Para los niños de los barrios más postergados de Neuquén, el concepto de clases virtuales fue apenas una promesa. Sin conexión a Internet, la mayoría de los estudiantes de primaria y secundaria tuvieron un contacto nulo con sus docentes y sintieron el abandono por parte de la escuela. Por eso, son muchos los que aprovechan la oportunidad de recuperar parte de los conceptos olvidados en un taller de revinculación escolar que ofrece Barriletes en Bandada.
A partir del trabajo de tres operadoras voluntarias, la ONG ofrece espacios de encuentro desde el 11 de enero y en estricto cumplimiento de los protocolos para evitar la propagación del coronavirus. Así, formaron grupos de 9 niños que rotan en días y horarios, con el objetivo de satisfacer una demanda creciente de tres tipos de talleres: uno de reciclaje, otro de elaboración de cremas y otro de refuerzo de la lógica y la alfabetización.
Claudia Perez es directora de escuela jubilada y la coordinadora de este último taller. Aunque sus encuentros exigen que los niños y adolescentes se concentren en tareas de lógica y estudio, la mujer voluntaria asegura que los niños no se pierden de una sola clase y están ansiosos por concurrir, con el objetivo de encontrarse con sus pares y sentirse otra vez escuchados en un espacio de taller.
"Los chicos se sienten muy abandonados, en estos barrios los chicos no tenían Internet y nunca tuvieron un llamado o alguna noticia de sus docentes", expresó Perez sobre los grupos con los que trabaja, que son de Gran Neuquén, Cuenca XV, San Lorenzo y Atahualpa, en el oeste neuquino. "Muchos están en el limbo, no saben si pasaron de grado y tienen tareas pendientes que no pudieron entregar por falta de Internet", aclaró. Por eso, ella imprime las tareas, las completan en el taller y luego las escanea en su casa para enviarlas a los profesores.
La falta de clases presenciales por un año tuvo un efecto adverso en la alfabetización. "En este espacio trabajamos la vinculación con el lenguaje formal y encontramos que hay chicos de tercer grado que todavía no saben leer", dijo y agregó: "Recién están empezando a reconocer las letras".
Para la operadora de Barriletes en Bandada, el rol de las clases presenciales tiene un peso importante tanto en la generación de contenidos como en la parte emocional. "Los niños están muy silenciados, en la escuela tenían la posibilidad de formar su opinión, de decir lo que pensaban, pero con todo lo que pasó en sus casas el año pasado, ya no circula la palabra", reflexionó.
A la sensación de abandono se suma la vergüenza. "A los chicos de secundaria les da vergüenza admitir que no recuerdan contenidos básicos de la primaria", dijo. Sin embargo, reconoció que "los contenidos están pero dormidos" porque "ni bien los empezamos a trabajar, los pueden recordar". En ese sentido, afirmó que la falta de práctica es la que hace que se olviden de estas temáticas.
Perez aseguró que los contenidos no dados el año pasado no se pueden recuperar. "Estamos viendo la forma de cómo la escuela puede subsanar ese tiempo perdido, pero no se puede hablar de recuperación", indicó. También hizo hincapié en la falta de clases de música, plástica y educación física, que cumplen un rol fundamental en la formación de la subjetividad de los niños y adolescentes. "Además de los contenidos teóricos, la formación en artes es muy importante", recalcó.
Según explicó, las familias de esos niños de barrios más humildes no pudieron acompañar a sus hijos en el proceso de clases virtuales porque no tenían los recursos y porque faltó claridad por parte del Ministerio de Educación sobre cómo debían proceder. En ese contexto, aclaró que es necesario que la escuela "vuelque la mirada hacia la familia, hacia la comunidad" para ejercer una escucha activa que permita acompañar a los niños y adolescentes después de un año atípico y difícil.
"Estamos trabajando la revinculación con la escuela, para ellos es importante que la escuela sepan que ellos están ahí, que ellos existen", dijo la operadora y aclaró que entre los niños y adolescentes notan una gran ansiedad por volver a encontrarse y a ser parte de la escuela. "Los más grandes no quieren levantarse de la mesa porque tienen muchas tareas sin completar, y los más chicos se acercan a preguntar cuándo les toca", expresó.
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