Retroceder nunca, arrepentirse jamás

Fabricio Abatte

Luis se acerca a la ventanilla convencido de jugar el 22. Incluso el empleado de la agencia llega a tomarle la jugada y tipea el ambo en la máquina. Justo en ese instante, por el televisor que transmite en directo las carreras del hipódromo de Palermo se impone el caballo número 8. El apostador, un encargado de edificio, lo piensa y cambia sobre la marcha. Pide anular la boleta y le pone “10 pesos en todas al 08”. Conclusión: sale el 22 a la cabeza y el número preferido del popular Riverito (el ¡oooocho!) brilla por su ausencia. Es tiempo de lamentos.

Al percatarse de los resultados del sorteo, Luis no para de lamentarse toda la semana, le cuenta a todo el mundo su desdicha y se atormenta por su mala determinación. Una de las máximas timberas señala justamente eso, que arrepentirse a último momento es correr un riesgo grande.

2 números hay que jugar si a último momento aparece un segundo pálpito.

Pasa y seguirá pasando. Pero, según los manuales timberos, lo ideal para después no quedarse con culpa sería cubrirse ante el repentino cambio de pálpito sin dejar afuera al primer número escogido. “Mucha gente a último momento se da vuelta con un número y si termina saliendo el primero que habían fichado, se quieren morir. Pero ojo que a veces también les sale bien…”, advierte José, quien atiende un recinto quinielero céntrico en Neuquén.

El azar juega un rol preponderante en todo esto. Pero es cierto que hay que tratar de no desafiar tanto a la suerte ni exponerse al tipo de situaciones descriptas porque el juego no perdona dudas ni titubeos. Ya lo saben: retroceder nunca, arrepentirse jamás.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario

Lo Más Leído