Siete curiosidades del vino para exigentes

El vino enciende la imaginación aunque, por más copas que se lleve encima, jamás hubieras fantaseado alguna de estas rarezas.

El mundo del vino es sofisticado, es verdad. Pero también tiene sus rincones curiosos, a veces algo trash y otras simplemente sorprendente. A continuación, listamos algunas de las cosas que hemos visto y que más llamó nuestra atención.

3000 litros contiene un biberón construido por los suizos y mide 4,17 por 1,2 metros.

La bebedora, Buenos Aires. Según un estudio realizado por la Organización de la Vid y el Vino sobre las ciudades que más vino consumen, la Reina del Plata ocupa un honroso segundo lugar. Justo detrás de una esperada París y arriba de la ignota ciudad alemana de Ruhr. En el listado, Londres es la cuarta y Nueva York la quinta. Esto sólo se explica por el número de habitantes y el elevado consumo per cápita de los argentinos, comparados con otros países.

Vinos de Japón. Ya conocíamos la Toyota y estábamos convencidos de la modernidad de Sony. Lo que pocos sabíamos es que Japón es una meca para la elaboración de whisky y, ahora también, de vinos. Con unas 200 bodegas pequeñas, en el futuro cercano la isla del monte Fuji sumará a sus acuarelas de ciruelos unas cuantas pinturas de vides y viñedos. Porque a pesar de su clima lluvioso, los nipones están decididos a conseguir grandes vinos. Para elegir una bodega que visitar, un paseo por visitjapanesewinery.com puede ser buena idea.

Tres mil litros no es nada. En 2014 unos suizos tuvieron la feliz idea de construir una botella capaz de albergar poco más de tres mil litros de vino. Emplearon una grúa para desplazarla y otra para poder servir, ya que no había ningún sommelier capaz de sostener el biberón de 4,17 metros de alto por 1,21 de ancho. Lo que sí consiguieron André Vogel y sus socios fue establecer un récord Guinness que durará muchos años: no hay en el mundo otro contrincante para la proeza de elaborar un recipiente inútil aunque gigante.

Champagne de abedul. Está claro que en los largos inviernos boreales la imaginación de los suecos va del mobiliario de diseño a las bebidas que puedan ingeniar. Porque si logran destacar con una carpintería de alto nivel, también elaboran un espumoso por método champenoise con sabia de abedul. Según explica el experto John Write –citado por The Drink Business–, la receta es de 1785 y produce una bebida poco más sápida que el agua, poco más burbujeante que una soda y con un “curioso bouquet de nueces y cítricos”. Por si alguien quiere probarlo, Sav o Libertu son marcas famosas.

Un vino chino a cuatro lucas. En septiembre de este año, y de la mano del grupo francés LVMH, saldrá a la venta el primer vino chino tan caro como uno de los más prestigiosos franceses. Si hasta ahora los orientales copiaban pero más barato, el mundo debe prestar debida atención a este lanzamiento que invierte la ecuación: elaborado en un viñedo a 2600 metros, fue desgranado a mano debido a un corte de luz durante la vendimia. Se llama Ao Yun, cuesta 225 libras la botella y son sólo dos mil cajas de doce unidades.

Hola, soy enófobo. Mientras que en el mundo cada vez más gente se vuelve fóbica, un nuevo término vio la luz hace poco: la enofobia, el pánico irracional a una copa de vino. ¿Alguien conoce a un caso así? En internet hay hasta diagnósticos preventivos, aunque cuesta creer que alguien en su sano paladar tenga el juicio insano de rechazar una copa de buen vino sólo por miedo. Pero capaz que es como con las brujas: que las hay, las hay.

Cabernet Cannabisgnon. Un creciente grupo de productores de la surfista California abogan por la combinación de cabernet sauvignon y cannabis sativa, en uno de los blends más arriesgados de los que tengamos noticias. Para conseguirlo, echan medio kilo de hierba por barrica y dejan que el alcohol infusione el combo lenitivo durante nueve meses. Tanto éxito parece tener el invento, que incluso hay una asociación llamada Napa Valley Marijuana Growers, cuyo presidente es Crane Carter.

Terroir de terraza
Brooklyn estrena bodega

En pleno boom del vino, en Brooklyn se hace la primera vendimia en la terraza de un edificio. La bodega se llama Rooftop Red –tinto de terraza– y los suelos, armados en macetas, fueron empobrecidos con un 40% de vidrio reciclado. Solo 300 botellas de un blend de merlot, cabernet sauvignon y franc, malbec y petit verdot.

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