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La Mañana niña

Rescataron a una nena de 8 años que pesaba 9 kilos

La niña vivía en la miseria y era torturada por su madre adoptiva.

Una madre adoptiva fue condenada a prisión por torturar a una niña, de ocho años, mientras prodigaba amor en su propia hija. La víctima fue encontrada gravemente desnutrida y sufriendo una congelación que la dejó sin poder caminar.

El calvario que padecía la pequeña, llamada Irina, fue descubierto por un vecino de la ciudad rusa de Bryansk, a 380 kilómetros al suroeste de Moscú, quien visitó la casa familiar y abrió una puerta donde vio a la menor atada a una sillita de bebé. “Nadie sabía que tenían una nena adoptada. Tenía las piernas azuladas y estaba muy delgada. Me la llevé y le dije que no la devolvería hasta que llegue la Policía. La traje a casa, la lavé y le cociné. Le di agua y bebió dos vasos de un trago”, contó Vladislav Skorodumov, el héroe de la chica. Según precisaron las autoridades, la niña estaba tan subdesarrollada que su tamaño era similar al de un infante de tres años y pesaba menos de nueve kilos. Además, no podía alimentarse, hablar o caminar y no sabía usar el baño, aunque estaba “completamente sana” cuando dejó un orfanato, a sus dos años. A su vez, sus tutores nunca la llevaron a la escuela.

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“Me arrepiento. No soy un villano, fue mi inexperiencia. Lo lamento y estoy lista para compensar el daño pero, por favor, no me castigues por sucumbir a tal tentación”. Natalya Zubachyova. Madre adoptiva que fue condenada a ocho años de cárcel.

Mientras hacía vivir en la miseria a la niña, la mamá abusiva Natalya Zubachyova, de 44 años, le brindaba toda su atención a su propia hija, de la misma edad que la víctima, y a sus otros dos hijos menores, a quienes llevaba al teatro, museos y clases de gimnasia rítmica. El motivo por el que los adultos procedieron a la adopción fue por el ingreso económico: percibieron un pago único de cerca de 300 dólares por acoger a la huérfana más pagos mensuales de 200 dólares.

En el momento en que la Policía aprehendió a Zubachyova, el esposo, Igor, se dio a la fuga y aún no pudo ser detenido. En tanto, la Justicia sentenció a la mujer a ocho años de prisión. “Me arrepiento profundamente. No soy un villano, fue mi inexperiencia. Lo lamento y estoy lista para compensar el daño pero, por favor, no me castigues por sucumbir a tal tentación”, rogó la acusada, que admitió haber “causado intencionalmente un daño grave a la salud” de la niña. Ahora, Irina se está recuperando de su experiencia infernal y ya pesa 17 kilogramos.

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