Un merendero que ofrece más que una taza de leche

En Toma Norte, una familia lo habilitó en el patio de su casa.Tiene colaboración de la Policía.

Neuquén.- Hace tres meses que trabajan a pulmón en un merendero que formaron en el fondo de su casa. Patricia y María son tía y sobrina y proyectaron un espacio para que los chicos que transitan por las calles de Toma Norte tomaran la leche después de la escuela. Aunque los políticos les dieron la espalda, fue la comisaría del barrio la que se organizó para prestarles ayuda.

A las seis de la tarde, unos 30 chicos de entre uno y trece años llegan a un salón amplio en el fondo de la casa de Patricia Reyes. Allí, las dos mujeres preparan una leche o un té caliente en las ollas que tienen y les sirven una rebanada de pan, tortas fritas o pan dulce, según lo que consigan esa tarde.
"Algunas mamás nos hacen cosas dulces y las traen para el merendero, y otras veces cocino yo algo con mi marido", relató María. Ella y sus cuatro hijos se sostienen con los ingresos que tiene su esposo, que hace trabajos de jardinería. Cada peso que sobra lo destinan a comprar un poco de pan, harina o leche para los chiquitos del barrio.

Aunque a veces consiguen donaciones de panaderías, tuvieron que apelar la solidaridad de la población porque carecen de una firma que los avale como merendero.

Por eso, se las apañan con lo poco que reúnen entre ellas y una ayuda extra que les resultó fundamental: para probar suerte, llevaron una nota la Comisaría 18 y los policías decidieron reunir dinero y comprar cosas para ayudarlas.

Treinta: pibes de entre uno y trece años van al salón de la casa de Patricia Reyes.

Entre todos, es el comisario Cristian Sáez quien más colabora, ya que se acerca algunas tardes a las seis para llevar alimentos y saludar a los nenes. Ellos retribuyen con cartas y dibujos que decoran el despacho del oficial.

"Antes, muchos nenes le tenían miedo a la Policía porque en la casa los asustan y dicen que los patrulleros se los van a llevar cuando se porten mal", afirmó María. Ahora conocieron la otra cara de los uniformados, cuando les acercan un trozo de pan, que es parte de lo poco que comerán ese día.
Además de servir comida, el merendero Caritas Felices funciona como un espacio de contención para los menores de la zona. "Nos preocupaba ver chicos, sobre todo nenas de 7 u 8 años, que andaban solas por la calle porque justo en el barrio hay un descampado y puede pasar cualquier cosa", señaló María. Por eso, después de la leche, los niños se quedan un rato más para charlar y jugar a la pelota. También miran televisión y hacen dibujos y manualidades con algunos materiales que les donaron. Con la llegada del invierno, el frío le gana a la taza de leche que les calienta el estómago, pero sólo por un rato. Por eso, las mujeres confeccionaron "un roperito" con ropa y calzado donados, para que los chicos que lo necesiten se lleven alguna prenda.

Las madres de los nenes las saludan agradecidas cuando las cruzan por el barrio y colaboran con pan casero o una bolsita de azúcar. Sólo a veces, cuando van a buscar a sus hijos, se prueban las camperas o algún par de zapatillas infantiles, a ver si les entra algo para enfrentar el invierno.

Piden ayuda para seguir con el servicio

El merendero Caritas Felices funciona en Toma Norte desde hace tres meses y no cuenta con ningún tipo de subsidio de parte del Gobierno. Por eso, sus coordinadoras apelan a la solidaridad de la gente para poder abastecer a los chicos del barrio. "Lo que más necesitamos son ollas, tazas y mercadería, como harina o azúcar", señaló María, quien aclaró que sí recibieron muchas donaciones de ropa para el ropero comunitario.
Quienes deseen colaborar con el espacio pueden comunicarse con María al teléfono 154580257.

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