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Un científico neuquino premiado en Europa por su trabajo

Guillermo Requena egresó de la Universidad del Comahue y dirige un laboratorio en Alemania. Sus hallazgos en metales se aplican tanto en cohetes como en autos.

Guillermo Requena tiene una vida de película, de esas que inspiran a los que lo conocen. Egresó como ingeniero en la Universidad Nacional del Comahue, fue a hacer un posgrado de tres años en Europa y se quedó dos décadas allá. Hoy es un científico brillante y el primer argentino al que le otorgan la medalla Tammann como premio a su carrera. Dirige un laboratorio en Alemania en el que trabaja con la microestructura de los metales y sus hallazgos se aplican tanto en cohetes espaciales como en muchos de los autos que hoy circulan por Neuquén y el mundo.

La medalla Tammann se otorga una vez al año a científicos consagrados dentro del estudio de los materiales, que tengan a cargo equipos de investigación. Requena no sólo es el primer neuquino, sino también el primer argentino y sudamericano en lograr esta distinción. Es un premio al mérito, que no tiene que ver con postularse en una competencia, sino con que el resto de los colegas reconocen una trayectoria ejemplar.

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"Vine a hacer un doctorado gracias al contacto de un profesor de Neuquén con Austria, con la idea de estar tres años y volver a Argentina y 20 años después sigo acá", contó divertido Requena a LMN, desde su casa en la región de Renania, en el oeste de Alemania.

Allá, trabaja en el Centro Aeroespacial Alemán con 20 científicos a cargo y es profesor en la Universidad RWTH Aachen.

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-¿Cómo es el trabajo en el laboratorio?

-En el Centro, dirijo un departamento y ahí desarrollamos materiales para el transporte aeroespacial y también automotriz. Hacemos lo que se llama manufactura aditiva, impresión 3D de metales y, así como uno cuando va al doctor se hace una tomografía, es exactamente lo mismo pero, en lugar de un pulmón o corazón, con esa misma técnica miramos dentro de los materiales, que requieren otro tipo de equipos y energías.

- ¿Crean materiales nuevos?

-Tenemos dos campos. Uno es la optimización de materiales, donde trabajás con un material que ya existe pero todavía no funciona de la manera adecuada y nosotros investigamos qué podemos hacer para mejorar la resistencia mecánica o térmica y demás. El otro es el desarrollo, que es hacer materiales nuevos que no existían para una cierta aplicación, como puede ser un cohete, donde sabemos que tendría que tener ciertas propiedades.

-¿Serían aleaciones?

-En realidad, el acero o aluminio nunca son puros, en el 99 por ciento de los casos es probable que tengan al menos cinco elementos químicos diferentes: cobre, magnesio, silicio, etcétera. Para nosotros, eso es una aleación y cambiar esos elementos es una ciencia en sí porque no es solamente saber qué elementos tener sino cómo procesarlos, el tratamiento térmico o velocidad de enfriado para que suceda algo en el interior de ese material para que nos de lo que necesitamos.

-¿Y eso se aplica en los autos que usamos acá?

-En el centro aeroespacial, trabajamos muy a la par de la industria en nuestros proyectos de investigación y desarrollo. Por eso, es muy probable, si tenés un auto relativamente nuevo, que tenga alguna aleación dentro del motor con la que nosotros hayamos tenido que trabajar. Porque tenemos algo que se llama madurez tecnológica con un número que va del 1 al 9. El 1 significa la idea de un material nuevo, el 2 es una primera investigación, el 3 producir alguna probeta o tamaño y el 9 es un producto que vuela hace años. Llegar del 1 al 9 puede durar una década o más. Por eso, en ciencia aplicada, definís en qué rango te movés; por ejemplo, que tu proyecto comience con una madurez de 2 y llegar a 4.

-¿Imaginó algo de esto el día que egresó de la Universidad del Comahue?

-Cuando me recibí , mi proyección era muy básica, pero la idea que siempre tuve clara era hacer investigación y desarrollo. Mi intención nunca fue dejar mi país para siempre, sino que hubo una sucesión de cosas que me llevaron por este camino. Como estudiante, en Neuquén, incluso trabajé un año y medio en el laboratorio de materiales, pero en ese momento no pensaba seriamente en ser un científico, ya hacer el doctorado era lo máximo para mí y, al llegar acá, me enteré que el doctorado era apenas el comienzo. Hoy vivo acá con mi familia, dos niños y mi esposa austríaca.

-¿Volvió a Neuquén o Argentina en estos años?

-Desgraciadamente, mucho menos de lo que me hubiese gustado. La última vez que estuve en Argentina fue en Neuquén en 2014, por cuatro o cinco días, porque me habían invitado a dar clases y, como estaba en Chile, pasé por acá. También teníamos pensado ir el año pasado, justo un mes antes de que empiece la pandemia.

- ¿Qué dicen los colegas de acá de este logro?

-Los que se enteraron de Neuquén, me escribieron para felicitarme y también tengo un par de colegas que volvieron a Argentina y estuvieron en Alemania. Es increíble porque hay una lista de toda la gente que ha ganado el premio en los últimos 20 o 30 años y el 99 por ciento son nombres alemanes. Por eso, me sorprendió cuando me lo dieron. Pasé a formar parte de ese grupo y hasta se me ocurrió que se habrían equivocado porque es un premio para gente que ya está muy establecida dentro de nuestra comunidad, muy conocida, y no había ni un argentino ni un sudamericano ahí.

-¿Dónde va a guardar la medalla?

-Tengo el homeoffice en el ático de casa, con mi oficina ahí y lo puse al lado mío. No sé todavía en qué lugar lo voy a tener. La medalla Tammann se la dan en general al que está terminando la carrera, como un moño al final, pero a mí me quedan como 20 años todavía para seguir.

-¿Qué proyecta en su carrera hacia adelante?

-Desde lo técnico, hay muchas cosas para hacer en impresión 3D de metales, que es un mundo nuevo con muchos desafíos científicos y tecnológicos y, con los métodos que yo aplico, no somos muchos lo que lo hacemos y es un montón de potencial.

Desde lo más personal, pero también laboral, quiero seguir fomentando a los jóvenes que recién están comenzando y cuando dije que quería volver a Argentina era para dar clases. Una de mis grandes pasiones es ser mentor de la gente que está recién empezando porque, si bien me quedan 20 años todavía, por otro lado tengo 20 años de formación con los que adquirís cierta rigidez y el aire nuevo no lo voy a traer yo, sino los que hoy empiezan sus doctorados. Quiero abrirles las puertas para realizar sus sueños.

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