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Reinventó su taller de cerámica por la pandemia y hoy vende piezas al resto del país

Valeria Valle tenía 80 alumnas anotadas para sus talleres en 2020. Por el aislamiento, cambió las clases por la producción en serie y hoy le llegan pedidos de otras provincias.

Cuando se anunciaron las primeras medidas de aislamiento social, preventivo y obligatorio, Valeria Valle entró en pánico. Tenía a un total de 80 alumnas anotadas en su taller de cerámica recreativa, que se había convertido en un refugio y un cable a tierra para neuquinas de distintas generaciones. Sin embargo, esa crisis también fue el puntapié inicial para reinventarse: con sus kits de cerámica creó talleres domiciliarios en cada casa y ganó más tiempo para dedicarse a su producción. Hoy, crea piezas en serie que son demandadas desde distintas provincias del país.

Aunque no existen genes en su familia que la arrastren hacia ese lugar, Valeria siempre tuvo una inclinación hacia las expresiones artísticas. Había algo en ella que la impulsaba a dejarse llevar por la música con pasos de baile o crear cosas nuevas con las manos. Por eso, durante su infancia en Zapala le dedicó varios años a un taller de cerámica recreativa.

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Cuando llegó el tiempo de elegir una carrera, la emprendedora no se alejó de demasiado de ese eje. Se mudó a La Plata para estudiar gastronomía, porque quería expresarse a través de los sabores. "En esa época no estaba tan de moda la cerámica y me costó mucho encontrar un taller para retomar el hobby que tenía", aclaró. Valeria se anotó en un curso recreativo, pero los conocimientos eran demasiado básicos para la experiencia que había acumulado por años en el taller de Zapala, por lo que siguió buscando otro espacio para aprender.

"Encontré un taller que tenía un curso nocturno que te daba un título, era una tecnicatura en cerámica", relató. Aunque ella sólo pretendía hundir las manos en la arcilla de vez en cuando, se tomó su hobby con seriedad y completó todos los pasos de la tecnicatura en paralelo a sus estudios de gastronomía. Sin embargo, en algún momento se produjo un enroque: el hobby de Valeria pasó a ser su profesión, y su planeada profesión pasó a ser un pasatiempo.

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Con la decisión tomada de vivir de la arcilla, Valeria desembarcó en Neuquén. "Me ayudó mucho mi hermana a armar mi taller en un espacio chiquito que alquilé. Al principio no me conocía nadie así que iba a todas las ferias que encontraba para hacerme conocida", explicó.

Así, y gracias al trabajo de hormiga, su habilidad para la cerámica se ganó un lugar en Neuquén. La artesana se fue mudando a espacios cada vez más grandes y se dedicó de lleno a dar talleres para fomentar la actividad en espacios de contención y ocio, donde circulaba el mate, las charlas y las manos sucias de arcilla. "Tengo alumnas de todas las generaciones, desde amas de casa hasta super profesionales que quieren un cable a tierra; cuando salen del taller bajan como cinco cambios", se rio.

La emprendedora logró causar en sus estudiantes aquello que sentía cada vez que ella misma moldeaba las piezas. "Te podés quedar una hora entera lijando una pieza, conectada con una pieza que sabés que es tuya", dijo y agregó que logró convencer hasta a las alumnas más incrédulas que incluso aquellas con nula experiencia en actividades manuales podían salir del taller con un trabajo terminado.

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"Yo no impongo ningún estilo, sólo las acompaño y les enseño con mi técnica", dijo sobre sus talleres, que se suspendieron hace casi dos años. "Algunas se inclinan más por lo artístico, la decoración o la escultura, y también están las fanáticas de la vajilla", explicó.

Con el amor que imprimía en cada hora de taller, Valeria arrancó el 2020 con un matrícula de 80 estudiantes. Pero la pandemia de coronavirus interrumpió sus planes. "No sabía qué hacer cuando se anunció que iba a cerrar todo, y buscaba una alternativa para sostener el costo del alquiler de mi taller y los gastos del horno eléctrico, que consume mucha energía", dijo y agregó: "Siguiendo redes de otras ceramistas se me ocurrió la idea de ofrecer kits de cerámica, que venían con la arcilla y algunas pinturas; las alumnas armaban su pieza en casa y me la acercaban para que yo las horneara".

A partir de la venta de los kits, Valeria se quedó con demasiado tiempo entre las manos. Ya no dedicaba tardes enteras a acompañar a sus alumnas, por lo que retomó su propia producción de piezas. "Yo siempre soy de tener arcilla y de guardar, así que trabajaba con lo que tenía, pero al principio de la pandemias la fábricas de Buenos Aires cerraron y no se conseguía material", detalló.

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Otra vez, la creatividad fue su herramienta para salir del paso. La artesana optó por arcilla en pasta para elaborar platos y bandejas en lugar de otras piezas, y logró acabados prolijos que tentaban a los clientes. También incursionó en la pintura de tercera cocción, que siguen las tendencias de dorados y cromados en las piezas. "Mi estilo es moldeado, sin torno, pero no es rústico, es más prolijo", detalló.

Pronto, Valeria retomó el ritmo de producción de sus inicios en la actividad. Empezó a elaborar moldes de yeso para producir al por mayor y proveer a las confiterías que ofrecen elegantes desayunos con sus tazas de cerámica. Aunque los moldes le permiten hacer trabajos seriados, ella trata de siempre incluir una terminación personalizada en cada pieza, para que no haya dos artículos iguales.

La mayor demanda la llevó a incursionar en nuevos mundos como el marketing digital. "Nunca le di mucha bolilla a las redes, pero con la pandemia me puse a investigar un poco más y encontré en ellas un espacio para publicar mi trabajo y recibir impresiones de forma inmediata. Empecé a publicar cada vez más, y pasé de mil a seis mil seguidores", dijo. También creó una tienda virtual propia para poder comercializar sus productos, y así recuperó la popularidad que había perdido al dejar las ferias en pausa.

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"Cuando tenía a mis alumnas había dejado las ferias, pero ahora retomé en algunas y me sentí muy bien", dijo y agregó que este año, incluso con menos restricciones de circulación, optó por no retomar los talleres porque temía que se exigieran demasiados cambios horarios en base a la situación sanitaria. Por eso, prefirió hacer kits de cerámica a pedido y seguir creando piezas para comercializar.

Con el paso de los meses, su estilo detallista se impuso en las redes sociales con el nombre de Afra Cerámica. Recibo pedidos de productos al por mayor que elabora en base a moldes de yeso y con un toque personalizado. Y también hace piezas únicas que llegan a distintas provincias del país. Gracias al éxito de las ventas, ya sumó a una asistente en su taller, y su objetivo es crear una verdadera fábrica neuquina, con más personas trabajando para llegar con la cerámica a todo el país.

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"Hay una gran tendencia de la cerámica porque es una actividad manual que te relaja, es como un cable a tierra, y también porque se está dejando de lado el plástico y mucha gente elige productos de cerámica para cuidar al medio ambiente", afirmó y recordó que, en sus inicios, este tipo de actividades eran una rareza. "Era difícil conseguir arcilla y ahora la venden en todos lados pero, para mí, esta época es mucho mejor", concluyó.

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