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La Mañana asesino

Richard Ramírez y AC/DC: la canción detrás del más emblemático asesino serial satánico

Un documental de Netflix revivió la secuencia de crímenes que marcó a la costa oeste de los Estados Unidos. El esfuerzo de la banda australiana por desligarse de "El Acechador Nocturno". Y el tema que pudo servir de inspiración al perverso.

“Era el 17 de marzo de 1985, el Día de San Patricio. A mi compañero y a mí nos habían asignado el caso. Cuando llego, la puerta del garaje estaba abierta. Veo manchas de sangre alrededor y en el piso, justo al lado de la otra puerta, que separa el garaje de la casa. En el suelo, también, había una gorra de baseball. Tenía escrito 'AC/DC'”.

Así comienza su relato el detective Gil Carrillo. El testimonio de su primer acercamiento a uno de los peores criminales seriales de la historia. Adentro, en el interior de esa casa de los suburbios de Los Angeles, había una mujer muerta de un disparo en la cabeza. Pero la primera pista con la que contó la Policía estaba ahí afuera. Una gorra. Una gorra con el clásico y representativo logo de la banda australiana de rock pesado AC/DC.

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Poco más de cinco meses después y tras una intensa búsqueda, Richard Ramírez, más conocido como “El Acechador Nocturno” (o “Night Stalker” en inglés, mote puesto y popularizado por la prensa) fue detenido. Se lo acusaba de, al menos, 14 asesinatos, 5 intentos de asesinato, 9 violaciones (tres de ellas a menores), 2 secuestros, 4 actos de sodomía, 2 felaciones forzadas, 5 robos y 14 allanamientos de morada. Esposado y custodiado por decenas de efectivos, Ramírez fue trasladado al cuarto de interrogatorios de una estación de Policía del este de Los Angeles.

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Allí, según el testimonio judicial del oficial George Thomas que estaba presente en esa habitación, el joven de 24 años que había aterrorizado durante más de un año a gran parte de la costa oeste de los Estados Unidos se puso a tararear parte de la letra de una canción. No era ni había sido un hit, pero Thomas lo reconoció de inmediato. Se trataba de un tema de la banda australiana de rock pesado AC/DC.

En algún lugar un reloj da la medianoche

y en el cielo hay luna llena.

Oís a un perro ladrar a lo lejos

oís el bebé de alguien llorar.

Una rata corre por el callejón

y un escalofrío te corre por la columna.

Y alguien pasa sobre tu tumba

y deseás que brillara el sol.

Porque nadie te va a advertir

y nadie va a gritar “¡ataque!”.

Y no sentís el acero

hasta que está colgando de tu espalda.

La letra no ayudaba. Ni su título, ni cómo se llamaba el álbum en el cual estaba incluida. Tampoco la vibra oscura de la música ni la interpretación a tono del fallecido vocalista Bon Scott, que la convirtieron en, probablemente, la canción más “siniestra” de la banda. Mucho menos, claro, las declaraciones de aquel amigo de la infancia que lo indicaban como un gran fanático del grupo.

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O ese tan capcioso titular de un diario, tantas veces replicado por otros medios de la época, y de mucho después también. “AC/DC me hizo matar”, decía ese periódico que había dicho Ramírez a las autoridades cuando fue atrapado, a pesar de que nunca lo había hecho en realidad. Pero qué importaba. Con el “serial killer” tras las rejas, el show debía continuar.

Soy tu merodeador nocturno, duermo de día.

Merodeador nocturno, salí de mi camino.

Sí, soy el merodeador nocturno, cuidate esta noche.

Sí, soy el merodeador nocturno, cuando apagás la luz.

“La prensa supuso e inventó un montón de cosas. Y entre esas cosas le dio una importancia mucho mayor a la gorra que la que le dimos los investigadores de los homicidios”, dijo Carrillo respecto de la primera pista dejada por Ramírez, origen de su vínculo eterno con AC/DC. Y parece ser cierto, al menos, por el lugar que se le da a ese vínculo en la miniserie “Night Stalker: The Hunt for a Serial Killer”, recientemente estrenada en Netflix.

“Con la foto que difundimos de la gorra durante la investigación de ese crimen solo quisimos llamar la atención a través de los medios, para ver si alguien conocía a alguien que usara una gorra de AC/DC”, explicó el investigador en una entrevista. Y lo lograron, ya que, como bien muestra la serie, una testigo vio a Ramírez usándola antes de cometer ese asesinato. Sin embargo, la Policía también jugó su parte en la relación entre el accionar del homicida con la banda liderada por los hermanos Young.

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No por nada el ya mencionado Thomas identificó fácilmente el tema canturreado por el asesino durante el interrogatorio: lo conocía porque, debido a esa famosa gorra, había investigado a la banda y lo había escuchado “entre 80 y 100 veces”, según expuso en las audiencias preliminares del juicio en el que se condenaría a Ramírez a la pena de muerte. ¿Barajaba la Policía entonces, al igual que la prensa después, la posibilidad de que la música y algún presunto “mensaje” del grupo escondiera una clave para desentrañar los crímenes? A juzgar por lo expuesto por Thomas, y a pesar de los argumentos de Carrillo, todo indica que sí.

Demasiado asustada para apagar la luz

porque hay algo que ocupa tu tu mente.

¿Ese fue un ruido del otro lado de la ventana?

¿Qué es esa sombra en la persiana?

Mientras yacés ahí desnuda

como un cadáver en una tumba,

animación suspendida

mientras me deslizo a tu habitación.

No obstante, lo que terminó de calentar el horno, justamente, fue la cuestión del satanismo. Porque si Ramírez no hubiera pintado pentagramas con la sangre de sus víctimas en varias de las escenas de sus crímenes, no le hubiera hecho jurar por Satán a una mujer que no gritaría mientras la violaba o no hubiese mostrado al mundo su confesa adoración por el Diablo durante el circo mediático que se generó en torno a su juicio, otro hubiera sido el cantar. Pero como sí lo hizo, la preocupación de y por AC/DC se multiplicó.

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Su nombre no solo estaba ligado a uno de los peores criminales de la historia. También lo estaba al mismísimo demonio. “Anti-Christ/Devil's Child”. De pronto, se corrió la bola que eso era lo que significaba la sigla que los había bautizado y que tantos jóvenes (como Ramírez) vestían y hasta se tatuaban con orgullo: “Anti-Cristo/Hijo del Diablo”. Por eso, seguramente, el guitarrista principal aparecía con cuernos y cola puntiaguda en la tapa de “Highway to Hell” (“Carretera al Infierno”), el disco que contenía el maldito tema.

Por eso, ¡con razón!, tenían también otras canciones con la palabra “infierno” en su título, como “Hell's Bells” y “Hell Ain't a Bad Place to Be”. Y por eso, ¿no era obvio?, Richard Ramírez se había vuelto tan satánico y tan malvado que terminó cometiendo las aberraciones que cometió. ¡Cómo no la vimos venir antes! Poco importaban, en tiempos del llamado “Pánico Satánico” que se extendió por EE.UU. y otras partes del mundo occidental durante toda la década de 1980 y parte de los noventa, la violencia de la que había sido testigo y a la que fue sometido el futuro asesino durante su infancia y adolescencia.

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O el fuerte golpe en la cabeza que, como a tantos otros criminales de su especie, le dejó secuelas de por vida. Muchísimo menos, por supuesto, lo que tuvieran para decir los integrantes del demonizado grupo musical. “El nombre 'AC/DC' lo sacamos de la parte de atrás de la máquina de coser de mi hermana. La sigla está en todos los electrodomésticos. Solo significa 'poder'”, tuvo que salir a responder, por enésima vez, Angus Young a un periodista del programa televisivo Entertainment Tonight, que le consultaba acerca de la presunta connotación diabólica de su nombre en 1985.

“Si querés ser adorador del diablo vas y lo hacés. Es un arte en sí mismo (risas). Pero eso es lo más alejado de lo que somos”, completaba Angus en otra entrevista de la época. Por su parte y varios años después, el ya fallecido Malcolm Young reflexionaba: “Desde que le pusimos el nombre a la banda dijeron cualquier cosa sobre el significado de la sigla. Vos les contás una y otra vez la historia de la máquina de coser, pero ellos siguen pensando 'no, hay algo más en todo esto'”. Lo mismo pasaba, como no podía ser de otra manera, con la canción que estaba bajo la mira de la opinión pública.

Soy tu merodeador nocturno, duermo de día.

Merodeador nocturno, salí de mi camino.

Sí, soy el merodeador nocturno, cuidate esta noche.

Sí, soy el merodeador nocturno, cuando apagás la luz.

Richard Ramírez no seguía un patrón específico. Tampoco tenía preferencias evidentes ni un mismo modus operandi. Sus víctimas fueron de todas las edades, razas, sexo y religión. Y a la hora de matar lo hizo tanto con armas de fuego como con cuchillos, objetos contundentes o sus propias manos.

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Quizás lo único que se repitió en la mayoría de sus crímenes fue un único elemento: Richard irrumpía en las casas y asesinaba, abusaba, mutilaba y aterrorizaba puertas adentro. Tal como el protagonista en primera persona de “Night Prowler” (“Merodeador Nocturno” en castellano), el tema musical editado en 1979 que, según policías y periodistas, podría haber inspirado a ese joven perturbado de ascendencia latina a convertirse en quien se convirtió.

Soy tu merodeador nocturno, rompo tu puerta.

Soy tu merodeador nocturno, arrastrándose por tu suelo.

Soy tu merodeador nocturno, voy a hacer un desastre de vos, sí lo haré.

Merodeador nocturno

y te estoy diciendo esto:

no hay nada

no hay nada

nada que puedas hacer.

“Uno consigue la inspiración de algo. En el caso de esa canción, que fue totalmente sacada de contexto, la historia viene de un tipo que solía robar ropa interior de las lavanderías. Ese tipo inspiró a Bon Scott a escribir una canción sobre eso. De eso trata 'Night Prowler'”, explicó Angus, también, a Entertainment Tonight en 1985. Años después, Malcolm decía al respecto: “La canción no se llama 'Night Stalker'. Se llama 'Night Prowler' y es sobre las cosas que solías hacer cuando eras chico, como meterte a escondidas en el cuarto de una novia cuando sus padres estaban dormidos”.

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Como puede leerse, conceptos distintos manejaban los hermanos sobre el tópico del último track grabado por el mencionado Scott (autor de la letra) con la banda que lo hizo famoso. Pero en lo que ambos coincidían, al menos puertas para afuera, era que el mismo de ninguna manera hablaba de un asesino. A pesar de varios de sus versos, que parecen indicar lo contrario.

Haya sido cierto o no lo que dijeron los hermanos acerca del origen del tema, como con cualquier pieza de arte, el mismo no deja de estar sujeto a la interpretación que cada uno quiera y pueda darle. Si Charles Manson pensaba que “Helter Skelter” de los Beatles era un llamado a una guerra racial apocalíptica, ¿por qué Ramírez no podría haberse sentido identificado con “Night Prowler”? El problema, desde luego, no estaba ahí. De hecho, tampoco lo hubiera estado aún si la canción se refiriera en verdad de un asesino en serie igual al que supuestamente inspiró.

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El problema estaba y sigue estando en buscar explicaciones y responsabilidades facilistas que desvían el foco de lo que realmente importa. Como siempre, es mucho más fácil echar culpas y correr la vista que mirarnos en el espejo y preguntarnos cuánto de nosotros hay en los demás. “Los asesinos seriales son producto de nuestros tiempos, y estos son tiempos sedientos de sangre”, dijo el propio Ramírez en una entrevista, mientras esperaba su ejecución en la cárcel de San Quentin. Una que nunca llegó: el cáncer lo mató primero, el 7 de junio de 2013.

Casi ocho años después de su muerte, el “efecto Richard Ramírez” perdura en la historia de AC/DC. Y todo, en definitiva, por culpa de una simple gorra. Lejos quedaron las endebles acusaciones, aquel único show cancelado en plena vorágine y la lista negra de la moral yanqui en la que, con tantas otras bandas, fueron incluidos. Pero el nombre del asesino seguirá vinculado a la sigla sacada de aquella vieja máquina de coser, cada vez que alguien los tipee en un buscador o recuerde aquellos fatídicos meses de 1985.

“Te enferma, ¿sabés? Te enferma tener cualquier cosa que ver con algo como eso, aunque sepas que no tenés nada que ver”, expresaba el cantante Brian Johnson a VH1 quince años más tarde. Hoy, a más de tres décadas y media de la ola de crímenes que conmocionó al mundo entero, el mismo sentimiento persiste en las filas de la veterana banda australiana.

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