Neuquén.- Juan Manuel Guillamondegui quiso demostrar –incluso a él mismo– que la diabetes no es un impedimento para realizar tareas cotidianas y mucho menos para subir el volcán Lanín. Entonces, se preparó física y mentalmente para llegar a la cumbre del macizo de Junín de los Andes.
Fue la segunda vez que el médico consiguió ese objetivo. La primera fue a los 18 años, con otro estado físico y sin el diagnóstico que llegaría 15 años después, con la insulina como aliada de por vida.
Hubo un segundo intento, pero sólo llegó a los 3300 metros porque lo hirió una roca. La tercera oportunidad llegó apenas cumplió los 50 años y ya con la insulina en su rutina.
Vivir en zona de montañas y realizar ejercicios cotidianos ayudaron a Juan Manuel. “Hubo entrenamiento previo y me instruyó el guía Sebastián Cabezón, quien ya tiene 117 cumbres”, contó a LM Neuquén.
La hazaña comenzó el 9 de diciembre junto a otras doce personas. Guillamondegui recuerda que los días previos al ascenso estaba “muy ansioso” y así preparó todo el equipo que llevaría en el camino.
“Esa noche logré dormir muy poco, pues mi ansiedad me mantenía despierto y, además, teníamos que madrugar para emprender la salida a las 6 de la mañana”, escribió en su cuenta de Facebook.
Durante el primer tramo, el grupo fue hasta Tromen, el punto de partida hacia el refugio ubicado a 2330 metros de altura.
El sol pleno, el buen tiempo y el paisaje rodeado de ñires y lengas acompañaron la primera jornada que culminó cuatro horas después. Allí, Juan Manuel revisó su nivel de azúcar, continuó con la hidratación e ingirió otros alimentos para evitar una hipoglucemia.
A tres mil metros de altura parte del grupo se despidió ya que tres integrantes decidieron abandonar por las exigencias de la subida, así que regresaron al refugio junto a otro de los guías.
A esa altura, el frío y el viento se hicieron sentir de tal manera que Juan Manuel debió calentar el glucómetro (el aparato que mide la glucemia) con el calor de su cuerpo tras el consejo de uno de los guías. Luego de corroborar que todo estaba bien, continuó con el último tramo hasta llegar a la cumbre.
“Esta vez tenía que llegar, no podía fallarme e iba con la misión de poder educar a las demás personas que tienen diabetes”, relató. La llegada a la cima, de 3776 metros de altura, vino con un par de lágrimas de alegría y orgullo porque Juan Manuel había logrado el desafío que se había propuesto.
Hace 23 años terminó la residencia en Córdoba y se radicó en el sur neuquino
Juan Manuel Guillamondegui es médico del hospital de la localidad de Junín de los Andes desde hace 23 años. Llegó a la zona tras terminar su residencia en Córdoba. En sus primeros años fue médico generalista y cuando el hospital pasó a tener otro grado de complejidad comenzó a ejercer la clínica, su especialidad.
Tras ser diagnosticado con diabetes, el doctor realizó una subespecialidad sobre la enfermedad. Nada fue suficiente para sacarle las ganas de escalar la cordillera. Tras un intento positivo en el Lanín y otro fallido por un accidente de los que habitualmente ocurren en los ascensos, concretó una nueva llegada a la cima.
Esta vez, tuvo ribetes de hazaña porque a las dificultades ordinarias de la aventura se sumaron las complicaciones de la enfermedad declarada. En el relato del viaje a este medio, el médico no ocultó que durante el ascenso tuvo problemas para conciliar el sueño. Pero nada pudo torcer sus ganas de vencer a la adversidad.
Te puede interesar...









