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Tuvo tres "prematuros extremos" y ahora comparte su experiencia de vida

Se trata de Mariana, quien también perdió otros cuatro embarazos. "Sufrí, lloré y me emocioné... es una montaña rusa y los hijos tienen la última palabra".

Son segundos. Segundos que parecen borrar de un plumazo, la alegría, la esperanza y la espera, paciente y tan deseada, de meses y meses que sobrevienen tras escuchar una única palabra que suena muy fuerte: "positivo".

Son segundos en los que todo se define, en los que la vida y la muerte se encuentran, realmente, cara a cara. Y cuando parece que hasta "un suspiro" puede cambiar la escena. La vida de los bebés prematuros -aquellos pequeñitos que se apresuran a salir de la panza de su mamá-, y la de sus madres y padres, es difícil desde el comienzo.

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Un camino duro y muy angustiante, en la gran mayoría de los casos. "Te preguntás por qué. Por qué un ser tan chiquito y frágil tiene que empezar a vivir así... y de a poco, hay que ir buscando respuestas para salir adelante", cuenta una mamá que crió sola al pequeño (hoy gigante) Agustín, desde que llegó al mundo hace 13 años con apenas 558 gramos.

"Las agujas, las sondas... el no poder verlo... todo te duele. Duele porque decís 'por qué no me lo hacen a mí, por qué no me toca a mí... Y es muy duro. Uno se prepara para otra cosa. Para verlo crecer dentro de la panza, donde está bien, está seguro. Pero de un segundo a otro todo cambia”.

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"Cuesta -continúa Marcela- pero todo pasa... después cuando día a día te dicen subió 10, 15 o 50 gramos... o que abre sus ojitos... te volvés loca de la alegría. Y ni te digo cuando te dicen 'te vas de alta'... Pero es una vida entera de recuerdos, de cuidados”.

La Semana del Prematuro, que se conmemora en estos días de noviembre, sirve para eso. Para hablar sobre el tema, para que otras mamás y papás compartan sus experiencias y para "prevenir". Porque si bien que un bebé nazca antes de término y, a menudo, con muy bajo peso se debe "a causas multifactoriales" y muy diversas, explica Fernanda Scavo, trabajadora social integrante del equipo interdisciplinario de Adanil que brinda atención a prematuros, son muy importantes los controles en el embarazo, los cuidados y chequeos de rutina. Algo que en pandemia "se complicó" pero que no se perdió de vista.

Las historias son miles y miles y, en estos días, recorren las redes. Y siempre emocionan. "Así nació Martina.. que hoy tiene 3 años", "yo lo pasé con Martín, que se aferró a este mundo con apenas 800 gramos y pico...", las fotos de pequeños gurrumines en las incubadoras, rodeados de aparatos y cuidados del personal de Salud y compartir las vivencias "siempre ayuda", coinciden. Pero a veces, también duelen porque son muchas, también, las que no tienen final feliz. Esta es una de las principales causas de mortalidad infantil en la actualidad.

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"Uno se interna con su bebé y vive en 'la Neo' ahí te hacés amigas, compañeras... y también ves el sufrimiento: mamás que recién pudieron agarrar a su bebé después que murieron... es terrible", cuenta Mariana.

Mariana es Mariana Morales, una mamá de "prematuros extremos", tal como ella mismo lo define y sonríe... (hoy!). Mamá de tres prematuros. Tres bebés que marcaron su vida y la de su familia con un sello único.

Vivió meses y meses "con días eternos" en las salas de Neonatología -del hospital de Roca en dos casos y en un centro privado-, pasó "neumonías", operaciones de corazón en los pequeños con apenas un kilo y pico de peso, "resucitaciones" de emergencia y también operaciones de la vista con láser para sanar las "retinopatías" que suelen ser frecuentes en los bebés nacidos antes de término. También tuvo que aprender a convivir con diagnósticos fríos y terribles, tal como "tu bebé tiene muy pocas chances de vida...".

"Estar ahí es como estar en una montaña rusa, hubo días que sentía que se iba, otros en los que aparecía la esperanza... pero a veces llega un momento que decís 'no quiero verlo sufrir más'... con todo el dolor del alma". "Estar ahí es como estar en una montaña rusa, hubo días que sentía que se iba, otros en los que aparecía la esperanza... pero a veces llega un momento que decís 'no quiero verlo sufrir más'... con todo el dolor del alma".

"Ernestina nació de 32 semanas, con 1600 grs., estuvo 40 días internada. Hoy 15 años!! Bella siempre! Salvador nació con 24 semanas, 800 grs, 132 días internado, dos años de oxigeno. Hoy 8 años! Genio total! Victoria! 27 semanas, 900 grs., 99 días internada, un año de oxigeno. Hoy 4 años! La pequeña y fuerte Viki!", publicó en las redes por la Semana del Prematuro.

Mariana (41) elige contar su historia y, siempre que puede, se ofrece para ayudar a otras mamás. Fue diagnosticada con "útero bicorne" y perdió 4 de 7 embarazos.

"Me dijeron solo que mi útero tiene como un tabique en el medio y tiene como forma de corazón, entonces no deja espacio para que crezca el feto, pero esto me lo dijeron mucho después. Cuando uno se embaraza, nadie te habla sobre estos riesgos, sobre la posibilidad de tener un prematuro y lo que esto significa", comenzó diciendo. "Para mí fue un shock y me marcó para siempre. Hoy veo una incubadora y lloro".

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La primera de sus nenas, Ernestina nació con 32 semanas y la mayor parte de su embarazo lo vivió en reposo. "Pero ella no tenía tanta complejidad... igual vivía en San Antonio y como era embarazo de alto riesgo me mandaron a Roca. Pero con mi segundo hijo... las pasé todas".

"Salvador nació con 24 semanas cumplidas. Estuve semanas internada con la bolsa fisurada para que pueda llegar a ese tiempo porque me decían 'si nace antes, se va a morir, no es viable. Fueron días de contracciones, de sufrimiento y terminó naciendo en mi habitación... pesó 840 gramos y recién pude conocerlo días después. Estaba todo conectado... no daban chances de vida, pero yo siempre supe que iba a salir adelante".

- ¿Cómo vívías el día a día?

- Y... es muy duro. los días son eternos. Todos son críticos, en el caso de Salvi todo era grave. Cuando lo vi por primera vez fue una impresión tremenda... lleno de mangueras de agujas, tan chiquito y con la piel super finita, que se parece a la piel de nuestros labios... y no lo podía tocar. Te dicen que no puede tener nada de estímulos porque le puede hacer mal... y no sabés qué hacer. Te acostumbrás a hablar con la incubadora. Él la pasó muy mal, tuvo neumonía un par de veces, meses y meses en terapia intensiva, más de dos meses con respirador, y cuando tenía alrededor de 1, 400 kg de peso lo operaron de una válvula en el corazón. Siempre fue de alto riesgo... y nos cambió la vida, a mí, a mi marido Hugo y a Ernestina, que prácticamente quedó sola... cuando él llegó".

"Ni idea lo que era un bebé prematuro. Nunca me hablaron en el consultorio… pero quién te dice qué es lo natural, lo normal. En la consulta con la obstetra deberían informar, porque cuando te pasa es un shock, un trauma… Yo veo una incubadora y me largo a llorar". "Ni idea lo que era un bebé prematuro. Nunca me hablaron en el consultorio… pero quién te dice qué es lo natural, lo normal. En la consulta con la obstetra deberían informar, porque cuando te pasa es un shock, un trauma… Yo veo una incubadora y me largo a llorar".

Mariana pasó de tener "una vida" donde cocinaba y vendía para vivir, trabajaba de moza o "lo que saliera", a tener otra. Una vida "diferente" donde "tomaba como un trabajo, con horarios, responsabilidades" ir al hospital y cuidar a su hijo. "Imagináte... con Salvi entramos en agosto al hospital y nos dieron el alta un 7 de enero... del año siguiente".

"Estar ahí es como estar en una montaña rusa, hubo días que sentía que se iba, otros en los que aparecía la esperanza... pero a veces llega un momento que decís 'no quiero verlo sufrir más'... con todo el dolor del alma".

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Pero Salvador se consagró como un "guerrero" y de a poco fue "saliendo". "Nos fuimos a casa con todos los cuidados, dos años de oxígeno y aislamiento. Para mí esta pandemia es 'pan comido'", ríe Mariana. Tras el alta, el pequeño tuvo que ser sometido a una operación en los ojos por una "retinopatía del prematuro".

La prematurez es una de las principales causas de mortalidad infantil. La prematurez es una de las principales causas de mortalidad infantil.

Y la tercera de la familia fue Victoria. "Fue todo calcado a Salvador. Victoria nació con 27 semanas, con 900 gramos. Y reviví todo. La operaron, muy chiquita del corazón, también me decían 'se puede morir'. Estuvo mal Vicki pero yo la veía mejor y sabía que todo era posible". Pasó 99 días internada, y luego a casa. "Fue emocionante solo llegar porque recién ahí la conocieron sus hermanos" hoy son mis grandes compañeros de vida.

- ¿Qué les dirías a otras mamás que están pasando por esto, cómo lograr esta fortaleza?

- Y que acá no hay secretos. Cada uno lo vive como puede. El secreto está en cada uno de nuestros hijos, ellos tienen la última palabra. Los padres, las madres, lo único que tenemos que hacer es tener fe en ellos porque a pesar de verse tan frágiles son muy fuertes. Tener fe en que su hijo va a salir adelante y nunca darse por vencido".

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