Dios le da sus peores batallas a sus mejores guerreros y nadie lo sabe hasta que la vida y sus circunstancias los pone en la primera línea de combate. Tampoco nadie sabe su potencial de lucha y cómo utiliza sus armas y sus aliados para poder salir victorioso.
El COVID sabe de eso. Sabe de muchos triunfos pero también le duelen las derrotas. Y esas derrotas vienen de la mano de los gladiadores de la salud, pero también de aquellos que en la dificultad se erigen como gladiadores de la vida y luchan a brazo partido para ganar la batalla. Esta es la historia de una profesional de la salud a quien la pandemia puso en la encrucijada de su existencia: atender a su propio padre. Fue un momento único y no deseado pero que se tuvo que cumplir y presentar batalla.
A Anabella Cerna le tocó muy de cerca vivir y experimentar esta historia de gladiadores y milagros, teñida de dramatismo y dolor al principio y de alegría al final. “Jamás voy a olvidar ese 26 de abril cuando, casi finalizando mi guardia, me avisan que mi padre iba a ingresar a terapia intermedia, preparé su unidad como pude, lo recibí, lo acompañé en todo momento porque era la única que podía estar físicamente con él, y qué decir cuando me llamaron para avisarme que lo iban a subir a la intensiva para ser intubado. En ese instante supe que no iba a ser fácil, que se venía una gran prueba para nuestra familia. Me vestí, entré a la habitación y recuerdo sus palabras: ¡Tengo mucho miedo hija!. Fue un momento crucial", relató.
Anabella comentó que empezó a sentir en carne propia todo lo que venían viendo sus ojos hacía meses en el hospital área COVID, donde trabaja. “El dolor del virus se sentía más real que nunca, es como si me hubieran clavado mil cuchillos en el corazón y el alma”, relató angustiada. Los primeros partes médicos no fueron alentadores, sin embargo con el transcurrir de los días su padre fue presentando leves mejorías hasta que finalmente logró ser extubado y salir de terapia intensiva para una recuperación total.
Mi papá hoy es un milagro de Dios
Anabella reconoció inmensamente el esfuerzo de sus compañeros y amigos (enfermeros) de terapia intensiva, clínica médica COVID y terapia intermedia, camilleros, mucamos, personal de cocina que día a día dejan todo su esfuerzo y profesionalismo por cuidar y salvar vidas. También con su tremenda fe dice que “hoy su papá es un milagro de Dios”.
Aseguró que “quizás para muchos al leerlo suene incrédulo pero, cuando papá despertó del todo y se ubicó en tiempo y espacio pudo contarnos lo que vivió, él comentó que recuerda mi cara llorando cuando lo preparaban para llevarlo a terapia intensiva y que sintió mucho miedo, desde el dolor más grande de su alma nos confesó que él se había entregado porque no aguantaba todo lo que le estaban haciendo”.
La joven aclaró que si bien su padre estaba en coma inducido e intubado él en su "sueño" recuerda todo lo que tuvo que pasar. “Mi papá dijo que gracias a una enfermera a la que él llama Wiwi y dos médicas que lo visitaban todas las mañanas, le daban un beso en la frente y le decían: ¡Vamos Miguel, vos podés, sos fuerte, luchá, no te rindas! Así también él cuenta que veía una computadora con paisajes y música que le daba paz, el dice que fueron sus ángeles”, relató Anabella muy emocionada.
Por último, comentó que “el cuadro de mi papá también contó con el contagio de una bacteria intrahospitalaria, pero también pudo salvarse de eso. Él estuvo en coma inducido desde el 27 de abril hasta el 17 de mayo, donde fue enviado al servicio de cirugía y luego a una institución privada para terminar su tratamiento. Sin dudas demostró ser un gladiador, fuerte, paciente y para mí es un orgullo decir que soy su hija y que ese hombre es mi papá”.
Te puede interesar...
Leé más
Reforma laboral: la senadora Julieta Corroza se anticipó al retiro del artículo 44
Noticias relacionadas











