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La Mañana Centenario

Se le cumplió un milagro y les da de comer a 150 chicos

Isabel Morales tiene un comedor en Centenario. Le pidió a la Virgen de Urkupiña que cure a sus hijos.

Adriano Calalesina

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NEUQUÉN

Isabel Morales no descansa. Para los chicos, es una mujer inmortal. A tal punto que no recuerda cuándo se tomó vacaciones por última vez.

La mujer vive en una casa que desde hace años acondicionó para hacer un comedor, donde hoy almuerzan 150 chicos por día en el barrio Eluney de Centenario.

Pero un día, Isabel, más conocida como “la tía” se cansó. Su vida tampoco era fácil. Dos de sus hijos se enfermaron y tuvo que decidir entre darles de comer a los chicos de los barrios o juntar el dinero para operar a uno de sus hijos por una enfermedad cardíaca.

Fue ahí que decidió pedir, sin esperar mucho. No sólo a sus amigos y conocidos, sino a la Virgen de Urkupiña, una imagen religiosa que viene de Cochabamba, Bolivia, y que les alumbra el difícil camino a los inmigrantes bolivianos.

“Iba a cerrar porque ya no sabía de dónde sacar para darles la comida a los chicos. Se me habían enfermado dos de mis hijos y no tenía ganas de seguir”, recuerda Isabel ante LM Neuquén.

Necesitaba 165 mil pesos hace unos cuatro años para operar a uno de sus hijos de ventrículo izquierdo. Al otro se le había despertado la celiaquía y se le formaban bolsas en el cuerpo. Pero mientras Isabel luchaba contra la enfermedad de sus hijos e intentaba conseguir la plata para la intervención quirúrgica, también tenía que continuar su tarea con los pibes de los barrios más humildes.

“Pedí que me ayudaran porque ya no podía más. Así que cuando le fueron a hacer la ecografía a mi hijo me dijeron que ya estaba curado, que no lo podían creer”, dice la mujer, quien casi no se inmuta ante una historia que ya conocen muchos en el comedor.

Fue así que Isabel decidió seguir con la apuesta del comedor, donde cada vez más niños se suman a la mesa del almuerzo. Se lo prometió a la virgen, pero también a ella misma.

El comedor Tía Isabel es, a la vez, un refugio de situaciones complejas en la ciudad. La mujer trabaja desde 1991 al lado de los chicos. En su momento, fue recordada como la mujer que organizaba campeonatos de fútbol y podía llevar a los chicos de vacaciones para conocer otros lugares. Pero con los años, su casa se convirtió en un comedor donde no se descansa en todo el día.

“Esto lo mantenemos entre toda la familia y la gente que ayuda. Parte de los sueldos de mi hija y de mi marido van a parar acá. Estamos comprometidos con esto”, dice.

Dentro de la casa de Isabel, todos cumplen un rol, desde lavar la verdura, limpiar y pelar papas hasta recibir y acomodar las donaciones de la gente.

Por el comedor han pasado generaciones de chicos que hoy miran a Isabel con cariño ya que, de alguna manera, ha sido como una madre del corazón. “Lo mejor que te pueda pasar es ver a chicos que alguna vez pasaron por acá, que ya están grandes, que tienen trabajo y que quieren ayudarme”, dice Isabel.

Pero en el comedor no todo es felicidad. Hay momentos duros y complejos porque en muchos casos debe intervenir el Centro Ayutun, que trata y previene distintos tipos de violencia familiar.

“Acá hay disciplina, hay horarios, yo les exijo que vayan a la escuela y que hagan tareas. Es un orgullo para mí que me digan que soy como una madre”, expresa.

Isabel no quiere decir su edad. Necesita sentirse fuerte para sus chicos, que suelen taparla cada vez que se duerme en un sillón, donde sueña con un mundo más feliz.

Mucha gente se une a lo solidario

El comedor Tía Isabel funciona hace años en Centenario. Está ubicado en la calle Nicolás Guillén y Estados Unidos del barrio Eluney. Funciona a través de donaciones de comerciantes, particulares, el Centro Ayutun, vecinos y de la voluntad de mucha gente comprometida. Cada vez más chicos concurren al lugar en busca no sólo del almuerzo, sino también de contención, ayuda escolar y refugio.

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