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La Mañana fuga

Sastre: el loco de las fugas y los grandes golpes

Robó en bancos, empresas, joyerías y casas. Sus caídas y condenas solo sirvieron para sacar chapa de pesado y escapista. El Loco está en el penal de Chimbas aguardando por su libertad.

Omar Antonio “el Loco” Sastre es de profesión ladrón y escapista. Nacido y criado en Neuquén, en el ambiente delictivo se lo considera un pesado. No se acerca al calibre del Gordo Valor, la Garza Sosa o el hombre del traje gris, Mario Vitette Sellanes, pero logró trascender en otras provincias con sus andanzas criminales, persecuciones dignas de una buena película de acción y fugas que se transformaron en un clásico.

Sastre arrancó con su actividad delictiva en la adolescencia en el Bouquet Roldán, pero pasados los 18 años comenzó a escribir cada una de las fojas de su prontuario con distintos golpes que concretó junto con varios colegas del oeste neuquino, entre ellos el temible Cristian “Patico” Hernández.

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“Sastre de pendejo tenía buena presencia, era entrador y también atrevido. Le gustaba vivir bien, ir a comer a lugares elegantes con sus parejas de turno. Las motos le encantaban y las manejaba muy bien. Después, se pasó a los autos de alta gama”, recordó un policía retirado.

“Como ladrón no paraba. Cuanto golpe había, sospechábamos de él, nos volvía locos”, acotó el veterano, que a mediados de los 90 comenzó a seguir las andanzas de Sastre.

“Eran otros tiempos, los policías que hacían calle o estaban en investigaciones tenían en su memoria grabado el mapa del delito y sus integrantes. Cuando había un robo, vos por la modalidad ya sabías más o menos quiénes podían ser”, agregó el viejo sabueso.

Como casi siempre pasa, no se sabe si el sobrenombre de “Loco” ya lo traía de arrastre del mundillo criminal o si se lo puso la Policía. Sí, se sabe que lo de “loco” se lo ganó por su impulsividad y “porque cuando se cruzaba con un móvil policial empezaba a los cuetazos”. “Ni bien lo veíamos al Loco, teníamos que pelar el fierro”, detalló otro policía.

Por ahora continúa tras las rejas en el penal de Chimbas esperando la oportunidad de volver a la calle.

Cuidado con el perro

Cuentan que cuando el Loco narra sus andanzas, les pone color, les mete acción y las hace más espectaculares de lo que fueron. No le vamos a quitar mérito a su frondoso prontuario, pero al igual que la mayoría de los delincuentes, cayeron. Y Sastre, por más peligroso, audaz y veloz que haya sido, también estuvo tras las rejas, donde alguna vez también le tocó cebar mate.

Desde pibe, Sastre ya venía metiendo caño y aprendió, rápidamente, que el mejor vehículo para escapar de cualquier escena del crimen es la moto.

Hasta los policías admiraban cómo manejaba. “Era rapidísimo y le gustaba meterse a campo traviesa para escapar”, narró otro investigador.

En 1996, con 18 años, dio uno de sus primeros golpes importantes a un frigorífico de Senillosa. Luego, tuvo una seguidilla de robos a viviendas. En uno de estos hechos, terminó cayendo a fines de ese año de manera insólita.

Un perro bravo lo acorraló en la casa que estaba robando y tuvo que llegar la Policía para ayudarlo a zafar de las mandíbulas del animal.

Lo enviaron a estrenar la U11, que había sido inaugurada en 1995 y que, según el Gobierno, era la cárcel más segura de Neuquén.

La Justicia lo terminó condenando, el 5 de octubre de 1998, a 5 años y 8 meses de prisión por una colección de robos que ya tenía en su haber.

El rótulo de cárcel de máxima seguridad a Sastre le importó poco y el 2 de noviembre de 1999 concretó una de sus primeras fugas sorteando los alambrados.

Buscado y perseguido en Neuquén, se fue a guardar a San Juan, donde tuvo buena aceptación del hampa local.

Cuentan que concretó un raid delictivo en la región cuyana, Santa Fe y Entre Ríos, donde en pocos días se dieron varios golpes que tenían su sello: los delincuentes ingresaban armados, actuaban rápido y protagonizaban huidas vertiginosas.

Lo cierto es que no se los pudieron probar esos hechos. “Con la sospecha no basta. A veces esa intuición suele ser la punta del ovillo, pero hay que tirar y conseguir pruebas, si no, no tenés nada”, explicaron.

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La superbanda en San Juan

En San Juan, el Loco demostró tener estirpe de criminal. Se reencontró con un delincuente de talla, el cordobés Leonardo Acosta, que había vivido mucho tiempo en Cipolletti y contaba con vinculaciones con políticos rionegrinos y sanjuaninos.

A la dupla se sumó otro neuquino bravo, Eduardo “el Lalo” Aguilera de la Hoz, que también estaba prófugo de la Justicia neuquina tras escapar de la Comisaría 18 a principios de enero de 2000, donde permanecía detenido por el crimen de José Ibacache, chofer del Consejo Provincial de Educación (CPE), perpetrado a fines de 1998.

El reencuentro de los tres incluyó un festejo grandilocuente, pero también un plan. El cordobés tiró sobre la mesa el dato para reventar una sucursal bancaria.

Tanto el Loco como el Lalo llevaban días siendo buscados en todo el país, pero aceptaron el desafío y pusieron manos a la obra.

Sabían que el cordobés había trabajado en un banco y conocía muy bien los movimientos de manejo de dinero, tenían un buen dato y eso jugaba a su favor.

Por aquellos años, los atracos a entidades bancarias se hacían sentir en el país. El golpe no solo se trataba de guita, sino también de chapa, y los tres eran ambiciosos en todo sentido.

Reclutaron mano de obra local y tras un pormenorizado trabajo de inteligencia, el 10 de enero del 2000 a las 8 irrumpieron en la sucursal del Banco Provincia de San Juan, ubicada en Alto del Bono Shopping.

La Policía sanjuanina confió que los delincuentes se dieron a la fuga en dos vehículos, un Fiat 128 y un Peugeot 504 con un botín que rondaba los 2,5 millones pesos, que en dólares representaba la misma cantidad porque estaba vigente el “uno a uno”.

A la superbanda todo le había salido bien, pero una de las fases del plan desmoronó todo como un castillo de naipes.

Una mujer se presentó ese mediodía en una comisaría de San Juan mientras toda la Policía trataba de dar con los atracadores.

El oficial de servicio que le tomó la denuncia prestó atención a un dato que lo obligó a dejar de teclear y levantar la vista. La miró fijo y le dijo que lo esperara un rato.

De inmediato, dio aviso a sus superiores de que estaban denunciando el robo de un Fiat 128, el mismo que habían utilizado para robar el banco.

En cuestión de minutos la trasladaron a una oficina y un par de investigadores empezaron a darle charla. La mujer se puso nerviosa, se extravió, se contradijo y finalmente terminó reconociendo que les había prestado el auto a los delincuentes por 1000 pesos.

La denuncia del robo del auto era parte del plan para que la mujer, novia del cordobés Acosta, quedara limpia.

Lo cierto es que la chica reveló todo y, en cuestión de horas, el Cordobés y el Loco cayeron. El Lalo logró escapar, pero en los primeros días de febrero fue atrapado en Paraná.

Fuga en la puerta de tribunales

Tras la dura entrega, por la cual no pudo disfrutar de la fortuna que habían robado del banco, el Loco terminó en el penal de Chimbas, en San Juan.

Por las causas pendientes, fue trasladado a Neuquén para afrontar un juicio, mientras avanzaba en los tribunales sanjuaninos el robo al banco.

Sastre ya le había avisado a su amigo el Patico Hernández que viajaba a Neuquén y juntos elaboraron un plan de fuga tan sencillo y absurdo que cualquiera les hubiese advertido que no funcionaría. Pero en Neuquén, todo es posible.

El 29 de julio de 2000, tras llegar el Loco a la sede judicial de Irigoyen 150 de Neuquén, en un móvil de traslado y con guardia extra, el plan se materializó.

Cuando lo bajaron del vehículo, Sastre, esposado, le dio un empujón a uno de los penitenciarios que trastabilló y, una vez que le quitó las manos de encima, el Loco corrió con las manos en la espalda unos cien metros hasta la esquina en la que lo esperaba el Patico en un Fiat Uno y huyeron de pleno centro neuquino a toda velocidad.

La fuga de la puerta de los viejos tribunales todavía la recuerdan algunos y cuentan que a partir de ahí se incrementó la vigilancia en los traslados.

Para Sastre, la fuga se no solo agrandó su nombre y su imagen de delincuente jugado, sino que le sumó un par de fojas más a su prontuario.

El robo y caída de su amigo

La jueza sanjuanina que tenía la causa del robo al banco no podía creer la inoperancia de la Policía neuquina y les metía presión para que lo atraparan. Incluso hubo comunicaciones entre funcionarios de ambas provincias.

Sastre y el Patico se guardaron un par de días, creen que en el oeste neuquino, pero la vida del prófugo es complicada porque se necesita de efectivo para todo. Fue ahí que les batieron el dato para un robo sencillo y rápido que se terminó transformando en la última aventura criminal de Hernández.

El objetivo era la sede de Camuzzi de Plottier, ubicada en calle Belgrano a unas pocas cuadras de la Comisaría séptima.

El 11 de agosto del 2000, a bordo de una Honda XR 650 fueron a las 13 a dar el golpe. Para ellos era un trámite, pero se complicó.

El Loco rompió con una mano el vidrio de la sede, que ya había cerrado la atención al público, y tras darle un culatazo en la cabeza a un empleado, se alzaron con unos 1000 pesos entre billetes y monedas.

Luego emprendieron la fuga en la moto, que obviamente manejaba el hábil Omar Sastre.

El rápido aviso a la Policía, que irradió las características de los delincuentes, sirvió para que un efectivo que se encargaba de cuidar la salida de los chicos de la escuela del barrio Unión intentara seguirlo en su moto, pero al ser de menor cilindrada los perdió. De inmediato, contó por radio hacia dónde se dirigían por la zona de chacras de Plottier.

Un móvil no identificable de Investigaciones, los vio pasar y comenzó a seguirlos. Intercambiaron tiros y los policías solicitaron apoyo y coordinaron acciones con móviles de las comisarías 16 y 18.

En el barrio San Lorenzo, a solo tres cuadras de la casa del Patico, Sastre cortó camino a campo traviesa por el medio de una chacra. La irregularidad del terreno y los golpes contra las acequias de riego le hicieron perder el control de la moto y terminaron cayendo.

Nunca pensaron en entregarse. De hecho, recuerdan que el Patico, al verse rodeado, empuñó dos armas y quiso cargar contra los policías, pero cuando lo vieron venir lo ejecutaron de un tiro en la cabeza.

El Loco luchó, forcejeó y terminó con la cabeza sobre la tierra viendo cómo su amigo moría desangrado.

Sastre fue derivado al hospital, donde se comprobó que tenía lesiones propias del forcejeo, nada grave, y lo metieron en la U11.

Otra vez se fuga de la U11

Mientras esperaba el juicio por el robo del banco en San Juan y de Camuzzi en Plottier, la Justicia aprovechó para avanzar con otras causas pendientes que tenía el Loco y el 31 de agosto le sumaron una condena que le incrementó los años que debía pasar en prisión a seis.

Sastre sabía que la vida tras las rejas es monótona más allá de quién ceba mate. Prefería ser prófugo y traspirar adrenalina todo el día que estar pasivo y contando anécdotas en un pabellón.

Es así que el 25 de diciembre de 2000 logró fugarse nuevamente de la U11. La Justicia sanjuanina llegó a sospechar de la complicidad de policías neuquinos.

Durante un mes permaneció prófugo de mala manera en Buenos Aires, donde terminaría cayendo el 27 de enero de 2001.

A fines de ese año lo juzgaron en San Juan por el robo al banco y le dieron 10 años de prisión.

La suerte le era esquiva por esos años al Loco, pero tuvo un presentimiento de que iba a mejorar y así fue.

El 28 de agosto de 2002, después de las audiencias de juicio por el robo a Camuzzi, Sastre festejó pese a que lo declararon culpable y le dieron cuatro años de prisión.

Celebró porque tenía todo en su contra y aun así consiguió una pena mínima. Los testigos lo habían visto salir de Camuzzi empuñando una 22 y aportaron una descripción sumamente completa de sus características físicas y su forma de vestir. Al momento de la detención, todo coincidía; incluso, tenía en su poder 800 pesos entre billetes y monedas. El Loco dijo que se lo había prestado un amigo en Plottier y que por eso andaba con plata y lo vieron pasar por la localidad.

Su defensor, Jorge Larrea, utilizó todas sus artes y convenció a la Cámara Criminal Segunda para que le dictaran una pena de solo cuatro años por robo simple y no como pedía la fiscalía, doce años por robo agravado.

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Traslado, fuga y persecuciones

El Loco pasó una temporada en el penal de Chimba, en San Juan. Eso le acarreó muchas complicaciones a su familia y su pareja para visitarlo.

Ante este escenario adverso, Sastre decidió aguantar a la sombra de los barrotes e hizo buena conducta con el fin de lograr que le dieran el traslado a Neuquén.

En esta ocasión, otra jueza sanjuanina le autorizó el traslado a la U11 a comienzos de 2011 para que pudiera estar más cerca de su familia.

La ley 24660 prevé la restauración de vínculos a lo largo de la condena con la finalidad de que la persona privada de la libertad pueda reestablecer los lazos con el exterior previo a su salida.

También es cierto que la 24660 casi no se cumple y nadie se ocupa de ello.

Pero Sastre, a quien le gustaba vivir como forajido, solo utilizaba la ley para sacar ventaja cuando lo necesitaba.

En julio de ese mismo año, Sastre recibió el beneficio de las salidas transitorias y una vez que pisó la calle, ya no volvió tras las rejas.

A las 24 horas ya se había dictado la captura nacional.

Cuentan que cuando recibió este beneficio, los penitenciarios apostaban si volvía o no de la salida. Los que se la jugaron por la fuga fueron por una fija y ganaron.

Sastre se quedó rondando en la región porque tenía buena cobertura de amigos y familiares, además de varios lugares para pasar la noche.

De a poco se relajó, como les pasa a todos que los que andan con la suerte echada, y alquiló un departamento en pleno centro neuquino, en San Juan y Entre Ríos, a un par de cuadras del cementerio central.

En abril de 2012, Sastre salió del edificio y se vio rodeado de policías, por lo que se subió a su Audi A3 -atrás había quedado el gusto por las motos, ahora prefería los autos de alta gama, y además las motos cargaban con el fantasma del Patico-, aceleró e intercambió tiros con los efectivos. Por celular, el fugitivo pidió apoyo a los suyos, mientras los policías hacían lo mismo por radio.

Pese a que le reventaron dos neumáticos, el Loco logró llegar hasta el punto de reunión, La Rioja y Belgrano, sí, en Casa de Gobierno.

Allí dejó tirado su Audi azul y se subió a un Renault que lo sacó del lugar de inmediato.

La amargura de la Policía de investigaciones se hizo sentir. Lo habían tenido a nada y ahora había que arrancar de cero porque sabían que se iba a guardar por unos meses y cambiaría el celular junto con todo su entorno, por lo que si tenían teléfonos pinchados ya no servían.

Cuatro meses después, el 28 de agosto, nuevamente protagonizó una persecución de película.

Esta vez fue en el barrio Gregorio Álvarez y su acompañante era Roberto Wenzel, otro pesado neuquino que se había fugado hacía un mes de la U11 junto con otros cinco presos.

Al parecer, a Sastre lo traicionaron. Al departamento de Delitos de la Policía le pasaron el dato de que el Loco se andaba moviendo en una Chevrolet Meriva y, para más exactitud, le dijeron que esa noche estaría en el Gregorio Álvarez, donde tenía familiares.

Cubrieron el barrio y cuando apareció el Loco manejando, una patrulla se le puso a la par y le hizo señas para que estacionara.

Sastre miró al policía, puteó, luego le sonrió y comenzó a darle golpes laterales al móvil para iniciar la huida.

La fuga fue un clásico, tiros a alta velocidad que podrían haber derivado en la muerte de un inocente, pero poco le importaba la suerte de los demás al Loco.

En la esquina de El Radal y calle 19, del Gregorio Álvarez, Sastre clavó los frenos de la Meriva y le dijo a Wenzel: “Bajate y seguime”.

Entraron corriendo a la casa de unos familiares de Sastre que utilizaron de atajo para terminar desapareciendo de la vista de los policías saltando medianeras. La tenía muy clara.

Todos los familiares terminaron en la Comisaría 21, pero tras notificarlos los tuvieron que dejar en libertad.

Temporada de joyerías

Esa noche, a Sastre le quedó claro que no podía seguir en Neuquén. Dos veces la vio pasar cerca y no quería arriesgarse a una tercera.

Tiró unas líneas con viejos amigos del hampa y se fue a Bahía Blanca, donde vio la luz la Banda de la Costa, que durante un par de meses acechó a las joyerías.

El puntapié inicial lo dieron el 2 de septiembre de 2012 en el asalto a la joyería Debernardi en Bahía Blanca. Luego subieron y dieron distintos golpes desde Tres Arroyos hasta Mar del Plata. Fue justamente en La Feliz donde Sastre tendría un amargo final.

El 8 de octubre de 2012, la banda hizo un boquete en la joyería Schifini que se encontraba en un centro comercial, sobre calle Güemes al 2700, rodeado de casas de bacanes. Se decía que las residencias vecinas al centro comercial eran de grandes personajes de la política y el espectáculo. Lo cierto es que a Sastre poco le importó y actuaron. La impulsividad siempre le juega en contra al delincuente.

La Policía de Mar del Plata recibió un llamado y justo los engancharon cuando escapaban, por lo que no llegaron muy lejos. Sastre terminó en el penal de Batán, donde permaneció trece meses codeándose con delincuentes que ya habían escuchado hablar de él. Allí, el Loco sintió que como delincuente ya tenía chapa.

Como seguía dependiendo de una jueza sanjuanina, el 13 de septiembre de 2013, una comisión de efectivos cuyanos partió a buscarlo al penal de Batán.

El 14, a las 15, en medio de un megaoperativo arribó el Loco al penal de Chimbas. El delincuente llegó custodiado por el

Grupo GE­RAS, efectivos de Robos y Hurtos y de la Brigada de Investigaciones.

Se vuelve a fugar de la U11

Respetando la letra de la ley, nuevamente la Justicia sanjuanina le otorgó el traslado a la cárcel neuquina de donde se había fugado siempre.

Dicen que en San Juan los penitenciarios no querían milonga con Sastre porque les ponía la cárcel a punto de ignición. Es por eso que hasta los directores del penal les sugerían a los jueces que mandaran al muchacho a Neuquén. “Sacarse el quilombo de encima”, aclaró en términos coloquiales una fuente consultada.

Así, el Loco volvió a su cárcel predilecta, la U11.

Estaba vez, anduvo tranquilo un tiempo, aguardando la posibilidad para pedir el beneficio de las salidas transitorias.

Una jueza sanjuanina arribó a Neuquén en febrero de 2017 para ver a Sastre. Revisó los informes de conducta y concepto que estaban bien, el tiempo de condena necesario estaba cumplido y la pareja del Loco aceptó ser garante de que cumpliría con las pautas de conducta y volvería al penal. Fue así que le otorgaron una salida por mes de 12 horas.

La primera salida se concretó el 12 de marzo de 2017. Sastre salió y desde la noche anterior en el penal los penitenciarios levantaron apuestas. ¿Adivinen cuál era la fija? Tal cual, Sastre salió y no volvió.

El muy tierno hasta le escribió en Facebook una frase de amor a su pareja, la garante: “Te amo. Eternamente juntos”.

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En marzo de 2017, Sastre se fugó tras una salida transitoria. A la novia le escribió un mensaje en Facebook.

En marzo de 2017, Sastre se fugó tras una salida transitoria. A la novia le escribió un mensaje en Facebook.

Entradera y adentro

El Loco volvió a Bahía Blanca, donde le hicieron el aguante, pero en el mundillo criminal no se puede pasar mucho tiempo “sin trabajar” porque se necesita un colchoncito de dinero para solventar cualquier eventualidad y porque nadie vive de arriba ni por más chapa que tenga.

El 7 de junio de ese año, Sastre y el mendocino Gastón Crespillo protagonizaron una violenta entradera en la casa de un hombre de 65 años que padecía párkinson.

Lo golpearon, lo maniataron y se llevaron dólares, joyas y el auto, un Honda Fit al que los delincuentes le cambiaron la patente con otro auto del mismo modelo.

No obstante, la policía bonaerense los atrapó al día siguiente tras una ardua persecución que incluyó lo de siempre: velocidad, choques y tiros.

Por este hecho, en Bahía la Justicia le dictó una pena de 8 años y lo declaró reincidente. La condena quedó unificada en 20 años, pero ya desde 1996 venía pagando, en cuotas, su pena.

Aguarda por la condicional

Pese a que fuentes oficiales confiaron que el pasado 5 de mayo le habían dado la libertad condicional, la familia de Sastre confirmó que continúa tras las rejas en el penal de Chimbas, en San Juan.

Sastre ha solicitado un par de veces el traslado a la U11, pero la justicia sanjuanina se lo ha denegado debido a sus reiteradas fugas que concretó en Neuquén.

Por ahora, estaría tras las rejas esperando haciendo buena letra y esperando cumplir con los tiempos que estipula la ley para poder recuperar la libertad y volver a Neuquén donde está su familia.

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