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Rosana Sastre y el recuerdo de crecer junto al patín neuquino

La campeona mundial, panamericana y nacional cuenta cómo fueron sus inicios en el patín carrera en la ciudad. Cómo era estar lejos de casa y por qué siempre quiso regresar.

Cuando Rosana Edith Sastre tiene un problema, se sube a los patines. No importa ni el frío ni el calor. Lo importante es sentir la sensación de frescura que provoca la brisa contra la cara, y esa inusitada libertad de pensar que no existen trabas, cuando los pies se quieren deslizar. Por eso, aún hoy, a sus 48 años, y luego de haber recorrido el mundo patinando, sus dos patines la llevan a donde quiere estar. “Me trasladan a esa paz y tranquilidad que ando buscando siempre”, cuenta, en el día del aniversario de Neuquén, su ciudad natal.

Ella es la menor de los cinco hijos que tuvieron María e Inocencio, también nacidos en la capital de la provincia. “Con mis hermanos íbamos a la escuela Don Bosco y como actividad extracurricular deportiva estaba el ofrecimiento de hacer patín artístico, por lo que nos anotaron a todos en ese deporte”, dice la campeona mundial Rosana Sastre. Ese, a los cinco años, fue el comienzo de todo, porque por más que estuvo sólo seis años en el mundo del patín artístico, le sirvió para adentrarse en lo que sería su punto de largada: el patín carrera.

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Su constancia, esfuerzo, responsabilidad y sus piernas invencibles la llevaron a lo más alto del podio; ya sea individualmente o cuando representó a la Argentina con el seleccionado nacional. Con 14 años se iba muy lejos de sus afectos, “de mi lugar de pertenencia”, refiere Rosana, “y eso de estar lejos de casa era lo más difícil de sobrellevar”, recuerda ella. “Mi abuela materna fue mi pilar, y toda mi carrera deportiva mi abuela fue grande, y cada vez que me iba pensaba que iba a ser la última vez que la veía. Hasta soñaba, era terrible”, rememora Rosana. Pero por suerte no fue así: su mejor compañera la esperó después de cada viaje hasta los 26 años, en que Rosana decidió retirarse de su carrera profesional y comenzar a estudiar una carrera universitaria.

Antes de eso, entre los años 1988 y 1991, dos ofrecimientos internacionales sacudieron la tranquilidad de la campeona. “Una era una propuesta de vivir en Italia y otra en Estados Unidos; en ambas se me planteaba la posibilidad de radicarme allá y representar a esos países o también de entrenar en esos territorios y seguir representando a Argentina”, explica. “Pero dije que no”. Sucede que ser deportista no es sencillo, y cuando se trata de ganar no sólo importa la chispa que le saques a la pista, sino también la contención emocional que te apuntala para poder afrontar los desafíos. “No estaba de vacaciones en Australia, China o Ecuador, estaba haciendo lo que me gustaba sí, pero exigida; con mucha carga de ansiedad de que todo salga bien, de no lesionarme, de rendir al máximo, por lo que al ser todo tan intenso, una también extrañaba con la misma intensidad”, argumenta.

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Ahora que celulares, videoconferencias, videollamadas y el mismísimo internet son las herramientas comunicacionales por excelencia no resulta difícil, pero hace 34 años atrás, comunicarse desde Bélgica para llamar a su papá y avisarle cómo le había ido, era bastante complicado. “Yo a los 15 días ya estaba extrañando, por eso siempre regresé a Neuquén; era impensado para mí estar tanto tiempo lejos de mi lugar, y lo sigue siendo”, afirma Ro.

Neuquén, accesibilidad y deporte

Retirada de la alta competencia, Rosana pudo buscar su sustento y dedicarse a algo que le apasionaba tanto como patinar: ser profe de Educación Física. “El primer año en el que dejé de competir fue traumático hasta que encontré una vocación y pude comenzar a trasmitir a los demás todo aquello que me había dado el deporte”, explica Sastre. “Hoy, estando en la Federación Neuquina de Patín, como socia en la ONG de accesibilidad y entrenando a Club Austral, me siento muy feliz porque es otra etapa de mi vida en la que también puedo retribuir a la ciudad algo de todo lo que me dio”, agrega. “Siempre que tengo la oportunidad agradezco a mi ciudad y a mi provincia porque han podido disfrutar conmigo mi carrera deportiva; el acompañamiento, las recibidas en el aeropuerto, son todas cosas muy gratificantes”, finaliza.

“Hoy, estando en la Federación Neuquina de Patín, como socia en la ONG de accesibilidad y entrenando a Club Austral, me siento muy feliz porque es otra etapa de mi vida en la que también puedo retribuir a la ciudad algo de todo lo que me dio”.

En la época en que Ro patinaba por hobby con su hermano más chico y se iban de casa por horas, solían haber cientos de niños y niñas surcando la pista de la Sociedad Española, uno de los primeros patinódromos de la ciudad. “Con respecto al acceso al deporte se hizo mucho durante mi época en Neuquén; yo sentía que tenía todas las oportunidades al alcance de mis rueditas”, analiza. Actualmente, la ciudad de Neuquén avanzó en infraestructura, urbanización y accesibilidad si se cuentan las más de 11 pistas públicas que hay en los distintos barrios para desarrollar las actividades deportivas y el mayor uso que hace la comunidad de los clubes e instituciones afines para la vida recreativa. Sin embargo, Rosana añade que “sería interesante encontrar más modos” de acercar a las infancias y adolescencias al deporte, “somos los adultos los que debemos pregonarlo para que puedan descubrirlo y disfrutarlo”.

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El podio de una grande

El medallero de la neuquina incumbe más de treinta títulos nacionales, once medallas a nivel Panamericano, de las cuales seis son de oro. A nivel mundial, tras doce años en la Selección Argentina de Patín Carrera, obtuvo 4 títulos como campeona del mundo.

Y sin embargo, Rosana está convencida que se aprende más de una derrota que de un triunfo.

Cuando se preparó para su retiro, ya pensaba en estudiar algo que le fascinara tanto como el patín, así que se hizo profe de Educación Física. Hoy continúa perfeccionándose en una tecnicatura en Patín.

Entre los años 1999 y 2017 creó, trabajó y fue presidenta de Neudedis, una ONG dedicada al derecho de las personas con discapacidad de realizar deportes. Esa labor, con la cual hoy colabora, le valió el reconocimiento del Senado Nacional otorgándole el premio Islas Malvinas en 2015.

También obtuvo otros reconocimientos como el Premio Fundación Konex 2006; Olimpia de Plata (1986, 1990 y 1997); Pehuén de Plata (1992, 1994, 1995, 1997) y Pehuén de Oro (1992,1995,1997).

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