Se las rebusca con los alfajores y tiene un 10 en honestidad

Llega con lo justo a fin de mes, encontró una cartera y buscó a la dueña para devolvérsela.

Sofía sandoval

ssandoval@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN

Diego y Daniela tomaron un colectivo en San Martín de los Andes como dos perfectos extraños, sin saber que al día siguiente forjarían una amistad indisoluble sellada por la solidaridad. En un descuido, ella dejó su cartera en el asiento y él rastreó a la chica para poder devolvérsela intacta.

Daniela Huenupi dice que no se acordaba de su cara. Cuando él subió al colectivo, ella ya estaba dormida con la cabeza hacia la ventanilla y recién cuando arribaron a Cutral Co, la parada de ella, intercambiaron unas escasas palabras porque él la dejó pasar hacia el pasillo y la ayudó a sacar su bolso del portaequipajes.

“Cuando me llamó no lo podía creer, había llamado a la empresa pero ya la creía perdida. Estas cosas te demuestran que todavía queda gente honesta”. Daniela Huenupi

Sorpresa

Aún no amanecía y Diego volvió a derrumbarse en la butaca, pensando en olvidarse de Daniela para siempre. Sólo después, cuando las luces del colectivo lo despertaron en Neuquén, el joven reparó en la cartera de la chica olvidada sobre el asiento.

“Mi primera reacción fue entregarla en la ventanilla de la empresa, pero yo soy muy desconfiado”, contó Diego Pereyra, ataviado con el ambo verde claro que usa para su labor en maestranza en el BPN de Alta Barda. Por eso, se llevó la cartera a su casa y decidió investigar por su cuenta la forma de devolverla sana y salva.

En el bolso Daniela guardaba todo: los documentos, la matrícula de radióloga que le permite trabajar y los 1500 pesos que sobraban de su sueldo y que iba a destinar a la construcción de su casa en Cutral Co.

A Diego no le sobra la plata. Su salario del banco le permite afrontar el alquiler que paga su esposa en San Martín de los Andes, pero debe vender alfajores y rosquitas que él mismo prepara para poder pagar los pasajes de colectivo, que lo dejan abrazar a su hijo Axel, de casi 2 años, cada quince días.

“Hice lo que sentí. Aunque necesito la plata, nunca se me ocurrió quedarme con algo que no era mío, y a partir de que la devolví mantuvimos el contacto”. Diego Pereyra

Aunque ese dinero podría afrontar un nuevo viaje a San Martín, a Diego nunca se le cruzó por la cabeza quedarse con la plata. Por eso, revisó los documentos y papeles de la cartera hasta dar con una factura de telefonía celular que le permitió contactarse con la mamá de Daniela.

“Yo no podía viajar porque estaba de guardia, pero mi madrina lo fue a buscar y él le contó toda su historia”, explicó la chica, que vive en Cutral Co con su pareja y su perro Capitán, un pitbull al que quiere como a un hijo.

Diego y Daniela intercambiaron mensajes y fotos de sus respectivas familias. Así, se conocieron por primera vez después de haber recorrido cientos de kilómetros sin siquiera mirarse y comenzaron a forjar una amistad que surgió de un gesto noble. En el medio hubo muchos agradecimientos y una recompensa que él aceptó a regañadientes. “Yo no esperaba nada, sólo hice lo que sentía que estaba bien”, reconoció.

ACCIÓN

Una recompensa por el buen gesto

Cuando Diego Pereyra se contactó con el número telefónico que aparecía en la factura, pudo hablar con la mamá de Daniela. Por los documentos, él sabía a quién estaba buscando y le planteó a la mujer la situación.

“Lo primero que me preguntó era si quería alguna recompensa, pero yo no quería nada, simplemente devolver el bolso tal como lo había encontrado”, señaló Diego, quien admitió que recibió un gesto de gratitud por parte de la joven.

“Mi madrina fue a buscar el bolso y yo le pedí que le diera una recompensa; él no la aceptó, pero yo lo llamé y le dije que si no la aceptaba yo me iba a enojar”, señaló Daniela.

Finalmente, Diego aceptó la recompensa por su buena acción y ganó también la posibilidad de conocer la historia y a la familia de la chica, que compartieron el mismo agradecimiento.

Parte del dinero recibido servirá para financiar los gastos de viaje del joven, que trabaja en Neuquén pero tiene a su esposa, su hijo y las dos hijas de su pareja en San Martín de los Andes, a donde viaja regularmente.

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