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Rumbo a la cordillera: qué llevar en la mochila de viaje

Poner lo justo y necesario, nunca olvidar agua, abrigo y bolsas para envolver lo esencial y para poder regresar con nuestros residuos, entre las claves.

Estamos en esa época del año en que muy probablemente apuntemos para algún lugar de nuestra querida provincia. A pesar de la situación sanitaria imperante, irse de vacaciones todavía es una opción, y para que todo salga bien –muy bien- es fundamental poner lo justo y necesario en lo que será nuestra mochila de viaje.

Ahora bien, dependiendo que la aventura a emprender sea un viaje corto dentro del viaje y la bolsa sea solo para acompañar caminatas y trekking, o que se trate de un viaje de mochilero donde la mayor parte del tiempo tengamos el peso de nuestras cosas sobre las piernas; será lo que pongamos en ella y cómo lo organicemos.

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El aficionado, montañista y coordinador del grupo de montañismo “Mirá cómo lo hago”, Roberto Catalá –que ya subió el Lanín más de una docena de veces- explica que sea chica o grande, en la mochila no pueden faltar dos cosas: un abrigo y agua. Así, para la primera opción, hay que pensar para cuántos integrantes estará destinada esa mochila, “porque muchas veces es una sola persona la que la carga”, afirma Roberto. “Luego, armar una lista de lo que vamos a llevar, colocar todas esas cosas arriba de la mesa y poner los objetos uno a uno adentro. Cerrarla y no volver a abrirla”, dice el montañista. “Y no hacer el proceso inverso de corroborar la lista sacando las cosas afuera porque ahí podemos dejar algo sin querer”, argumenta.

Otro de los consejos es que la mochila no supere el 20 por ciento de nuestro peso corporal. “Porque si no, después, la persona se concentra en hacer fuerza, y la excursión termina siendo un padecimiento”, cuenta Roberto, quien no deja de advertir que los objetos que no pueden faltar son: abrigo, una toalla y agua. “También podemos agregar calzado que pueda mojarse para intercambiarlo con el que llevamos puesto, unas medias y bolsas impermeables o ziploc para que no se moje la ropa de abrigo. Además, las bolsas tendrán una doble función: serán utilizadas para regresar con todos nuestros desechos. Y cuando decimos “todos”, Catalá es terminante: “La basura que generamos no pertenece al lugar donde fuimos. Jamás debemos dejar algo, ni orgánica. Nada. Porque afecta a los ecosistemas. Tenemos que irnos a casa como si nunca hubiéramos estado ahí”.

En cuanto al orden de armado es el siguiente: en la base el abrigo y la toalla, contra la espalda -“bien pegado”- se va disponiendo la comida, el agua de repuesto o lo más pesado; así el peso lo hacen las piernas y no la espalda. Arriba de todo va el botiquín, donde estarán consignados los siguientes materiales sanitarios: venda ancha, curitas, alcohol en gel y la medicación usual de los integrantes de la excursión. “No importa si ya la tomaron o no toca durante las horas que dura la travesía, siempre llevarla por las dudas”, explica Catalá.

Viajes largos y pandemia

En los bolsillitos hay que poner la documentación y las llaves del auto, aunque sobre este último punto, Roberto tienen un concejo extra basado en la experiencia: “Todos deben saber dónde están las llaves del auto y en lo posible hay que dejarlas cerca del auto escondidas, porque me puedo perder y los demás deben tener la opción de poder utilizar el vehículo”, sintetiza. Previamente ponerse protector solar, gorro y no olvidar de avisar al puesto, a gendarmería, al hotel, el horario estimativo de regreso y cuál era nuestro destino.

En lo que respecta a un viaje basado en una mochila de mochilero, la clave es, según Roberto, la correcta utilización de las cintas para no sufrir el peso. “Hay una que debe quedar bien ajustada a la columna lumbar ya que nosotros no respiramos por la panza sino por los pulmones. De esa manera lograremos más rectitud en nuestra postura, una mejor distribución del peso y que la fuerza la hagan las extremidades inferiores”, añade.

Este tipo de mochilas, se aconseja que no sean de más de 70 litros. A ellas las armamos en su base con la bolsa de dormir, más arriba las mudas de ropa, pegado a la espalda la comida y la bombona de gas y elementos para cocinar. Arriba de todo –no olvidar que los huecos que vayan quedando pueden ser llenados con ropa- van el rompeviento, la comida de marcha (cereales, caramelos y sanwiches, más el agua) y el botiquín. “Pensemos que un abrigo a mano siempre hay que tener porque por más que hayamos salido con calor, las temperaturas bajan drásticamente en la cordillera; en la cumbrera poner los documentos, tres barbijos más alcohol en gel y encendedor”, recuerda Roberto y agrega que hay que llevar varios de ellos y distribuirlos incluso en los bolsillos por fuera de la mochila. “Agreguen a su bolso un anotador y una lapicera; a veces necesitamos dejar notas cuando la batería de nuestro celu se termina”, finaliza el montañista de “Mirá cómo lo hago”.

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