajo que deben hacer", dijo Antipan, quien precisó que en el pueblo hay entre 70 y 80 crianceros.

"A principio de año nos agarró la pandemia. A los crianceros les afectó en la venta cuando recién bajaban de la veranada, por todo el tema de los controles que eran muy estrictos. Después vinieron los temporales, así que no fue un buen año. Por suerte, en el tema obras no resultó malo, ahora estamos terminando tres viviendas, que no es poco", indicó.

Otra cuestión importante pasa por la provisión de agua. "Nosotros acá tenemos una red de una vertiente, y en este tiempo baja muchísimo el caudal. Está a 21 kilómetros el troncal, así que ahora tenemos camiones repartiendo agua que vamos a buscar a Zapala. Son dos, uno de la comuna y otro contratado gracias a los aportes de la provincia", contó el jefe comunal.

Respecto de las actividades, dijo: "El año pasado se armó un lindo grupo de jóvenes, pero debido a esto se paró todo. Por suerte, la mayoría pudo terminar los estudios, y ahora se incorporaron para estudiar de policía o de voluntarios del Ejército". Y agregó: "Siempre en la medida de lo posible acompañamos a los que quieran estudiar afuera. Aunque hasta los últimos tiempos llegaba hasta aquí el transporte escolar proporcionado por provincia". En cuanto a la tercera edad, dijo que hay una "permanente asistencia social" a través de profesionales y de personal de la comuna de esta localidad.

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Personas

"Tengo un pequeño negocio. Era de mi padre y de mi madre, y lamentablemente ellos fallecieron hace tiempo y me quedó la responsabilidad de continuar con su histórica actividad. Estamos en un paraje muy chico pero muy lindo y, sobretodo, muy bendecido. Gracias a Dios, nunca nos falta el pan de cada día. Hay trabajo y desde que nació la comisión de fomento ha habido cambios muy importantes y para bien", afirmó Ricardo Sánchez, el almacenero y el recolector de residuos del pueblo.

Sobre el COVID-19 dijo que se aprendieron a cuidar y que eso dio muy buenos resultados, gracias al comportamiento de los pobladores. "Los primeros días, la gente se olvidaba el barbijo y volvía corriendo a la casa a buscarlo, si no los atendía afuera nomás, para evitar los contagios", recordó.

"Los vecinos se han portado muy bien. Es gente muy buena y educada. Ya sabemos, somos todos grandes y ya va a hacer casi un año que estamos con esta enfermedad y todos sabemos cómo cuidarnos. La pandemia ha sacado las cosas buenas y malas de la gente y yo prefiero y elijo las cosas buenas, esas que nos enseñan a ser mejores personas y más solidarios entre nosotros", contó el comerciante.

Ricardo viene de familia de crianceros y él toda su vida también se desempeñó en ese oficio, tanto es así que ya tiene a la venta chivitos en su negocio. "En el tiempo de las nevadas luchamos todos los días con mi hijo para que no se nos murieran los animales, rescatábamos a los que estaban mal y les dábamos forrajes, como mucho se nos murieron unos diez animales pero hay productores a los que sí les fue muy mal", advirtió.

Una de las principales problemáticas que aqueja a esta población es el tema del agua potable, en especial en la época estival. Donde comienza a escasear. Hace un tiempo, con un camión de la comisión de fomento y a través de un convenio establecido con el municipio de Zapala tienen la posibilidad de acarrear hasta cuatro viajes de agua potable para ser distribuida en la parte urbana y en todos los parajes y comunidades mapuches que asiste la comuna. En esa tarea están al pie del cañón los empleados Alejandro Gramajo y Ezequiel Claleo.

Otra historia es la de don Silverio Millanao, un criancero que perdió mucho. El hombre se había acercado a la comuna para hacer algunas gestiones. Siempre ligada al campo y a las carencias que enfrenta luego de una cuarentena larga y de los embates bravíos de la naturaleza. Don Silverio andaba con su ropa de gaucho y con su pesar sobre el hombro.

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"Me voy a la cordillera porque no tengo agua", dijo este criancero que hace unos 35 años tiene su invernada en Cerro Lotena. Nació en Barda Negra y formó familia con María Rosa Puel.

En sus faenas de campo siempre lo acompaña su hijo Omar Agustín. "Las nevadas de este año me mataron 30 animales grandes y 40 chivos chicos", resume sus pérdidas. Contó que se llevará sus animales cabríos, vacunos y yeguarizos a un campo alquilado en la zona de cordillera. "Hay que apechugarla nomás", dice en relación a los tiempos que le demorará recuperar el capital muerto. "Nos tenemos que acostumbrar para cuidarnos. Yo siempre uso el barbijo", contó.

Don Segundo Baigorria, con sus 81 años, también es protagonista de esta pandemia sin COVID-19 en el pueblo. Sentado en una silla frente a la puerta de su casa cuenta como es vivir estos días. "Soy de la clase del 39. Hace como sesenta años vivo en este lugar, no tengo familia, soy solo nomás", cuenta. "La gente del pueblo es muy buena, me vienen a ver y me ayudan siempre", asegura Don Silverio, que hizo el servicio militar obligatorio en el Regimiento de Neuquén y a partir de su vuelta comenzó a trabajar como criancero en el paraje Portezuelo Chico, lugar donde había nacido. "Es muy triste lo de la pandemia, pero juntos vamos a salir adelante", expresa con mucha esperanza.

Los chicos también padecieron de alguna manera la pandemia a su manera y a sus tiempos. "Sufrimos el encierro porque nosotros con los niños estábamos acostumbrados a ir a Mariano Moreno, a salir siempre. Pero también entendimos que nos teníamos que cuidar así que buscamos alguna actividad para hacer como pintar, dibujar y jugar", dice Rosa Curruhuinca, mamá de Tomás y Liz y esposa de un criancero. "Algunas noches para fortalecer nuestra fe y para pedir por el cese de la pandemia hacemos culto para Dios en familia. Los nenes hasta ahora extrañan la escuela, a pesar de que siempre sus maestras les envían sus tareas escolares", apunta.

Por otra parte, cuenta que su esposo Leandro Gramajo "en ningún momento dejó de salir al campo porque si no los animales se iban para cualquier lado. Lo complicado era por ahí para comprar forraje porque había que ir a Zapala y los controles policiales al principio eran muy estrictos. Al permitir pasar a uno por familia".

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