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Tiene 86 años y lleva 10 meses aislado de todos por temor al COVID

El ex militar vive en una chacra del paraje los Hornos, a 8 kilómetros de Mariano Moreno. Tiene un libro de anotaciones donde narra su día a día en cuarentena.

La actual pandemia que nos atraviesa como sociedad ha despertado sentimientos y sensaciones tal vez nunca sentidas o vivenciadas. Desde cada rincón del mundo se han disparado historias que muchas veces estrujan el corazón al conocer los detalles. Muchas veces nos sangra el alma con el dolor ajeno. Sin ir muy lejos, en una chacra del paraje de Los Hornos, a ocho kilómetros de Mariano Moreno, un hombre de 86 años decidió escribir su historia personal en medio del invisible Covid-19. Se trata de Don Nolberto Candia, ex militar y ferviente productor rural, que lleva 10 meses aislado en su casa por elección propia, para cuidarse él y a su familia.

“Es 19 de marzo-2020, hora 12:47. La policía de Mariano Moreno en un patrullero comunica por el pueblo que los que se encontraban en los negocios debían abandonar los mismos y regresar a sus domicilios y no salir por “Coronavirus 19” instalado en el mundo entero.

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Desde el momento el suscripto don Nolberto Candia acató las directivas internacionales”. Así comienza el relato en su libro de anotaciones.

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Mientras también suma a sus escritos recuerdos de los años de su niñez, toma en sus manos una armónica y se anima a tocar unos acordes. “Me gusta mucho tocar música, es mi compañía y me sirve para relajarme y acordarme de mi madre siempre porque fue ella la que me regaló la primera”, dice. Cuenta que cuando correteaba su niñez y cuando iba a comprar al mítico almacén de ramos generales Casa Salas se ponía a tocar unas rancheritas. Allí los parroquianos le daban monedas por cada pieza interpretada. “Me compraba un pan francés con mortadela y me venía contento comiendo un sanguchito junto a una bolsita de caramelos”, relata con nostalgia.

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Don Nolberto nació en el barrio Bouquet Roldán de Neuquén capital un 28 de abril de 1934. Luego, vivió en Plottier siete años hasta que sus padres, Carlos Alberto Candia y Benera Pintos, emigraron en búsqueda de mejores oportunidades. Es así que a mediados del mes de mayo del año 1941 el Valle del Covunco los vio aparecer en estas tierras. Aquí se estaba terminando de amojonar la histórica Colonia Agrícola y Pastoril Mariano Moreno. Su padre se empleó en la construcción de los canales de riego y lograron asentarse en un pedazo de tierra donde sus progenitores fundan la chacra Don Carlos un 21 de septiembre de 1941. La historia dice que 19 días después se funda el pueblo de Mariano Moreno. Don Nolberto fue parte de los 14 hijos de la pareja: siete varones e igual número de mujeres.

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La chacra número 50 con el tiempo se ubicó dentro del paraje Los Hornos, en honor a la actividad ladrillera emblema del lugar, que sus padres fueron unos de los principales emprendedores junto a los Zúñiga, Zanandreis, Viviani y Rojido entre otros. “Yo acompañaba a mis padres a cortar ladrillos con mi corta edad, también muchas veces cuando volvía de mis clases en la escuela 36 de Covunco me iba al RIM 10 a vender empanadas y los fines de semana iba a vender verduras frescas al pueblo de Mariano Moreno”, cuenta don Nolberto. Uno de los honores de esa niñez fue haber compartido grado con el después gobernador de la provincia, Pedro Salvatori. Por esos tiempos, la familia Salvatori residía en el edificio en el que hoy se emplaza la sede municipal de Mariano Moreno.

El otro honor es el portal de entrada a su chacra con el nombre de su padre: “La mejor herencia que me dejaron mis padres fue las ganas de trabajar siempre”.

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Luego de terminar la primaria, Nolberto siguió trabajando en la chacra y en los hornos de ladrillos entre otros trabajos, hasta que en el año 1955 es llamado a servir a la patria como soldado clase, “la famosa colimba”, dice. Y como cosa del destino le toca cumplirla en el RIM 10, un lugar que ya conocía como la palma de su mano. Por su comportamiento y el excelente cumplimiento de sus actividades dentro del ejército el 8 de julio de ese año es honrado con el grado de Dragoneante y el 15 de diciembre sale de baja.

Ya de civil se va a trabajar a Cutral Co. Tiempos después del RIM 10 lo convocan y el 29 de junio de 1956 es ascendido a Cabo en la sección Baqueanos de esta unidad militar. Allí da comienzo a una extensa y destacada actividad dentro del Ejército Argentino. Las unidades fueron las de Covunco, Junín de los Andes y la de Las Lajas, de la cual se retira con honores en el año 1992. Un hecho que lo pinta de cuerpo entero de su compromiso militar lo marca cuando en 1960 completa satisfactoriamente el primer curso de esquí de alta montaña en Bariloche y es elegido para integrar un esquipo de rescate en una misión al Aconcagua. Un álbum de fotos antiguas, entre sus manos, testimonia la faena cumplida.

Don Nolberto resalta que su aislamiento obedece a la responsabilidad de ser padre de cuatro hijas mujeres (Margot, Leticia, Noemí y Yudith), de 8 nietos y bisnietos. “Yo me siento bien y quiero que mi familia esté bien. Como lo hice a lo largo de toda mi vida. No me perdonaría que yo fuera el responsable de contagiarlas por eso espero en mi casa a que esto pase o estén mejores las condiciones”, dice.

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Mientras tanto, pasa sus días en su chacra en la que desde hace 25 años viene haciendo de todo. Es “multifunción y bastante inquieto” según relata su hija “Cuqui”, que es una de las personas que más lo ha asistido en todo el aislamiento. “Tal vez nadie se pueda dar una idea siquiera de lo que significa mi padre para mí. Son años vividos, historias y que con su edad las recuerda, yo la verdad lo admiro y es un ejemplo, sinceramente lo digo”, cuenta Cuqui con todo orgullo.

Don Candia tiene una vitalidad envidiable y una memoria prodigiosa. Le gusta leer de todo, en especial de agricultura. Cumple todas las mañanas después del desayuno una rutina de gimnasia con ejercicios de estiramiento y hace una caminata de 10 km en un circuito que armó en su chacra y que lo cumple dando varias vueltas entre canales de aguas, arboles y flores.

Armó su propia casa a la que llama la Cabaña del Pato (apodo que tenía en su época militar). De hecho en varias paredes está representada la figura de un pato volando y de un trébol de cuatro hojas “cada hoja representa a una de mis hijas y me recuerdan a cada momento cuanto las amo”.

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