Un minuto de silencio por los muertos de las guerras. ¿Al lector le gustan las guerras? Seguramente no. A quien escribe esto tampoco. Pero las guerras van a existir hasta el final porque son una herramienta de la geopolítica. Linda palabra que en criollo describe a la cancha del partido por el ejercicio del poder. La geopolítica parece extraterrestre, pero está a cada rato de la vida. En la verdulería y la carnicería, por ejemplo, los precios van y vienen en línea con laas cotizaciones de los commodities del campo, que son las que fijan el precio de la tierra en la que se cultiva o cría la comida.
Los precios en los surtidores de los combustibles van y vienen según dictan los mercados internacionales del petróleo. Y el gas y la luz siguen al mismo tranco que aquel, en general.
Para desenganchar los precios del consumo local debe intervenir el Estado. Eso genera rechazos desde las elites que gozan la renta extraordinaria hasta las masas que alientan sus intereses.
La invasión de Rusia a Ucrania no es distinta a otras guerras. Mueren personas.
Ucrania y Rusia son fuertes jugadores en los mercados de la energía y los alimentos. Los precios de los dos rubros saltaron. En Argentina esto tiene efectos: la energía para calefaccionar el invierno va a ser carísima. El Gobierno pagará precios estratosféricos por el gas importado en barcos. A la vez, las petroleras que exporten tendrán niveles de rentabilidad nunca vistos en la historia, con el precio en su máximo y los costos siempre en baja. Lo mismo les sucederá a las cerealeras, mientras la presión inflacionaria sobre los alimentos locales no deje de subir.
Es la crónica de un porvenir anunciado, salvo que Alberto Fernández decida intervenir.


