En 1972, bajo los auspicios de la ONU, se realizó en Estocolmo la primera gran cumbre global sobre el medioambiente. En la ocasión, 113 países se unieron para elevar y adoptar principios para una gestión ambiental “adecuada” en el entendimiento que la globalización terminaría pasando factura, tarde o temprano. Así nació lo que luego se denominó multilateralismo ambiental.
50 años después, las circunstancias dieron la razón a aquellas advertencias, aunque las cosas, a nivel ambiental, en el mundo superaron incluso las previsiones de los más escépticos.
Por esa razón, convocada por la Asamblea General de la ONU, se realizará el jueves y viernes próximos la cumbre Estocolmo+50. Allí, el mundo no solo celebrará el nacimiento del multilateralismo ambiental, sino que también se le presentará un momento para tomar las lecciones aprendidas de 1972 y ayudar a construir una hoja de ruta de acción climática para los próximos 50 años.
En marzo, ocasión en la que los estados miembros se reunieron para fijar el programa de Estocolmo+50, se observó que “estamos ante un triple desastre planetario. El cambio climático, la contaminación y los desechos, y la pérdida de la naturaleza y la biodiversidad amenazan los medios de subsistencia y la vida de miles de millones de personas”.
Estocolmo será la cumbre de un planeta contaminado y con un horizonte que no parece dar señales favorables a los escépticos, que, como en 1972, advirtieron la imperiosa necesidad de virar el rumbo, pero no para la dirección que, lamentablemente, se ha elegido.
Te puede interesar...










