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Toca en los pasillos del hospital para sanar con la música

Jorge Palacios es un reconocido instrumentista de Neuquén. Les regala canciones a los pacientes internados, que le agradecen con aplausos.

Jorge Palacios es un reconocido instrumentista de Neuquén que quiso colaborar en la pandemia con lo que más valora. Desde hace un tiempo, toca en los pasillos del hospital Castro Rendón para sanar con la música a los que pasan por un momento difícil. Aunque no puede ver a su público, les regala canciones emotivas con su guitarra a los pacientes internados y ellos le agradecen con aplausos desde el otro lado de la pared.

No es la primera vez que el artista realiza este tipo de conciertos solidarios en entornos de encierro. Años atrás, en Villa Regina, tocó en geriátricos y centros psiquiátricos como una forma de retribuir por su participación en programas del Instituto Nacional de la Música. Esa experiencia lo marcó y le mostró cómo el arte puede transformar la vida de una persona.

Explicó que la idea de ofrecer este tipo de serenatas surgió "por mi propia historia familiar, porque cuestiones de salud de mis padres sobre todo", y así descubrió "lo que pasa con la música cuando la salud pende de un hilo y las personas necesitan de otras para salir adelante; siempre me conmovió el efecto que tiene".

Al tocar en esos entornos atípicos, Jorge evita las estridencias y cuida que los sonidos no resulten invasivos para quienes escuchan. No regala conciertos improvisados sino que, al contrario, planea al detalle la experiencia sensorial que lleva de regalo.

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"La música conecta con partes muy profundas de la persona, algo ancestral, por eso pienso el repertorio exclusivamente para el momento y siempre elijo una parte que esté vinculada a una letra, como un tango que puede ser la banda sonora de una persona, de su infancia o su juventud, y también músicas que me conmuevan por la belleza de la composición o cómo suenan en la guitarra", detalló.

Recordó que, en sus primeras visitas en geriátricos, "me pasó algo muy particular porque las personas que parecían estar desconectadas del mundo por su senilidad y de golpe activaban su memoria a partir de la melodía de algún tango o bolero".

Sana tocando música en los pasillos del hospital.mp4

Relató que le quedó grabada la imagen de una mujer en uno de esos primeros conciertos "porque parecía que no escuchaba, que estaba totalmente desconectada, y fue pararse de la silla y empezar a cantar un tango que yo tocaba, que es algo que me impactó mucho".

En el hospital, llevaba tiempo con ganas de ir, aunque se hacía difícil por la pandemia. Y pudo conseguir el permiso de las autoridades. No obstante, para poder asistir, debe adecuarse a los protocolos y aguardar que los médicos le indiquen el horario para la visita.

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Cuando llega, se acomoda con su guitarra en un rincón del pasillo y se imagina a los pacientes, su público anónimo que está del otro lado de la pared. De a poco, las notas brotan de las cuerdas y la atmósfera aséptica del área de internación se cubre de una brisa fresca llena de sorpresa, esperanza y agradecimiento.

Jorge contó que, en su primera visita, llevó con él "una música que compuse en plena pandemia sobre el río en Neuquén que estaba lleno de cisnes y me dio la sensación de estar llevando ese paisaje desde mi guitarra a ese lugar, como dibujando el paisaje con los sonidos".

"Lo fuerte es que terminás de tocar y te aplauden, escuchás los aplausos desde diferentes lugares y no sabés quiénes son", describió con el orgullo de quien sabe que su arte llegó a destino.

Indicó que, en la visita con la que empezó los conciertos en el Castro Rendón, "esa primera vez, justo desde donde estaba podía mirar hacia una habitación con dos personas ahí internadas, que creo que estaban despiertas, y un señor con un respirador, un hombre mayor, me hacía con el pulgar como que le gustaba, así que le toqué unos tangos". Sin hablar, ambos conectaron y compartieron un viaje emotivo a través de las vibraciones que salían de la guitarra.

Jorge recalcó que se toma esta tarea "con mucha responsabilidad", porque es consciente del estrés de los médicos y trabajadores del lugar y del momento crítico de quienes están internados. Sin proponérselo, las visitas también produjeron una transformación en él.

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Así como inundó los pasillos de música, debió acostumbrarse a convivir con el escenario más fuerte de la pandemia. Confió que, "por el solo hecho de estar ahí, sos testigo del dolor y pienso mucho en eso, en cuánta gente quizás sea la última vez que escucha música".

En su visita más reciente, como ya dejan entrar a los familiares, algunas personas salieron de las habitaciones a verlo y le sacaban fotos o volvían con una sonrisa a contarles a quienes estaban internados que sí, que la melodía provenía de alguien que estaba tocando para ellos.

A Jorge le gusta pensar que quienes lo escuchan recuperan un momento de su vida que había quedado oculto entre el dolor, las preocupaciones y el paso del tiempo. Remarcó que "la música estimula la memoria a corto y largo plazo, trae recuerdos casi olvidados" y también te empuja a ser parte de una experiencia artística.

"Todavía no en el hospital pero sí en otros lugares, me pasó que vengan y te pidan un tema para tener un momento artístico, protagónico, y ponerse a cantar y es una vivencia sensorial, vibración pura, en la que salen un poco de esa realidad que están viviendo", puntualizó.

Jorge vive en Neuquén desde hace años y fue rector en la Escuela de Música. Estudió en General Roca y se especializó en Europa. Compone temas instrumentales, es docente y ofrece conciertos también en el sentido tradicional del término, esos donde el público está en una butaca y el artista, arriba de un escenario.

Señaló que, antes de esta iniciativa, fue en otras dos ocasiones a tocar al hospital: "en 2018 estuve por el Día Internacional de Lucha contra el SIDA y, en 2016, fuimos con un trío de música clásica".

Pese a su trayectoria, le encanta las interpretaciones fuera de los espacios convencionales porque lo ve como un aporte hacia los demás. "La música es mi compromiso y mi bandera", subrayó.

Sobre la experiencia en el hospital, indicó que quiere seguir con su arte para las personas internadas y que esta idea se replique entre otros colegas que deseen compartir también la música que hacen con un público imprevisto.

Razonó que, por lo que vive en estos días entre médicos, enfermeros y pacientes, "es inevitable que esto me deje algo y salga de acá alguna composición nueva, porque lo que componés tiene que ver con tu propia fibra, tus experiencias". Por eso, así como hoy deja su huella en muchas personas que lo escuchan, él también se llevará de regalo un aprendizaje, un nuevo sonido en su guitarra que lo acompañará para siempre.

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