Terminó la primaria con 10 hijos y ahora va por su panadería

María Luisa Justiniano, de 49 años, es un ejemplo de superación para imitar.

Pablo Montanaro
montanarop@lmneuquen.com.ar


Neuquén.- "Mamá, nos decís que estudiemos, pero vos no terminaste la primaria", la frase dicha por una de las 10 hijas de María Luisa Justiniano, lejos de sonar como un reproche, se transformó en un desafío para esta mujer que hace 49 años nació en General Mosconi, al norte de la provincia de Salta, y que llegó a Neuquén junto con su marido en busca de trabajo y un futuro mejor para su numerosa familia.
En su humilde casa del barrio 2 de Mayo, ubicada bien al fondo de la calle Casimiro Gómez, María Luisa confiesa con emoción que de chica no tuvo quien la alentara a estudiar. No conoció a su papá y su mamá la dejó con sus abuelos cuando ella tenía 4 años. "Dos años después mi abuelo murió, así que tuve que afrontar la vida prácticamente sola. Viví con otros familiares y fui haciendo los grados de la primaria como pude, pero luego abandoné", explica.

Para sobrevivir, hizo de todo, desde limpiar casas hasta tortas. "Aprendí a hacer de todo un poco, y así me defendí en la vida. Tuve un marido que tampoco tenía estudios, la familia se fue agrandando y un día me di cuenta de que trabajando podía sostenerme sola y mandar a mis hijos a la escuela pública", describe bajo la mirada de orgullo de Orlando, su marido, con quien desde hace veinte años luchan codo a codo por un mejor porvenir.

Un día llegó hasta la asociación civil La Escuelita, ubicada en la toma 7 de Mayo, para pedir útiles escolares para uno de sus hijos. Se ofreció como voluntaria de esta organización y allí se enteró de que funcionaba el Centro de Educación para Adultos (CEPA) 145, dependiente del Consejo Provincial de Educación. No lo dudó, era el momento para cumplir uno de sus sueños: terminar la escuela primaria para luego anotarse en el secundario, "y así tener más conocimientos y defenderme mejor en la vida". Al principio eran cinco mujeres las que asistían a clases de 14 a 17, dictadas por el profesor Claudio Ferrante. Al final, tres de ellas lograron completar sus estudios.

"Volver a estudiar fue una experiencia nueva. Yo pensaba que nunca podía llenar ese espacio vacío que tenía. El profe nos ayudó muchísimo y en mi caso me incentivaba a no abandonar. Todo ese esfuerzo valió la pena y creo que esto que logré es un ejemplo para mis hijos", dice María Luisa exhibiendo orgullosa su certificado de estudios, su tesoro más preciado, además de sus hijos -entre 16 y 32 años- y 11 nietos.

Compartió los cálculos matemáticos, "lo que más me gustó", con un trabajo en una rotisería, que debió abandonar por un problema en la columna, y la elaboración de tortas fritas y empanadas que los fines de semana vendía en una feria del oeste. Como en su casa no tiene gas, una iglesia evangélica le ofreció el lugar para que cocinara.

Cuenta que el día en que le entregaron el certificado (12 de diciembre) no le dijo nada a su familia. Quería que fuese una sorpresa. "Cuando regresé a la casa, les dije a mis hijos: 'Terminé la primaria'. Fue todo alegría", cuenta quien ahora aspira a concretar su próximo sueño: tener su propia panadería.

Ya son 13 los adultos que se recibieron en La Escuelita de la toma 7 de Mayo

Además de María Luisa Justiniano (a la derecha de la foto), Patricia Andrea Ruiz (a la izquierda) y María Alejandra Fernández (en el centro) fueron las otras dos mujeres que completaron sus estudios primarios este año y se convirtieron en la tercera promoción de egresados del Centro de Educación para Adultos Nº 145, dependiente del CPE, que funciona en La Escuelita. De esta manera se sumaron a los 7 egresados del 2014 y a las 8 de 2013.

Más que un lugar de contención

La Escuelita ubicada en la toma 7 de Mayo nació a mediados del 2010 como un lugar de contención y apoyo escolar para los chicos del sector oeste de la ciudad.
Impulsada por la dedicación, generosidad y solidaridad de sus fundadores, Marcela Núñez y Gustavo Guerrero, este espacio les ofreció a los adultos mayores la posibilidad de terminar la escuela primaria. Además ofrecen a quienes asisten merienda, talleres de ajedrez, plástica y lectura, orientación familiar y un ropero comunitario.

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