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La Mañana tapabocas

Sólo uno de cada diez neuquinos usa barbijo en la cuarta ola

En la calle y los espacios abiertos, son pocos los que se cubren con tapabocas. Su uso crece en los comercios y prima en los centros de salud.

A pesar de que los registros sanitarios marcan un creciente número de contagios, son pocos los neuquinos que sostienen el hábito de usar barbijo para evitar un posible caso de coronavirus. Desde que su uso es optativo, la mayoría opta por salir a la calle sin protección o incluso llevan los tapabocas en la mano para usarlos únicamente al entrar a algún comercio o espacio cerrado.

Aunque muchos consideran que el tapabocas es incluso una manera de protegerse del frío, son pocos los neuquinos que sostienen este hábito de cuidado ante la inminente llegada de una cuarta ola de la pandemia. En un relevamiento de LMNeuquén, un 90% de los peatones del centro de Neuquén caminaba sin protección o llevaban sus barbijos en la mano o mal colocado.

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Desde que el gobierno provincial decretó que el barbijo sería de uso optativo, la decisión de protegerse o no con este elemento parece no ser exclusiva de algún grupo. En calle Roca se podía ver a estudiantes secundarios, personas mayores, comerciantes, motociclistas y policías usando algún tipo de protección, mientras que el mayor grupo, de todas las franjas etarias y ocupaciones, parecía haberse alejado de este hábito de cuidado.

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Aunque en los momentos más críticos de la pandemia su uso se había masificado, y hasta podía verse a los automovilistas conduciendo en soledad y protegidos con un tapabocas, hoy ya es casi nulo su uso adentro de los habitáculos de los coches. Por su parte, los motociclistas sí parecían más habituados a los tapabocas, y muchos se cubrían con un casco y un barbijo, por lo que apenas dejaban sus ojos descubiertos.

En el centro de Neuquén se podía observar un nutrido movimiento de peatones. Una mujer llevaba de la mano a su hija, dispuestas a llegar a la escuela. A pocos metros, dos obreros disfrutaban de una bebida fría sentados en un banco de plaza. Y por la vereda de enfrente, un grupo de estudiantes secundarios intercambiaban bromas mientras avanzaban a paso rápido. Ninguno de ellos llevaba tapabocas.

Aunque ya no rigen medidas sanitarias obligatorias, aún persisten algunos hábitos que contribuyen a reducir el riesgo de contagio. Así, dos vecinas se cubrían el rostro con barbijos de color rosado mientras se ponían al día en el interior de una verdulería. Afuera, y entre los cajones repletos de naranjas, un hombre esperaba por su turno para ingresar con el fin de evitar la conglomeración adentro del comercio.

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En el horario de salida de los estudiantes, eran pocos los alumnos que sostenían el uso de barbijo, y muchos se lo bajaban hasta cubrir apenas el mentón para liberar la nariz y la boca. Sin embargo, en los centros de salud la protección parecía una medida común, que cumplían tanto los profesionales como los pacientes. Así, los ambos y guardapolvos parecían indisolubles de los tapabocas.

Durante el confinamiento más estricto, las autoridades sanitarias solicitaron a la población la confección y uso de barbijos caseros. De esta manera se buscaba evitar el desabastecimiento de la protección quirúrgica, que quedaba reservada para los profesionales de salud y las personas afectadas por la enfermedad. Por este pedido también prosperaron los emprendimientos vinculados a la producción de tapabocas de la mano de costureras y diseñadores.

En esta nueva etapa de la pandemia, con las medidas más relajadas y una menor demanda que no llega a cubrir el crecimiento que hubo en la producción, hay una gran cantidad de barbijos quirúrgicos disponibles. En ese escenario, la mayoría de los neuquinos se inclina por este tipo de protección, por lo que ya es raro ver tapabocas de confección casera en la calle.

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En muchos casos, los peatones se inclinan por un uso ocasional de este elemento de protección. Así, llevan el barbijo colocado sólo sobre el mentón, colgado de un portabarbijos o en la mano, con los elásticos a modo de pulsera, para colocárselo sólo cuando ingresan a sitios cerrados o espacios con un gran congregación de personas.

Sin embargo, no todos los comerciantes del centro atienden a sus clientes con el barbijo puesto. Los trabajadores de otros rubros, como repartidores, inspectores de tránsito y personal de seguridad o de mantenimiento, tampoco cumplen una normativa unificada con respecto al uso de tapabocas. De este modo, la decisión de protegerse se vuelve meramente personal y muy disímil entre unos y otros.

Ante el crecimiento del número de contagios, los profesionales de la salud solicitan que el barbijo vuelva a ser habitual, sobre todo en el transporte público o en espacios congregados y sin ventilación. Sin embargo, aún no hay normativas establecidas ni sanciones económicas para los que prefieran no utilizarlo. Por eso, su uso alcanza a la menor parte de los neuquinos.

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