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La Mañana dictadura

Sindicatos y dictadura: los militares tenían claro su objetivo

Presos por hablar sin autorización, detenciones ilegales, lucha y negociación en defensa del salario y condiciones de trabajo de sus afiliados, así pasaron los dirigentes sindicales la primer etapa del proceso militar. 

La excusa del golpe del 24 de marzo, fue combatir a la guerrilla, pero su verdadero objetivo era imponer el modelo económico liberal, y como condición necesaria, debían debilitar al movimiento obrero organizado. En un documento de la Junta Militar se expone: “Es necesario quitar a los sindicatos el poderío económico que proviene de la acumulación de riqueza,dado que, cuando este se agrega a la fuerza gremial, corrompe la función de sus dirigentes e instituye poderío político”

El mismo 24 de marzo son sancionadas tres decretos-ley destinadas que controlar a los sindicatos, la suspensión del derecho a huelga, eliminación de los fueros sindicales y ley de residencia. El mismo día se interviene la CGT y doce de los principales gremios. No intervenir a todas las organizaciones gremiales como se hizo en 1955, era parte de una estrategia de dividir al movimiento obrero. Sobre las organizaciones no intervenidas pendía la espada de Damocles, de no autorizarle la elección cuando vencían los mandatos.

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Si bien los dirigentes de gremios llamados combativos, habían sido victimas de la represión o el exilio, en general eran dirigentes de alguna seccional o de gremios chicos. El verdadero poder del movimiento obrero residía en las grandes organizaciones enroladas en la CGT y 62 Organizaciones, alineadas con el peronismo. La primer pulseada fuerte con este sector, se va a dar en el conflicto de SEGBA e ITALO con Luz y Fuerza, uno de los gremios con mayor poder sindical y económico. Y va a terminar con el secuestro y desaparición de su líder Oscar Smith, como respuesta a la duda planteada por el diario Buenos Aires Herald, en su editorial del 18 de octubre de 1976 : “El resultado de la huelga de los trabajadores de Luz y Fuerza, será el que decida quién está gobernando el país: las Fuerzas Armadas o los sindicatos peronistas. Un importante principio está en juego: ¿es el gobierno militar lo suficientemente fuerte como para imponer su voluntad al poderoso sindicato?”

Los pocos historiadores que han escrito sobre esta periodo coinciden en marcar dos etapas en las luchas obreras, la primera de marzo del 76 hasta abril del 79 . Y la segunda, desde la primer huelga nacional del 27 de abril, hasta el retorno a la democracia en 1983.

Hasta 1979, el sindicalismo dio una lucha centrada en defensa de sus conquistas sectoriales. Luego a partir del nucleamiento de “los 25” y el Movimiento Sindical Peronista, se pasa a una acción de conjunto, con contenido e identificación política. El MSP retoma la tradición de las "62 Organizaciones" , disueltas en marzo del 76. y reivindica la necesidad de la política para defender las conquistas sindicales.

Defensa de los intereses de sus afiliados

Existe un clisé bastante común, de pretender juzgar el papel de los sindicatos durante la dictadura, en base a sus declaraciones de confrontación contra la Junta Militar y/o de sus denuncias del terrorismo de estado.

En la serie de notas que vengo escribiendo sobre el post 24 de marzo, mostré que tradicionales partidos de izquierda como el Partido Comunista (PC) no solo no denunciaban, sino que durante mucho tiempo apoyaron públicamente a los militares. Y el silencio respecto la metodología de las desapariciones, llego incluso a sus principales victimas, la organización Montoneros. Si leemos su órgano de prensa oficial el Evita Montonera, solo vamos a encontrar mención de algunos pocos casos puntuales de secuestros y desapariciones, y recién en octubre de 1977, van a dedicar una breve nota a las Madres de Plaza de Mayo.

Pero volvamos a los sindicatos. Si uno toma el estatuto de cualquier organización gremial, (por ejemplo la UOM) en la exposición de sus propósitos figura como primer punto : “defensa de los intereses individuales, colectivos y profesionales de sus afiliados” . Es decir los sindicatos tienen como prioridad defender los intereses de sus afiliados. Esta tarea la debieron asumir en nuestra historia en dictaduras, en gobiernos semi-constitucionales, y gobiernos constitucionales peronistas y no peronistas.

Por lo tanto, los primeros dos años de dictadura aún con intervenciones militares de por medio y represión, la primer actitud de la dirigencia sindical fue concentrarse en defender los intereses de sus afiliados. Y eso, como en todas las épocas, se hizo combinando fuerza con negociación.

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Incluso los estudios sobre los conflictos por establecimientos fabriles (se menciona 90 conflictos en 1976 y 100 en 1977) se concluye que en su gran mayoría se trataba de disputas por salarios o condiciones de trabajo especificas de plantas o sectores. Es decir que no había un planteo de tipo político anti-dictadura, sino una defensa de los intereses puntuales de ese sector de trabajadores. Durante 1976 se produjeron conflictos significativos en grandes fábricas, por ejemplo, los conflictos de IKA-Renault de Córdoba en marzo, General Motors en el barrio de Barracas en abril, Mercedes Benz, Chrysler de Monte Chingolo y Avellaneda y Di Carlo en mayo.

Y esta combinación de fuerza y negociación, la vamos a ver en el movimiento obrero tomado como conjunto, donde algunos dirigentes por momentos aparecen en el sector dialoguista con los militares y luego pasan a confrontativos, y viceversa.

Alvaro Abós en su libro “Las organizaciones sindicales y el poder militar 1976-1983” , entiende al conjunto del gremialismo como una totalidad, con contradicciones no antagónicas sino complementarias. Para Abos “cualquier sindicalismo tiene dos caras, una contestataria y otra dialoguista”. Se trataría de “dos ramas del mismo tronco. Una golpeaba y la otra ganaba los espacios que la confrontación dejaba vacíos”.

Re-afiliacion masiva a los sindicatos

En el trabajo “El Sindicalismo Argentino hace camino al andar” , firmado el jesuita Jacinto Luzzi, director del Centro de Promoción Sindical del CIAS, y los dirigentes sindicales Víctor De Gennaro y Fernando Galmarini, del año 1981 dicen:

“Por el Decreto 385, de febrero del 77, el Gobierno busca debilitar las organizaciones de los trabajadores, privándolas de los aportes de los no afiliados y exigiendo la reafiliación para continuar en los sindicatos. Es decir, pretende dejarlos sin plata y sin gente. (...) Una reafiliación poco numerosa mostraría su escasa representatividad. Sin embargo, los trabajadores se reafilian masivamente. Más aún, en algunos sectores aumenta el porcentaje de afiliados. Esto demuestra claramente que la clase trabajadora, a pesar de los inconvenientes de la represión, legitima, no tanto a los dirigentes cuanto a los sindicatos mismos, como instrumentos válidos para la defensa de sus intereses. Expresan además con ello una protesta contra la ilegalidad a que están sometidos. Vemos en esto un síntoma de la madurez de conciencia social alcanzada por los trabajadores. Si el repliegue ante el nuevo gobierno denotaba de algún modo la actitud negociadora, los conflictos de fines del 76 y la reafiliación sindical a comienzos del 77 señalan la actitud de enfrentamiento.”

Padre Jacinto Luzzi . Los Jesuitas en apoyo a la lucha sindical durante la dictadura

El padre Jacinto Luzzi pertenecía al grupo mas cercano al entonces Provincial de los Jesuitas Jorge Bergoglio, quien lo protegía y alentaba su tarea con el Movimiento Obrero.

Roberto Digon uno de los fundadores de “los 25” junto a Roberto García y Ricardo Pérez, recuerda al padre Luzzi en aquellos difíciles años : “ fue Luzzi quien nos abrió las puertas de la Iglesia de San Cayetano donde en 1981 hicimos la primera movilización importante contra la dictadura”.

Durante la dictadura jugo un importante papel colaborando con la “Comisión de los 25” que en 1979 declaró la primer huelga general. Según recuerda Eduardo Vior en una nota de Miradas al Sur : “desde el mismo golpe comenzó la resistencia, aunque inconexa y sin unidad. Ya en marzo de 1977 se formó una primera “Comisión de los 7” a la que se adhirieron otros sindicatos, hasta conformar en 1978 la “Comisión de los 25” que en junio de ese año fundó su brazo político semiclandestino, el Movimiento Sindical Peronista (MSP). Se reunían en varios locales y casi nunca todos juntos. Uno de sus principales refugios era el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) de la Compañía de Jesús, en el actual barrio de Las Cañitas, donde el Padre Jacinto Luzzi coordinaba las reuniones. Con paciencia y constancia, entre 1977 y 1978 reunió a dirigentes sindicales opositores de las más diversas corrientes. (...)El 21 de abril de 1979 “los 25” convocaron a una huelga general por 24 horas para el día 27 demandando la restitución del poder adquisitivo del salario, el restablecimiento de las convenciones colectivas de trabajo, contra la reforma de las leyes de Asociaciones Profesionales y de Obras Sociales y por la normalización sindical.(…) Veinte dirigentes fueron encarcelados.(...) La huelga general de 1979 es una bisagra en la historia de las luchas populares argentinas.”

En el Centro de Investigaciones y Acción Social, orientado por la Compañía de Jesús, nació el Centro de Formación Sindical (CeProSin), que tuvo por objetivo formar a “jóvenes dirigentes sindicales de los cuadros medios, por encima de las divisiones coyunturales del movimiento obrero organizado”. Los informes del CeProSin y las intervenciones de algunos de sus referentes dieron cuenta de un acelerado proceso de acercamiento hacia los dirigentes sindicales, que pudieron incluso encontrar en el CIAS un espacio de reunión cuando la represión ponía en peligro cualquier tipo de encuentro.

La CGT dividida en cinco grupos

En la estrategia de dividir al movimiento obrero, la dictadura había armado cinco grupos. Así lo recuerda Pancho Gaitan en su libro “La Resistencia- El peronismo que yo he vivido”:

“Con la CGT intervenida, los militares habían dividido en cinco grupos por actividades más o menos anes a los sindicatos no intervenidos, y cada uno tenía un nombre, que no recuerdo cuál era, y cada grupo tenía un coordinador sindical, militar. Los dirigentes de los sindicatos intervenidos conformamos –al margen de aquella formalidad impuesta por la intervención dictatorial– un sexto grupo, que era el más numeroso. Estaban la UOM, Construcción, Luz y Fuerza, Prensa, Obreros Navales, UPCN, SMATA y otros que no recuerdo. Y participaban dirigentes de primera línea: de Luz y Fuerza participó Oscar Smith, que era el Secretario General, hasta que lo secuestraron. De la UOM participaba el “Ronco” Guerrero, Secretario General de Avellaneda y segundo de Lorenzo Miguel, que en ese momento estaba preso en el barco. De la Construcción participaba el Tano D’Angelo, que era miembro del secretariado de la UOCRA. Del SMATA participaba José Rodríguez o a veces otro compañero, o sea que había un equipo importante, era algo de peso. Nos reuníamos en diferentes gremios. En la FOCA, Obreros Cerveceros, el Secretario General era Barilache de Tucumán, pero nuestro nexo era Saúl Ubaldini que ya tallaba.”

La Junta Militar estaba especialmente preocupada por la imagen exterior de su gobierno, y en esto las reuniones anuales de la OIT (Organizacion Internacional del Trabajo) eran una vidriera muy importante. De estos cinco grupos saldrá en mayo de 1976 la delegación obrera que viaja a la conferencia de la OIT Los integrantes de la comitiva fueron Antonio Baldassini de Telepostales, Rafael Valle de Químicos, Ricardo Pérez de Camioneros, Ramón José Valle de Seguros, Ramón Elorza Gastronómico, Juan Horvat ATE, Hugo Barrionuevo de Fideeros y Demetrio Lorenzo de Alimentación. Un año después, la acción del grupo de los “25” va a impedir que se integre la comitiva obrera para viajar a Ginebra a la OIT.

El secuestro de Roberto Digon

Roberto Digon era Secretario General del SUETRA, sindicato del trabajadores tabacaleros. El 29 de septiembre de 1976, fue secuestrado. Así lo recordaba:

“Después del 24 de marzo todos andábamos con miedo. Secuestraron primero a mi hermano y a la mujer, que dijo dónde vivíamos con mi esposa, de quien creyeron que era jefa montonera. La primera vez que vinieron a secuestrarme no estaba en mi departamento de Palermo (Bulnes y Cabrera) porque había ido a la Bombonera a ver al Boca de Lorenzo en un partido con Gimnasia. El 29 de septiembre entraron a mi casa 20 tipos de la Policía Federal y del Primer Cuerpo del Ejército con pelucas y pasamontañas. A nosotros los peronistas nos manejaban la ESMA y la Marina. Antes de que me tiraran la puerta abajo llegué a avisarle a mi secretaria adjunta que me estaban secuestrando. Pude escuchar que nos llevaron a la Comisaría 6ta de Sarandí y Venezuela porque estábamos encapuchados y esposados. A mi hermano y a mi cuñada los torturaron en la 8va frente al Hospital Ramos Mejía. Como llegué a avisar en el sindicato y teníamos una pequeña organización que denunciaba en las embajadas si había algún secuestro, el tema trascendió.”

roberto digon

“En las requisas te daban patadas y trompadas, era algo habitual. Perdés la noción del tiempo, te acelerás. Cada día lo multiplicás por dos cuando estás encapuchado. Creés que pasa mucho más de tiempo del que pasa en realidad. Nos mojaban y nos daban con la picana eléctrica. El escándalo tomó tanta repercusión que a los cinco días dejaron de torturarnos y después nos largaron. Los secretarios generales de varios gremios que habían sido secuestrados no fueron encontrados nunca más. A mí me largaron y a partir de ahí empecé a tener mucha trascendencia.”

Régimen de cuartel para los dirigentes gremiales

El diario La Opinión del 19 de mayo de 1977, titulaba : “Orden de detención contra gremialistas cordobeses” . “La intervención militar del Ministerio de Trabajo aclara que, para el plenario de secretarios generales de gremios no intervenidos de esta ciudad, solamente se autorizó una reunión para designar una comisión para que se entreviste con su Excelencia el Señor Ministro de Trabajo de la Nación. Se informa que, habiéndose excedido los participantes de dicha reunión, tratando temas no autorizados, se ha solicitado la detención de los gremialistas que requirieron la autorización de esta delegación. Trascendió que en la reunión se habría acordado solicitar un aumento general de sueldos, la normalización de la situación gremial, la libertad de dirigentes sindicales detenidos sin proceso y la ratificación del actual Ley de Asociaciones Profesionales. De la reunión participaron delegados de más de 40 gremios, la mesa fue presidida por Juan Alfredo Reyes de Gastronómicos, Jerónimo Suárez de la madera, Munir Fatala de Comercio y Alejo Simo metalúrgico.”

“Pudo saberse anoche de fuente gremiales qué habrían sido detenidos los dirigentes Munir Fatala de Comercio y Jerónimo Suárez de la madera, por su parte Simo se encontraría en Buenos Aires. El coronel Amado representante del Ministerio de Trabajo dijo a Noticias Argentinas que: “yo no autorice que se discutiera ningún tema como los planteados en el documento elaborado por el plenario de gremios cordobeses el lunes a la noche, la autorización fue concedida solamente para reunirse y elegir 6 miembros que debían viajar a Buenos Aires.”

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La noticia es casi risueña. Imagino la cara del adusto coronel Amado, dando ordenes a los muchachos de los gremios, como si estuviera ante un grupo de colimbas que le deben pedir permiso para ir al baño. Pero, este hecho, describe el clima de época en el cual debía moverse la dirigencia sindical.

Días después, La Opinión informa que “el ex-Secretario General de la CGT de San Luis, Bartolomé Albarracín fue detenido y puesto a disposición de la Justicia Federal , bajo el cargo de violar las normas de la ley 21.323 que reprime el ejercicio de actividades de proselitismo político y gremial.” “Albarracín y un grupo de allegados, interrumpieron un espectáculo folklórico, realizado en el hotel Cruz de Piedra, para producir ruidosas manifestaciones de apoyo al ex presidente Juan Domingo Perón su esposa y al ex gobernador Elias Adre; matizando los gritos con brindis por el pronto retorno al poder del Justicialismo. Ante estas expresiones que culminaron cuando el grupo entono la marcha partidaria, el público se disperso para no verse involucrado en el incidente.”

(*) El columnista es autor de “Salvados por Francisco” y “La Lealtad- Los Montoneros que se quedaron con Peron”

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