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Tres comercios históricos se fundieron en pandemia

Las restricciones impuestas para frenar al coronavirus, planteó la necesidad de reinvertirse para poder seguir. Algunos no pudieron. Arlequín, Bolacero y Donato bajaron sus persianas en plena crisis.

El 20 de marzo del 2020 se confirmó que el virus ingresó a la Provincia. Durante los 365 días restantes, el COVID no solo afectó la salud de cientos de vecinos sino que atacó a los bolsillos de los comerciantes.

De la cantidad de locales que se debieron reinventar para poder continuar, hubo tres históricos que no lo lograron. Cada uno por situaciones particulares, pero todos serán un espacio que muchos neuquinos extrañaran.

Bolacero, el pool que perdió

Si bien en cuestión de años no es el pool más antiguo de la ciudad, su ubicación fue durante los 18 años de existencia el lugar en donde todos los gastronómicos del centro de la ciudad se reunían cuando los restaurantes cerraban. “De lunes a jueves teníamos ese público y los findes también, pero siempre alguien se sumaba”, aseguró Alvaro Arangueren, uno de los dos dueños.

Este local abrió sus puertas en el 2002 en la calle Carlos H. Rodríguez 90, gracias al padre de Alvaro, Jorge “Pancho” Aranguren. “Hace ocho años que murió y nosotros nos hicimos cargos”, explicó.

El comercio tenía su clientela fija y era “un pequeño club de gastronómicos”. Después del 20 de marzo que se decretó el aislamiento, los comercios se cerraron, el dinero no ingresó y el alquiler y los costos fijos “seguían juntando”.

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Ante la necesidad de buscar reinventarse, tanto Alvaro como su hermano, el otro dueño, decidieron comenzar con el delivery de comidas y luego se pusieron a vender elementos de limpieza. “Pero ni así alcanzó, no nos cerraban los números”, dijo.

Al principio llegaron a un acuerdo con el dueño del local, pero los ingresos no eran los esperados y los primeros días de noviembre decidieron cerrar definitivamente Bolacero.

“Me sigue encontrando con clientes. Imagínate que durante 18 años pasamos de tener una clientela juvenil y después se fue haciendo más de la gente y siguieron viniendo. Vimos crecer a muchos y con otros crecimos junto a ellos”, aseguró Alvaro.

Una vez que cerraron la atención al público, pidieron un tiempo a la propietaria del lugar y comenzaron a vender todo. “La primera de las cinco mesas de pool la vendimos rápido. Pero con las otras cuatro no sabíamos qué hacer y pasó algo muy energético. Ya teníamos que dejar el local y el 10 de diciembre, el día del cumpleaños de mi viejo, vino un chabón de Vista Alegre y se llevó todas las mesas”, contó con emoción.

Así juntaron algo más de dinero para llevar las cuentas a 0 poder sacarse otro peso de encima. “Es que sino teníamos que alquilar algún galpón para llevarlas y era una logística importantes”, planteó.

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El local estuvo durante enero sin uso y las últimas semanas de febrero abrió una fábrica de muebles. El comercio, que está a metros de Carlos H.Rodríguez y la diagonal Marcelo T de Alvear, dejó de ser el club de amigos y se convirtió en un nuevo local, con las mismas esperanzas, pero destinados a cubrir otras necesidades.

Donato: el virus se comió a un histórico

La tradicional confitería Donato, por la que durante décadas pasaron miles de neuquinos y se presentaron centenares de espectáculos artísticos, finalmente cerró sus puertas a finales de junio del 2020.

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Donato había abierto sus puertas a mediados de la década del 80. Durante los primeros años fue el lugar elegido de la gente joven y se convirtió en un espacio de encuentro para miles de adolescentes.

Sin embargo, a los pocos años, la clientela fue cambiando. Durante más de una década, los habitués del café comenzaron a ser distintas personalidades del ambiente político, judicial y empresario de la ciudad de Neuquén, aprovechando la proximidad con la radio LU5, que se encontraba justo en la esquina de enfrente.

Según describió Mario Cippitelli, era común –especialmente en horas de la mañana- que muchos periodistas de medios gráficos y radiales concurrieran a la confitería para lograr entrevistas y buscar material sobre las novedades que surgían de boca de los protagonistas. Hasta se llegaron a realizar distintos programas radiales en vivo.

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En horas de la noche, Donato mantenía una clientela compuesta mayoritariamente por gente grande y, durante los fines de semana, ofrecía algunos espectáculos musicales para ese target de consumidores.

Arlequín, la juguetería que se aburrió

A través de las redes sociales, anunciaron el 14 de enero que “después de 44 años, la primera juguetería de Neuquén, Arlequin, cierra sus puertas. Es triste, pero nos superó la situación”.

“La decisión del cierre se dio como resultado de un cúmulo de factores, tales como el fallecimiento de unos de los fundadores, que era mi padre; sumado al pago del alquiler, sueldos que supimos afrontar con la ayuda del Gobierno y que ahora desapareció”, expresó al momento del cierre Soledad Arias, hija de los fundadores, quien estuvo cargo de su administración en los últimos cinco años.

Contó que sus padres, Ricardo Arias y Nora Ghiberti, inauguraron juntos la juguetería en diciembre de 1976. Hace unos cinco años se habían jubilado, y ella se hizo cargo de la administración junto a su marido, a pesar de que ambos cuentan con otras profesiones que ocupan gran parte de su tiempo.

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“Ellos eran el alma de la juguetería Arlequín. El fallecimiento de mi padre hace unos meses, tras batallar contra una larga enfermedad, fue un golpe importante, si bien ya no estaba al frente del local”, describió Soledad.

Cuando heredó el comercio familiar, la situación económica no era la mejor, pero era otro tiempo. Los cambios en las formas de comprar de los últimos años también la llevaron a tomar la decisión de bajar la persiana.

“Ahora es más fácil sentarse detrás de una computadora y comprar en Mercadolibre, o más barato ir a un hipermercado, que ofrece más ventajas al comprar a otra escala, que lidiar con el tránsito, buscar estacionamiento y pagar por estacionar”, señaló la comerciante.

La pandemia los sorprendió “para mal”, como a todos los comerciantes chicos que no cuentan con espalda financiera suficiente para sobrevivir tanto tiempo sin actividad.

Destacó que, desde el principio de la pandemia, la propietaria del local comercial, ubicado en Avenida Olascoaga 355, se mostró comprensiva con la situación. “Nos dijo que pagáramos el monto que pudiéramos y eso hicimos. Ella vive del alquiler del local y el acuerdo tenía que ser conveniente para ambas partes. Estuvo muy bien, diferente a otros propietarios que, en cambio, les pidieron a los inquilinos que desalojen”, agregó.

Dijo que nunca estuvo presente la idea de cerrar antes de los acontecimientos del año pasado, como fue la muerte de su padre y la crisis económica por la pandemia. Cuando finalmente se decidieron, recibieron el apoyo de su madre.

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A su vez, sostuvo que prefiere cerrar a vender el fondo de comercio, que dada la coyuntura tampoco le parece viable. “No quiero pasar y ver que sigue bajo otro dueño, que no está cómo la teníamos. La Juguetería Arlequín es de la familia Arias y así quiero que la recuerden. Lamentablemente, cumplió un ciclo”, añadió su dueña.

En agradecimiento a clientes y amigos que estuvieron acompañándolos tantos años, ofrecerán todos sus productos a mitad de precio durante el mes de enero. A principios de febrero entregarán las llaves, pero liquidarán lo que les quede a través de su cuenta de Facebook.

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