Pablo Montanaro - [email protected]
“Mi nacimiento fue bien callejero”, explica Guillermo Gómez sobre su llegada al mundo, el 30 de marzo de 1996, cuando el taxi en el que iba su madre no alcanzó a llegar al Policlínico Neuquén y su padre tuvo que oficiar de partero. Con este antecedente no podía esperarse otra cosa que una fuerte vinculación del pequeño con las calles de su barrio, Gran Neuquén Sur, donde se lo podía ver corriendo detrás de una pelota de fútbol. Sus primeros años coincidieron con la creación del Club Social y Deportivo Estrella del Norte, con el que Guillermo mantiene una fuerte relación en la actualidad.
A los 8 comenzó a practicar fútbol en Estrella del Norte por el solo hecho de competir con su hermano Gonzalo, once meses mayor que él. “Mi hermano era el que jugaba bien, el habilidoso, entonces yo lo marcaba, intentaba sacarle la pelota y así me fui haciendo un metedor, un aguerrido”, describe.
Ese predio cubierto de tierra y piedras, emplazado en José Buffolo y Primero de Mayo, se convirtió en su lugar en el mundo. “No solo iba a jugar sino también a correr, a entrenar, a caminar y a pensar, incluso muchas veces estudié ahí”, dice el joven, que además de desarrollar numerosas actividades para impulsar el deporte comunitario y de índole solidaria, cursa el tercer año del profesorado de Educación Física en el Instituto de Formación y Estudios Sociales (IFES).
“Siempre sentí placer por el deporte y así pude desarrollarme como ser humano. Exploté mis condiciones y mis capacidades y también me he rodeado de personas de bien que me han dado oportunidades”, explica.
El sentido de pertenencia con el club es tal, que muchos de los chicos que alguna vez jugaron al fútbol en ese potrero hoy se convirtieron en profesores de las divisiones inferiores. Guillermo no podía ser la excepción, y en la actualidad entrena a los chicos de las categorías 2011 y 2012, además de formar parte de la comisión directiva del club, al que considera una “escuela de barrio”.
Al club llegan todos los días chicos de 5 a 18 años provenientes de diversos barrios del oeste como Z1, Cuenca XV y Toma Norte. “Llegan con realidades diferentes y eso puede ser una ventaja para trabajar con lo que es la diversidad, porque estos chicos tienen el papá carpintero, carnicero, abogado, contador, pastor. Es generar y construir algo de unión por los distintos estratos sociales y que apunta a que todos puedan participar y conocerse”, explica Guillermo, quien estudió la primaria en la Escuela 61 y egresó de la EPET 5 como Técnico Químico.
Una de las cosas que más le sorprende de los chicos que concurren al club “son sus preguntas de para qué hacen y por qué hacen las cosas que uno les propone, que pueden ir desde los ejercicios, la vestimenta o cosas de la higiene y que tratamos de inculcar”. Y agrega que es muy importante que “los chicos le den confianza a alguien, a un referente, porque quizás por las realidades que viven en sus casas no lo tienen. Uno se da cuenta de que tiene que lidiar con más cosas que desde el hogar no se hacen”.
Considera que el deporte social y comunitario es de una importancia fundamental en estos tiempos que vivimos. “Espacios como estos sirven para mostrarles a las personas diferentes posibilidades de realizar cosas y que no todo está perdido o que el mundo los excluye o discrimina por el lugar en el que viven. Los mismos padres no tienen tiempo para nada, pero este espacio sirve para conectarse y desarrollarse también”, comenta.
Una de las consignas que impulsa el joven que vive con sus padres en Gran Neuquén Sur es que “el esfuerzo vale”. “Tratamos de explicarles los valores, el buen vínculo que deben tener con los otros, la elección de las amistades. Pongo como ejemplo una metáfora deportiva con relación a que cuando no se te dan los resultados como lo esperabas, lo que hay que tener en cuenta es cómo jugaste ese partido”, sostiene.
Dice que muchos son chicos que se forman solos. “Lo hacen con lo que pueden, viven el día a día en las calles, no tienen amparo, entonces nosotros tratamos de abrigarlos, y ellos lo saben, lo sienten y lo agradecen”.
Hace unos meses atrás fue elegido delegado olímpico de la provincia para asistir a una Academia Olímpica con el objetivo de fomentar valores olímpicos como el respeto, excelencia, fe y superación.
Es un ejemplo de voluntad, esfuerzo y dedicación para cambiar la difícil realidad que transitan en este tiempo muchos chicos y jóvenes de los barrios más postergados. Por eso reparte sus días en múltiples actividades. Cuando termina de cursar en el IFES, se acerca hasta Villa Ceferino, donde brinda clases de Educación Física en un hogar donde residen chicos judicializados, y a partir de las 18:30 entrena a los chicos de Estrella del Norte. También prepara en Ciudad Deportiva a las chicas del equipo de fútbol femenino y los viernes participa de un programa deportivo en una radio.
Los fines de semana dirige a los chicos del club, prepara a un grupo de patinadoras de 5 a 18 años en el Polideportivo de Cuenca XV y además de oficiar de árbitro en la liga comunitaria, se pone los botines para jugar con sus amigos un torneo de fútbol.
LEÉ MÁS
Se anotaron 100 ingresantes por hora en la UNCo
Un prefecto se tiró al agua y rescató a una mujer que era arrastrada por el Limay
Te puede interesar...












