Recicla botellas de plástico como terapia para combatir su dolor
En 2016 juntó 125 bolsones con botellas que cambió por cinco bancos de madera plástica.
También recolectó 40 mil tapitas plásticas que envió a la Fundación del Hospital Garrahan.
Georgina Gonzales
Plottier.- A María Díaz un accidente de tránsito le arrebató la vida de uno de sus hijos. Su dolor la dejó encerrada en una habitación por varios años, pero hoy encontró en ayudar a los vecinos una salida a su oscuridad. Todas las tardes la mujer sale a la calle con varias bolsas de consorcio a recolectar botellas de plástico que luego cambia por bancos para las plazas.
El año pasado, la recolección fue muy productiva: juntó 125 bolsones que cambió por cinco bancos de madera plástica. Además, se tomó el trabajo de sacarles las tapitas a cada una de esas botellas y pudo recolectar 40 mil que envió a Buenos Aires para ayudar al programa de reciclado que lleva adelante la Fundación del Hospital Garrahan.
A eso de las 19:30 emprende su caminata diaria. A pesar de tener una hernia y en batalla diaria contra la depresión, la mujer sale de su casa en el barrio Don Antonio de Plottier y camina hacia el barrio siguiente, Jorge Islas, hasta pasadas las 22, cuando regresa con su familia.
El rostro de María no esconde su tristeza. Sus ojos están caídos y su corazón roto desde aquel 9 de junio de 2009 cuando un hombre que manejaba una camioneta atropelló a su hijo, Marcos Álvarez, cuando caminaba junto a su bicicleta a la vera de la Ruta 22.
El joven que tenía 19 años, era el menor de sus cinco hijos y su compinche. Hoy el rostro de Marcos, reflejado en varias fotos, ilumina la humilde casa que comparte con su esposo, Ramón.
A pesar de que el matrimonio tiene otros cuatro hijos, entre los cuales está Pedro, quien es discapacitado, sólo poder ayudar al prójimo logró sacarla de la cama donde se derrumbó tras la muerte de Marcos.
De este modo, y casi sintiéndolo como un trabajo, María sale en búsqueda de las tan ansiadas botellas. Los vecinos la conocen y le preparan los bolsones para evitar que se agache.
Los primeros cuatro bancos que logró canjear en la empresa recicladora Dangen, que funciona en el Parque Industrial de la ciudad, los instalaron en la plaza de su querido barrio.
En uno de esos bancos se sienta todas las noches cuando regresa con las bolsas llenas de botellas, para descansar y tomar el último suspiro y volver a su casa.
Muchas veces alguno de sus once nietos la acompañan en esta caminata solidaria.
A su regreso, su marido y compañero desde hace cuarenta años la espera para cenar, aunque ya nunca más volvieron a su casa las reuniones que organizaba Marcos.
María, además, junta ropa para los que la necesitan. El año pasado, ayudó a la bombera a la que se le quemó la casa, como así también a las familias que sufrieron el mismo accidente tanto en la capital neuquina como en otras localidades de la provincia y de Río Negro.
El ejemplo de su hijo
“Mi hijo siempre traía a casa chicos necesitados, y yo una vez me cansé y le dije que no los traiga más. Él me respondió: 'Fíjese, mami, que alrededor suyo hay mucha gente que la necesita'”, recordó la mujer, quien actualmente no duda en ayudar a quien pueda.
Las ganas de juntar botellas para luego convertirlas en bancos para instalarlos en las plazas y en las paradas de colectivo son el motor de María Díaz.
Pero esa actividad hoy enfrenta el problema de que no tiene cómo llevar los bolsones recolectados a la empresa recicladora.
Díaz explicó que la Municipalidad le había asegurado que pasarían a buscar por su casa los bolsones para que ella pueda seguir buscando más botellas. Pero durante el año pasado sólo la visitaron dos veces y hoy todo su patio está llenó de botellas.
“No tengo más bolsones vacíos, pero quiero seguir juntando botellas. Espero que por favor la Municipalidad de Plottier se haga un ratito de tiempo y pueda enviarme un vehículo para llevar lo que ya recolecté y obtener un banco más para colocarlo en alguna plaza del barrio”, expresó la mujer, quien está entusiasmada con llevar algún banco a las paradas de colectivo, ya que aseguró que en su barrio no hay garitas.
Incluso ya tiene un banco en su casa, pero no cuenta con un vehículo para poder trasladarlo hacia el cementerio, donde quisiera instalarlo.
Una familia que lucha por la vida
Marcos Álvarez tenía 19 años cuando fue atropellado el 9 de junio de 2009, en el kilómetro 1239 de la Ruta 22, por un hombre que conducía una camioneta a más de 100 kilómetros por hora. El conductor fue condenado a tres años de prisión en suspenso y quedó en libertad.
Su familia creó la asociación Marcos por la Vida con el objetivo de luchar por los derechos de las víctimas de delitos viales.
Desde ese momento trágico, la familia del joven busca la modificación del artículo 84 del Código Penal, para que "aquellos que matan al volante reciban las mismas penas que los homicidas".
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