Tecno 3D, una gran ayuda instalada en el quirófano

Las prótesis personalizadas facilitan la cirugía y el posoperatorio.

España. La creación de prótesis a medida para pacientes específicos y con circunstancias especiales ya es una herramienta más en el ámbito quirúrgico. La tecnología 3D llegó para quedarse dentro de los quirófanos donde permite, entre otras cosas, que se desarrollen diseños personalizados, que faciliten el proceso durante la cirugía o que permitan una internación posoperatoria más breve. De acuerdo con un estudio realizado por la consultora MarketsandMarkets.com, esta tecno aplicada a la salud moverá en los próximos tres años y en todo el mundo casi 1650 millones de euros.

¿Para qué sirve? La impresión 3D se utiliza para fabricar prótesis, implantes y tejidos para usos ortopédicos, dentales, craneales y maxilofaciales; además, mejora y abarata la producción de órganos. Hoy por hoy, Estados Unidos y Europa lideran la aplicación de estas herramientas.

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El especialista en cirugía oral y maxilofacial y biomedicina en el hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela Pedro Martínez Seijas hace 20 años que se dedica a crear prótesis, que con 3D permite superar límites antes imposibles de imaginar, al que todos los pacientes pueden tener acceso. Igualmente, advierte que sólo es aplicable a casos concretos y complejos. “Es como la diferencia entre comprar ropa en un negocio o ir a un sastre. A la mayoría le va bien la primera opción, pero a veces es necesario un traje a medida”, compara, y desarrolla el paso a paso de la creación: “Comienza con un escáner del órgano a intervenir y se crea un modelo con materiales biocompatibles en colaboración con los ingenieros.

Hay que combinar innovación, gestión, ingeniería, biomedicina y el factor fundamental: el paciente y la mejora de su calidad de vida. El cirujano es como un director de orquesta”. Los médicos remarcan en evitar la generalización para no frustrar las expectativas de la gente que, a pesar de su necesidad, no pudiese acceder a esta tecnología porque “sólo es recomendable cuando los sistemas estandarizados no ofrecen soluciones”, dice Martínez Seijas.

“Supo ser una revolución, pero ahora ya es definitivamente una evolución que se aplica en tres niveles: el primero, para crear muestras con las que planificar e investigar la patología o la futura intervención; el segundo, el que permite simular la cirugía y crear guías para el trabajo en quirófano; el tercero, más complejo, pasa por fabricar el implante biocompatible, que difiere si va a soportar cargas (caso de los implantes maxilofaciales) o si forman parte de una articulación”, resume el cirujano.

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