Una eterna buscadora de justicia que mantiene sus proyectos

Sandra Rodríguez. Compañera de Carlos Fuentealba, asesinado en 2007 en medio de una protesta docente. Es maestra de grado y profesora de Artes Visuales.

Durante casi una década dedicó su vida a buscar justicia para Carlos Fuentealba. Hoy quiere reconstruir su vida y concretar todos sus sueños.
Es madre de dos hijas, Ariadna y Camila, de 18 y 23 años respectivamente, quienes siguen con sus estudios universitarios.

Ailín Trepiana
trepianaa@lmneuquen.com.ar


Neuquén.- Ella no sólo es una mujer trabajadora, sobre todo es luchadora y educadora. Por Neuquén, Sandra Rodríguez siente amor y odio al mismo tiempo, porque pasó sus peores y mejores momentos de la vida. En Buenos Aires nació y vivió hasta 1989, cuando, con 22 años, vino a Neuquén y dos años después se fue a San Martín de los Andes. Se enamoró del sur en su viaje de egresados y lleva más de la mitad de su vida en esta zona, pero no siente pertenencia por ningún lugar. Cuando está en la cordillera, se siente un poco de Buenos Aires y, cuando está allá, un poco de sí queda en Neuquén.
En la calle les enseñó a muchos y ahora anhela hacerlo por última vez en las aulas, antes de jubilarse. También quiere volver a conectarse con el arte, quiere viajar y tener su propio hogar.

La fotografía es su tarea pendiente, y se suma el deseo de escribir un libro, el de ella, el de su historia. También sueña con tener en sus brazos un nieto y poder hacer lo que no pudo con su hija más chica: leerle cuentos y jugar.

Una no rehace su vida, la reconstruye con los pedacitos que le quedaron", dice esta mujer que se reconoce terriblemente sensible.

"Con Carlos (Fuentealba) teníamos proyectos. No eran sueños, eran proyectos", recuerda, mientras revela los que sostiene en su presente.

Durante nueve años, la vida de Sandra Rodríguez pasó por la búsqueda de justicia tras el asesinato de su compañero Carlos Fuentealba, el 4 de abril de 2007, en pleno conflicto del gremio docente neuquino con el entonces gobernador Jorge Sobisch.

Hoy, con casi 50 años, ya no quiere que la causa sea toda su vida. Hoy pretende reconstruirse. El quiebre que se produjo ese 4 de abril fue para ella como "una metamorfosis".

"En todos estos años he aprendido a despedirme siempre un poco de Carlos. Siempre va a ser un amor en mi vida, pero ya no es el amor de mi vida porque no está. Esa es la realidad. Él va a ser siempre un amor en el plano del recuerdo".

"Decido ser siempre la compañera de Carlos y me gustan que así me digan, porque eso trasciende la relación de pareja, y te acompañó en las buenas y en las malas, y trasciende el presente".


Habla con firmeza y mirando a los ojos. Se reconoce como una mujer terriblemente sensible, que en el último tiempo ha intentado humanizarse para encontrar a la de antes. "Una no rehace su vida, la reconstruye con los pedacitos que le quedaron", explica con pocas palabras después de años de dolor inconsolable que cargó en su espalda, sobre la que siempre asoman heridas.

Para Sandra fue estremecedor marchar el 4 de abril de 2008 junto a su mamá y su papá, que llegaron a Neuquén desde Buenos Aires. Era la primera vez que ellos marchaban porque nunca compartieron esas formas desde lo ideológico, pero sí lo entendieron desde lo humano. En cambio, su hermana mayor y hermano menor siempre estuvieron más cercanos desde lo político. Lo que siempre la apenó de vivir en Neuquén fue que extrañó mucho a su familia de Buenos Aires. En Neuquén salió adelante junto a sus hijas: Camila, de 23 años, próxima a ser profesora de educación física, y Ariadna, de 18, quien ya empezó a dar sus primeros pasos en la carrera de Medicina.

Su lucha por lo justo no comenzó en 2007 cuando asesinaron a su compañero, ya que durante sus años como estudiante había militado activamente en un partido. Pero sí ese hecho, además de fracturar su vida, fue por el que decidió encabezar el reclamo por justicia y condena para los responsables materiales y políticos.

Sandra se lamenta por la reciente caída de la causa Fuentealba II y, además, porque la Justicia no garantizó la reparación civil para sus hijas. "Ellas han aprendido y han heredado ver qué es lo importante en la vida. Después de este fallo tan desfavorable, Camila me dijo: 'Lo más importante es que estamos vivas'. Yo a eso le sumo que lo más importante es que estamos vivas y la vivimos intensamente", cuenta.

Y no deja de señalar la violencia mediática, jurídica y política a la que se vio expuesta durante estos años, pero de la que también formaron parte algunos sectores sindicales.

Además de haber apelado el fallo, desde el gremio ATEN proyectan plantear un jury de enjuiciamiento a los últimos dos fiscales por el accionar del Ministerio Público Fiscal ante la ausencia de investigación, seguir con las instancias provinciales para federalizar la causa y poder llegar a las instancias internacionales.

Lo que Sandra siempre mantiene viva es su confianza en que también la condena trascienda a los dictámenes del Poder Judicial. "Hay veces que las batallas no se ganan en la justicia, pero se ganan en la sociedad, y espero que esa sociedad no olvide ni perdone", concluye.

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