Relaciones simétricas
En toda relación interpersonal tiene que haber siempre un equilibrio entre el dar y el recibir. Cuando uno da mucho, acumula rabia por dar. Mientras que, cuando uno recibe mucho, junta culpa por recibir. Lo ideal es un balance entre ambas acciones.
Los padres les damos a nuestros hijos y ellos reciben. No hay un equilibrio entre la ida y la vuelta. Pero los adultos no debemos pedirles a nuestros hijos que nos den porque nosotros somos los encargados de dar (y ellos, de recibir). Papá y mamá somos autoridad sobre nuestros hijos y necesitamos cuidar este orden establecido. Como padre, primero me tengo que cuidar yo porque, si aprendo a cuidarme, en segundo lugar voy a cuidar mi relación de pareja. Esta relación debe estar antes que la paternidad y ser una prioridad. Porque cuando uno arma una buena pareja, es también buen padre.
El adulto que expresa: “Mi hijo está primero que mi pareja”, convierte a ese hijo en su pareja y lo obliga a cargar con un poder y un peso de culpa muy grandes. Nosotros, los mayores, tenemos que cuidarnos a nosotros mismos y después cuidar nuestra pareja, a nuestros hijos, a nuestros padres y a nuestros hermanos. En ese orden. El mundo funciona bajo un orden que fijan distintas leyes (biológicas, aerodinámicas y las que nos rigen a nosotros). Poner a un hijo antes que a la pareja es sacarlo de su lugar, lo cual hará que tarde o temprano experimente problemas. Los padres somos los encargados de dar y nuestros hijos son los que reciben.
La relación entre hermanos sí tiene que ser simétrica. Ningún hermano debería dar más que otro. Con tus hermanos, ¿tenés una relación simétrica? Si la respuesta es afirmativa, quiere decir que das pero también recibís. ¿Qué sucede cuando un hermano le da a otro demasiado? El que da acumula rabia y el que recibe junta culpa. Y dejan de ser hermanos para convertirse en padre-hijo. Con frecuencia, la relación con los hermanos se quiebra porque hay uno que da más y recibe menos. Por eso, el vínculo tiene que ser parejo: hoy por vos, mañana por mí.
¿Cómo tiene que ser el dar y el recibir en la pareja? Igual, parejo. Cuando en una pareja uno da mucho, ese acumula rabia y el que recibe junta culpa. Y, por lo general, el que recibe más de lo que da es el que termina abandonando al otro. Entonces el que dio mucho se queja: “Le di los mejores años de mi vida y se fue”. ¿Por qué se fue? Porque no pudo saldar tanta culpa, ya que el otro le dio demasiado. No se va el que da y acumula bronca (ese se puede enfermar en algún momento); se va el que recibe y acumula culpa. “Le di los mejores años de mi vida y se fue”… es una frase muy común del que es abandonado. ¡El problema es precisamente que le dio todo al otro!
Para disfrutar relaciones satisfactorias, necesitamos generar un balance en ellas: “Hoy hago yo la cama y mañana la hacés vos; hoy cocino yo y mañana cocinás vos”. Balance significa que vos hacés esto y yo hago aquello; que yo te di y ahora vos me das a mí. Así se mantiene el balance entre el dar y el recibir.
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