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Terapia social, la clave para que Aguada San Roque sobreviva a la tragedia

Tras la explosión, el hospital de Añelo llevó a cabo sesiones para toda la comunidad. "Necesitamos hablar lo que nos pasó para poder seguir adelante", aseguró Claudio Moyano.

Desde el 29 de junio del 2021, Aguada San Roque se mueve a otro ritmo. Más lento, triste y con la herida abierta. Podrían ponerle nombres a ese dolor. El de Nicolás Francés o su sobrino Mariano Spinedi, trabajadores que fallecieron mientras hacían la instalación de gas. O el de Mónica Jara, que en sus primeros pasos como maestra, falleció a causa de las heridas provocadas por la explosión. Pero “aún no están preparados”. Las esquirlas de la explosión aún están marcadas a fuego en el recuerdo de los 300 habitantes, que día a día pasan por el edificio.

La estructura de la escuela está de pie, pero le falta luz y vida. La parte en donde se consumó la tragedia está irreconocible. Los vecinos confirmaron que ahí estaba la habitación de mujeres del albergue, pero solo quedan cenizas, tierra y partes de ladrillos.

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El fuego tiñó de negro la parte superior de la paredes. Los vidrios se convirtieron en esquirlas y la reja de una de las ventanas voló. Apliques derretidos y todo el albergue vibró con la explosión.

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El dormitorio, en donde hace un año comenzó todo, no tiene techo y tampoco una de las paredes laterales. Aseguran que por seguridad, decidieron destruirlas para que el viento no generé otra tragedia. Una de las calles principales, que está lateral a la escuela y conecta a la Posta Sanitaria con la Comisión de Fomento, pasó a ser la calle del dolor. Los vecinos que caminan y ven la pared que falta, observan la herida de la escuela y reflejan en esa habitación la muerte de tres personas. “Sigue siendo muy duro”, sintetizó el presidente de la comisión, Claudio Moyano.

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Ante el duelo que atravesó la localidad durante las primeras semanas, y los traumas y pesadillas que aún rondan entre los vecinos, el Hospital de Añelo junto con los funcionarios de Aguada San Roque decidieron la solución ante la crisis de la localidad: hacer terapia. “Es que el pueblo sigue estando conmovido. En su momento, tras la explosión, fue muy difícil. Nadie andaba por la calle, era un desierto esto. Había mucho hermetismo, dolor y fue una situación que no se la deseo a nadie”, describió.

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A partir de encontrar el modo de poder trabajar el dolor de la comunidad, se pactó con el hospital que vaya un equipo especial uno o dos días a la semana. “Fue en un salón comunitario. Y nos propusimos a hablar entre todos. Con profesionales gestionando, pero dijimos una y otra vez lo duro que fue la tragedia, nos expresamos e intentamos drenar todo lo que nos pasó para poder ser fuertes y seguir dando pelea. Hubo gente que por ahí tienen la fortaleza de salir por sí solas, y lo hicieron. Pero al resto nos ayudó mucho, nos ayudó a toda la comunidad a identificar qué era lo que había pasado y nos dio herramientas para que nosotros seamos conscientes y sepamos qué queríamos hacer con eso que nos sucedió”, explicó.

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Moyano consideró que esa decisión fue clave para poder destrabar el “dolor y la angustia social que había”. “Ese julio fue muy difícil. Fue algo complicado en donde hubo medios de comunicación de todos lados, noticias de todo el país. Hubo gente que no conocía a Aguada y gracias lo que sucedió conociendo la localidad. Por suerte, con el paso del tiempo, fue volviendo la tranquilidad del pueblo aunque nunca nada va a ser como antes”, dijo.

Aguada San Roque - Intendnete

A un año de lo que sucedió, Moyano hizo hincapié en que es importante tener memoria porque “la historia no se borra”. “Aguada quedó marcada por el resto de nuestra vida. Ojalá que conozcan a Aguada desde muchos aspectos. Hay que asimilar lo que nos pasó, ponerle el pecho y darle para delante. El pueblo tiene fuerza y voluntad para hacerlo, y espero que también nos reconozcan la forma en que salimos adelante”, aseguró.

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La terapia permitió trabajar el problema social de vivir con miedo, aunque en la piel sigue el sonido de la explosión. Si bien los procesos son lentos y los están trabajando, todos los vecinos, hijos e hijas de crianceros y egresados de la Escuela 144 de Aguada San Roque, son los únicos que, en los relatos, recuerdos, sonrisas y lágrimas, le siguen dando la esperanza de que el edificio vuelva a estar de pie. Porque los 300 habitantes están convencidos de que el corazón de su localidad nunca va a poder dejar de latir. “Es que sin la escuela nosotros no somos nada”, concluyó Moyano.

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