Ella más mandada, él más cauto y "pesimista". Juntos fueron por su proyecto más allá de los temores y los escenarios catastróficos que se auguran en un país en pleno proceso inflacionario, complementándose con sus diferencias. Todo por el sueño de emprender y el de ampliar la carta vegana de la región, a partir de una propuesta gastronómica novedosa que no excluya los paladares con otros gustos y filosofías.
Aunque ambos tienen otras fuentes de sustento, Estefanía Rosenfeld y Martín Romero decidieron ir por más y, tras meses de esfuerzos y planificación, el pasado 26 de marzo lanzaron Cajú, una cafetería ubicada en España 420 -en pleno centro de Cipolletti-, que busca ofrecer un escenario ameno para desayunos, meriendas y cenas con opciones "para todos los gustos" que no suelen encontrarse fácilmente en el universo gastronómico del Alto Valle.
Los dos tenemos nuestros negocios aparte (yo hace siete años tengo un comercio que vende insumos para la elaboración de cerveza a varias fábricas de la zona y ella trabaja en una distribuidora de alimentos), pero tenemos un espíritu emprendedor y en una charla surgió la idea de ponernos un carro de cerveza. Sin embargo, de un día para el otro pasamos a una cafetería", comenzó contando Martín a lo que su compañera sumó con la picardía de haber ganado una pulseada: "Yo soy re contra cafetera, Martín quería un bar".
Con la idea de trazar una huella distintiva y darle una solución a una situación que enfrentaba con frecuencia en su cotidianidad, la pareja buscó introducir "un concepto nuevo para Cipolletti" que entrelace la cultura veggie con la tradicional sin que prevalezca uno sobre otro.
"Cada vez que quería juntarme con unos amigos veganos era complicado porque no encontrábamos lugares que tengan desarrollado una buena parte vegana y de 'clásicos', por así decirlo. Entonces pensamos en hacer una propuesta que contemple a ambas partes, pero no con dos o tres opciones y una ensalada como en la mayoría de los lugares, sino de manera contundente y con opciones novedosas", remarcó Estefanía antes de que su socio comience a repasar algunas variedades de paninis, waffles y bruquetas que preparan con ingredientes poco habituales para acompañar con infusiones, licuados, jugos y cafés con leche de almendras, de coco o avellanas, "bien diferentes a lo tradicional".
"El menú vegano lo diseño un chef que se llama Martín Dietrich. Hay un waffle que se llama 'Valletano' que tiene miel, manzana, peras, nueces. También tenemos la 'Bomba roja' para los chicos con frutillas, mantequilla de maní, menta, dulce de frutos rojos. En brusquetas, ofrecemos con tomates, peras, una salsa de mar que está muy buena con pasta de cajú, con mayonesa de nuez o de zanahoria, que no se suelen encontrar", subrayó el joven empredendor de 30 años.
"La carta tradicional la armó otro chef que se llama Félix Aguilera que es profe de la Facultad de Ingeniería y Alimentos de la Universidad Nacional del Comahue en Villa Regina. Además de una buena parte salada para brunch y almuerzo, contamos con una buena pastelería", dijo Estenafanía, antes de mencionar el "Panini del Monte" y el de "Entre cerros", como los más solicitados.
"El primero tiene mayonesa verde con espinaca, jamón crudo, mozzarella, panceta ahumada y hojas verdes y el de 'Entre cerros', tiene mayonesa, bondiola, queso tybo, tomate y rúcula. Eso sale un montonazo. En cuanto a lo vegano, lo que más piden es una brusqueta con tomate confitado, mayonesa de nuez, berenjena, cebolla caramelizada y albahaca", precisó.
Ante la pregunta de si los platos veganos son más caros que los tradicionales, Estefanía expresó: "No, en nuestro caso quisimos que sea equitativo. Por ejemplo, una brusqueta clásica está 480 pesos y la vegana 520, no hay mucha diferencia".
Los dueños de Cajú destacaron además el trabajo que hicieron para diseñar el espacio. "Nosotros ambientamos un espacio para que vengan, compartan o trabajen, más que nada por la mañana. Afuera organizamos un deck divino para que puedan disfrutar el aire fresco y a resguardo de la calle. Queríamos algo renovador", contó ella, mientras él resaltó: "Incorporamos una ventana que da al deck que es muy particular y que se convirtió en una marca registrada".
Emprender más allá de la crisis económica
Entusiastas y completamente comprometidos y enamorados de su cafetería, Estefanía y Martín aseguran que aunque emprender no sea fácil siempre es bueno animarse porque con esfuerzo y trabajo, los resultados son más que gratificantes. Incluso en medio de una situación económica difícil por la escalada inflacionaria que vive la Argentina.
"Para mi era súper arriesgado hacer esto porque sabíamos que el panorama podía empeorar. En esos cinco meses donde nos pusimos en marcha todo aumentaba, no había stock. Nos costó mucho, pero estábamos convencidísimos de que la propuesta iba a funcionar una vez que arranque. Eso fue lo que nos motivó seguir", planteó él, mientras su compañera hacía hincapié en las miradas diferentes y complementarias que tienen.
"Yo soy más optimista y él más pesimista. Me remarcaba siempre la cuestión económica, fue algo que nos planteamos, pero yo amo emprender, correr riesgos. Imaginate que por este proyecto hasta vendí mi auto porque me apasiona", contó ella entre risas. "Y yo me endeudé con el banco. Así que lo dimos todo", remató él con humor.
"El día de la inauguración fue el más caótico de mi vida porque no sabía qué iba a pasar. Pero después fue un gran alivio, las proyecciones se están cumpliendo, Nico Visne hizo una buena crítica gastronómica que nos dio mucho impulso. La verdad es que eso no lo esperábamos, porque no nos conocíamos personalmente", añadió.
"La incertidumbre siempre está y todos los meses hay que cumplir con los compromisos, así que si es complicado. Pero cuando hacés algo que te apasiona tenés un incentivo y una energía adicional para hacer todo", dijeron a dúo.
"A mi me encanta hacer cosas nuevas. Ahora estoy entretenida ampliando la carta para el almuerzo", manifestó la dueña de Cajú. "A me gusta mucho la parte de ventas, el contacto con el cliente, charlar, ver que se sienta cómodo, escuchar que el café le gustó o que la carta le pareció muy interesante y que quiere volver para probar todas las opciones. Eso es lo que más disfruto de Cajú", dijo por su parte Martín.
"Desde que inauguramos tenemos re buenos comentarios de la gente. El público es muy variado: vienen abuelos, jóvenes, familias. Al principio nos pensamos para un público entre 30 y 45 años, que trabaja y estudia, pero luego se amplió. Por la tarde se re llenan, así que estamos felices. Empezamos hace tres semanas y por suerte tuvimos mucha repercusión. Nos dicen que le parece hermoso el lugar y rica la comida. ", manifestó con gratitud Estefanía.
Mientras consolidan su auspicioso arranque, la inquieta dupla ya está pensando en ampliar la carta para extender su horario a la cena con picadas y opciones afines a una propuesta de cerveza artesanal y cumplir así el sueño de Martín, fanático de ese rubro.
"Yo además quiero sumar juegos para quienes vienen con niños para que no se aburran. Queremos estar en todos los detalles para que la gente que venga se sienta cómoda y la pase bien", acotó Estefanía, antes de agregar que también están pensando en vender algunas de las preparaciones que utilizan en sus recetas para que sus clientes puedan hacer sus propias creaciones culinarias. "Nuestro proyecto es armar un espacio donde puedan ir a comprar nuestra mayonesa de nuez, de zanahoria, humus que son de elaboración propia", anticipó la emprendedora de 31 años.
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