Todo lo que hay que saber sobre el Bonarda (y cuáles probar)

La variedad ofrece algunos secretos que hay que entender para beber mejor. Además, te recomendamos 14 vinos que van de 100 a 800 pesos.

POR JOAQUIN HIDALGO / Especial

Todo el mundo tiene claro que el malbec es un vino sabroso y sin complicaciones, como también todo el mundo sabe que el cabernet sauvignon tiene un paladar más apretado. No muchos ubican, sin embargo, al bonarda, que ocupa un poco el punto medio. Un tinto que abunda en la góndola local pero que está a veces un poco desdibujado por diversas y a veces curiosas razones. En plan de llegar al meollo del asunto, a continuación todo lo que hay que saber sobre el bonarda.

La variedad

Envuelta en una larga confusión que fue desentrañada en 2009, bonarda es una uva de origen francés conocida en la zona de la Savoia, al pie de los Alpes, como Corbeau Noir. En nuestro país estuvo mezclada entre las uvas francesas hasta que fue llamada con el nombre de unas variedades italianas piamontesas, las bonardas. El entuerto fue finalmente resuelto por medio de estudios de ADN, y hoy la legislación internacional acepta bonarda o bonarda argentina como sinónimo de la variedad francesa. En nuestro mercado, sin embargo, nadie le cambió el nombre a una variedad que es clásica. Y la bebemos mucho aunque no lo sepamos.

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Dónde se cultiva

Clásica, dijimos, porque en rigor es la segunda variedad tinta más cultivada, con unas 18 mil hectáreas, detrás del malbec (que cubre 40 mil). Y si está tan plantada, ¿por qué continúa siendo una desconocida para el gran público? El grueso de las plantaciones están en Mendoza y San Juan aunque, visto en detalle, una zona de la provincia de Mendoza concentra un cuarto del total. Es el departamento de San Martín, cuya municipalidad, de paso, empuja al bonarda con degustaciones para público y prensa, como la que realizaron la semana pasada en Buenos Aires.

Variedad de ciclo largo, en general las zonas donde madura bien son cálidas, pero hay excepciones, como algunos rincones del Valle de Uco, donde ofrece un perfil diferente y atractivo.

¿Qué gusto tiene?

En las generales de la ley la bonarda es una variedad productiva, que aún cuando rinde muchos kilos, da buen color y perfil de aromas. Por eso se la usó históricamente para vinos de venta masiva y de corte. Pero es más que eso. Cuando madura bien, se distingue por un marcado aroma frutal y un siempre presente trazo herbal, como si fuese frambuesa con menta. Al paladar, si no está exigida –en términos de madera o sobreextracción–, da un tinto suelto, cordial, donde los taninos y la frescura son un dato menor y el gran cuerpo, en cambio, es la regla. Hay, sin embargo, bonardas de zonas frías y altas que resultan más apretadas en taninos, más verdes que frutales y con frescura más marcada.

Qué vinos probar hasta $250

A la hora de buscar bonardas hay muchos que están fuera del radar comercial, porque se consumen localmente en el este de Mendoza. Sin embargo, algunos para seguirles los pasos son Comienzo (2016, $100), Familia Morcos (2017, $120) con un toque de syrah, y Estancia Mendoza (2014, $125). Apenas más arriba, con un poco más de cuerpo en todo caso, Los Haroldos Estate (2015, $180) y Aguijón de Abeja (2017, $250), además de Dante Robino (2017, $221), Don David (2016, $232) y Chakana Nuna Estate (2016, $250). Todos ellos de un atractivo perfil frutado.

¿Y para darse un gusto?

Pero a la hora de invertir unos pesos para hacerse un mimo o para regalar, hay dos segmentos más arriba en precio de los que algunos vinos ameritan el gasto. Por un lado, en torno a los 300 pesos hay dos ejemplares que son pura frescura y paladar delicado: Colonia Las Liebres (2017, $326) y Vía Revolucionaria (2017, $290).

Por otro, el segmento que forman los íconos de la variedad, como Saint Felicien (2016, $434) y el precursor de los altos precios Nieto Senetiner Partida Limitada (2015, $780), que proponen tintos profundos, con cuerpo y complejidad de crianza, a los que se suman Emma Zuccardi (2015, $810) y El Enemigo (2015, $774), de paladar más suelto y elegantes.

--> A la conquista del precio

La bonarda siempre estuvo asociada a vinos baratos porque es una uva rendidora. Lo que demostró en 2002 el equipo de enología de Nieto Senetiner, con Roberto González a la cabeza, es que se podía elaborar un bonarda premium. Aquel vino, Nieto Senetiner Edición Limitada Bonarda, marcó un hito que hoy tiene muchos seguidores.

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