Un caso que no hay que olvidar

El doble femicidio de Karina y Valentina, en Las Ovejas, a mano de Lorenzo Muñoz, es una marca a fuego que debe estar siempre latente en la cabeza de los funcionarios judiciales y policiales que intervienen en casos de violencia de género.

Ni la destitución del fiscal Ricardo Videla ni la sanción al juez Carlos Choco alcanzan, porque ambas fueron asesinadas por la burocracia del sistema que suele subestimar estas problemáticas.

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Y si bien por este doble crimen ya rodó una cabeza dentro del poder judicial, nadie puede olvidar que la Policía estuvo a cargo de una búsqueda desacertada que se extendió 23 días para encontrar a un asesino que se suicidó a las pocas horas de arrebatarles la vida a Karina y a Valentina.

Karina y Valentina son, de ahora en adelante, una marca a fuego para el resto de los funcionarios judiciales.

En el ámbito judicial y policial se debe dar celeridad a las denuncias que ingresan para que se proteja adecuadamente a las víctimas. Pero no sólo me refiero a los funcionarios responsables, sino también a los administrativos que están en la trinchera. En el poder judicial –y esto lo puede ir a vivenciar cualquier ciudadano– se hacen las 14 y salen todos los empleados del edificio como si se hubiese disparado la alarma de incendio. Hay casos que requieren un plus de trabajo porque hay vidas en juego y es necesario que esos empleados también lo transmitan a sus superiores.

Pero también es necesario que la Justicia les marque la cancha a los agresores que violan las medidas de restricción de acercamiento. ¿Cuándo van a castigar estos atropellos por parte de los violentos? Sobran ejemplos de tipos que golpean, abusan o matan a sus ex parejas tras violar una restricción porque saben que no pasa nada. A esto también hay que decirle basta.

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