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La Mañana Columna de Opinión

Segregación: barrios y agua

El mercado inmobiliario pone reglas, y en Centenario le han torcido el brazo al Estado: lotes sin servicios tras años.

El concepto de segregación ha sido ampliamente difundido durante la campaña política de Neuquén capital, donde un sector del “peronismo académico” lo usó para señalar algo que sucede con el mercado: la tierra es cada vez más costosa en los centros urbanos y la periferia queda segregada. Pero el foco de la problemática no está solamente en la capital neuquina, donde el intendente Mariano Gaido ha dado algún tipo de señal positiva a esos actores, por ejemplo con la revisión de las tierras de Rincón Club de Campo. El drama es en toda la Confluencia, y Centenario es un ejemplo de ello. Desde 2012 a la actualidad, el mercado inmobiliario ha acaparado costosas tierras en zona rural, como parte de lo que se denomina “desarrollo”. Sin embargo, muchos de esos lotes que se venden en dólares no cuentan hoy con un servicio de cloacas. Además, la saturación de lotes y conexiones ha llevado a que la presión de agua sea nula en algunos sectores que hoy reclaman tener agua. En definitiva, pagan sus impuestos. La avalancha de desórdenes que generó el boom inmobiliario (excepciones a medidas de lotes más chicos y distorsión en las reservas fiscales y espacios verdes a favor de poner más terrenos a la venta) ha llevado a que el Estado municipal sea el socio mayoritario de un esquema que a la larga trae problemas de convivencia. Uno de ellos es la segregación y desigualdad creciente que se puede ver a simple vista en Centenario, donde pocos tienen 50 mil dólares para pagar un lote en un sector acomodado, mientras que otros luchan por el acceso a la tierra en medio de las tomas y terrenos con pocos servicios en la árida meseta. Un modelo para que la academia pueda replantearse, como marco teórico para las elecciones.