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Señalizaron el primer sitio de memoria en el norte neuquino

En 1977, el Escuadrón 30 de Gendarmería Nacional funcionó como centro de detención ilegal. Allí fue torturado Felipe Lara, actualmente desaparecido.

El Escuadrón 30 de Gendarmería Nacional emplazado en la localidad de Chos Malal se convirtió en el primer sitio de memoria en el norte neuquino. El lunes 13 de junio se realizó la señalización del lugar como centro de detención clandestino que funcionó durante la última dictadura militar. El acto estuvo a cargo de representantes de la Secretaría de Derechos Humanos, a través de la Dirección Nacional de Sitios y Espacios de Memoria, junto con la Subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia de Neuquén y el Municipio de Chos Malal.

Según testimonios obrantes en el Archivo Nacional de la Memoria y en causas judiciales, en el Escuadrón de Chos Malal permanecieron secuestradas y fueron torturadas personas perseguidas por su militancia política, social y sindical. El Escuadrón dependía del Comando del V Cuerpo del Ejército con sede en Bahía Blanca e integraba la subzona militar 52 que coordinó la represión ilegal en las provincias de Neuquén y Río Negro.

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Felipe Evangelio Lara fue secuestrado el 26 de diciembre de 1977 en el sector de caballerizas y llevado al mencionado Escuadrón donde fue torturado. Al otro día, de madrugada, fue trasladado a Neuquén, donde nunca más se supo de él.

Lara había nacido el 2 de octubre de 1950 en Los Menucos (Villa del Curileuvú) , era el menor de los varones de trece hermanos. Estaba casado con Margarita Gómez, con quien tuvo dos hijos, Horacio y Carina. Por cuestiones de trabajo alternaba su estadía entre Neuquén y Chos Malal.

Su militancia social la llevaba a cabo en algunos barrios de la ciudad de Neuquén como Sapere, Villa María y Bouquet Roldán, según señaló el historiador Carlos Lator. Sus familiares no le conocían militancia política o social pero sabían que era perseguido. Por eso se ocultó hasta en puestos de veranada.

Cuando comenzó la dictadura militar, Felipe, que vivía con su mujer en Cipolletti, decidió trasladarse a Villa Manzano. Su hermana, Elda, lo notaba siempre nervioso. Felipe le confesó que lo perseguían los militares. “Nunca supimos por qué andaba escapándose. Andaba en caballos por los cerros, para que no lo agarraran”, declaró Elda.

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Recién en 2007, después de una larga investigación, la familia de Lara solicitó a la Justicia Federal de Zapala que se investigue su desaparición.

En 2019, durante el cuarto juicio por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar que se realizó en el Tribunal Oral Federal 1 de Neuquén se investigó la desaparición de Lara. En la causa uno de los veintidós imputados fue Ramón Luis Ángel Saboredo, que revestía como oficial de Inteligencia del escuadrón en el momento de los hechos.

Saboredo fue señalado por testigos, ex gendarmes, de haber estado presente en la detención y posterior traslado de Lara. Sin embargo, el ex oficial de inteligencia fue apartado del proceso judicial por cuestiones de salud. Otro de los imputados había sido el gendarme Arístides Lubrina pero quedó sobreseído tras su fallecimiento en mayo de 2011.

"El señalamiento del Escuadrón de Gendarmería como sitio de memoria es muy importante porque visibiliza aún más en una comunidad chica donde se piensa que en un pueblo como Chos Malal no pasó nada”, señaló "Fito" Lara, sobrino de Felipe, desaparecido en 1977.

Según los testimonios brindados en las audiencias del juicio por los ex gendarmes Ricardo Martínez y Manuel Aroca, Lara fue detenido en el sector de caballerizas y trasladado al escuadrón donde permaneció vendado y atado de pies y manos a una cama elástica y torturado. En la madrugada del 27 de diciembre fue sacado del escuadrón y subido en la parte de atrás de un Ford Falcon para su traslado a la Agrupación Comahue de Gendarmería en la ciudad de Neuquén. Según el expediente de la causa, Saboredo estaba presente en el traslado de Lara.

Otro ex gendarme, Nicasio Ortíz, también aseguró haber visto a Lara encadenado en el escuadrón. Contó que días previos a la detención de Lara, se desplegaron diversos operativos de búsqueda para hallarlo. Incluso, según testimonios de familiares de Lara, era buscado en los tanques de agua. “Lara fue apresado en un sector cercano a las caballerizas de la Gendarmería. Es increíble, fue Lara mismo el que cuando le dieron la voz de alto se identificó ante el guardia y le pidió que no disparara, que no lo mate”, relató Ortíz.

Agregó que “todo el escuadrón sabe que estuvo detenido en ese lugar y los jefes saben que vino una comisión de Neuquén y lo trasladó". Precisó que Lara fue trasladado por personal de Gendarmería, Policía Federal y del Ejército.

El historiador y ex intendente de Chos Malal, Carlos Lator, destacó a LMNeuquén la importancia de la señalización del Escuadrón como sitio de memoria porque “rompe el mito de que en el norte neuquino, en un pueblo chico como Chos Malal no pasó nada durante la dictadura militar”.

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Por otra parte resaltó la labor realizada por los familiares de Lara quienes presentaron la denuncia en la Justicia en 2007. “Fito, el sobrino de Felipe, y sus dos hijos, Horacio y Carina, comenzaron hace más de dos décadas a armar un rompecabezas. En principio se revinculó la familia que estaba separada porque los hijos de Felipe vivieron separados, uno con la madre biológica y otra con una tía porque así lo había decidido Felipe para protegerlos", explicó Lator.

Agregó que durante varios años Fito recopiló testimonios, entrevistó personas de la zona rural para armar la historia de su tío. "Luego con todo eso se decidió presentar la denuncia. Su labor fue clave porque transformó ese dolor que había en la familia en búsqueda, en lucha y en poder llevar este caso finalmente a la justicia”, señaló Lator.

Lator comentó que en el allanamiento que se hizo en Gendarmería durante la investigación se encontraron los libros en el que estaba asentado la detención y el traslado de Lara, "lo cual quedaron acreditados los hechos, sumado a las declaraciones de los ex gendarmes que vieron cuando Lara fue detenido y se encontraba atado a una cama elástico donde sufrió torturas”.

Cargado de dolor en busca de justicia

Cuando fue secuestrado su tío, Néstor Adolfo “Fito” Lara tenía 9 años. Dijo que temblaba “como una hoja” cuando los “hombres de verde” se presentaban en su casa para llevarse a su padre o a sus otros tíos para salir a buscar a Felipe Lara, quien permanecía escondido.

A fines de los años 80 comenzó a reconstruir aquel momento doloroso y se propuso investigar qué había pasado con su tío Felipe.

En 1989 fue con su abuela, la madre de Felipe, a hablar con la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, sobre el secuestro y desaparición de su tío.

En esos años, Fito acompañó varias veces a su abuela a la guardia de Gendarmería de Chos Malal para saber qué había pasado y dónde estaba Felipe. “Fue doloroso haber acompañado a mi abuela, verla llorar y sufrir por su hijo. Era muy fuerte el dolor que tenía”, dijo en una entrevista con este diario cuando se desarrollaron las audiencias del juicio donde se ventiló el caso de Felipe Lara.

Con el tiempo, Fito recogió diversos testimonios y recién en 2007 se presentó ante el Juzgado Federal de Neuquén, junto con Horacio -hijo de Felipe-, para denunciar la desaparición.

En relación al señalamiento del Escuadrón de Gendarmería como sitio de memoria, aseguró que “es muy importante porque visibiliza aún más en una comunidad chica donde se piensa que en un pueblo como Chos Malal no pasó nada”.

La reconstrucción de un padre

Cuando Felipe Lara desapareció sus hijos Carina, tenía 3 años y Horacio 9 meses. Horacio fue reconstruyendo la historia de su padre a través de lo que le contaron sus tíos, primos y abuelos.

Cuando declaró en abril de 2016 durante una de las audiencias del cuarto juicio por delitos de lesa humanidad realizado en Neuquén, Horacio contó ante los jueces del Tribunal que "justicia es que me digan que hicieron con mi papá". Confesó que sentía tristeza porque "tuve que esperar 41 años para verle la cara a los que buscaron y persiguieron a mi papá".

"Sé que lo que busco acá no lo voy a encontrar. No me van a decir dónde está él", afirmó mirando el lugar donde se encontraban los represores acusados en la causa. "Ese vacío en mi corazón no me lo van a quitar", sostuvo.

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Cuando su padre era perseguido por la dictadura militar, su hija Carina fue anotada con el apellido de sus tíos para resguardarla. En 2018 pudo recuperar el apellido de su padre.

Cuando su padre era perseguido por la dictadura militar, su hija Carina fue anotada con el apellido de sus tíos para resguardarla. En 2018 pudo recuperar el apellido de su padre.

Carina, la otra hija de Felipe Lara, pudo recuperar el apellido de su padre el 20 de diciembre de 2017 a través de una sentencia judicial. Es que siendo muy pequeña, su padre comenzaba a ser perseguido y su madre, Margarita Gómez, sufría constantes allanamientos en la casa. Por eso sus tíos, Elda Lara y Manuel Retamal, la anotaron como hija propia como medida de protección.

“Mis tíos me anotaron como propia para resguardarme y viví con ellos primero en Tricao Malal y cuando tenía 7 años nos trasladamos a Neuquén”, explicó hace unos años en una entrevista con LMNeuquén.

Pese a saber que lo perseguían, su padre visitaba a su hija por las noches en la casa de Elda y Manuel. “A pesar de correr el riesgo de ser atrapado, venía a visitarme siempre de noche”, recordó Carina. “De chica intuía cosas, sobre todo cuando nos visitaban familiares. Cuando me contaron la verdad, mi vida cambió totalmente. Yo podía intuir, pero cuando te lo confirman es fuerte, empezás a hilvanar un montón de cosas”, comentó.

“Me sacaron el nombre que me dieron al nacer para resguardarme, porque era la hija de Felipe Lara el perseguido; pero cuando llegué a los 20 pensé que tenía que recuperarlo", dijo Carina, en relación al momento en que se propuso recuperar el apellido de su padre.

Marcelo Medrano, quien en los juicios de lesa humanidad se desempeñó como querellante de la Secretaría de Derechos Humanos de Nación, llevó adelante el juicio por filiación que finalmente en diciembre de 2017 el juez de Familia de Neuquén, Ignacio Noacco, dictó sentencia, siendo la única en Neuquén para una hija de desaparecidos.

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