Una herborista audaz que convierte flores en cosméticos orgánicos

De chica, María Laura pasaba horas con su juego de química. Hoy mezcla aceites y plantas para fabricar cremas y lociones naturales, sin derivados del petróleo, sulfatos ni siliconas.

Uno de los recuerdos más presentes de su niñez fue el día que le regalaron un juego de química. Justo a ella, que siempre se metía en problemas por mezclar líquidos y experimentar con el encendedor. De grande, esa imagen infantil de los tubos de plástico con agua de colores acompaña a diario a María Laura Vanrell. Ella es docente por vocación y herborista por lo mucho que disfruta la magia que logra en su cocina cuando mezcla flores y aceites para fabricar cosméticos que no contaminan el planeta ni asfixian la piel.

Laura tiene su propio emprendimiento de fitocosmética, llamado “Mil y una flores”. En lugar de derivados del petróleo, sulfatos y siliconas, recurre a los materiales orgánicos para fabricar cremas, lociones, champú sólido y hasta desodorantes.

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“Mi papá era director de una escuela rural cerca de Caviahue, en una comunidad donde crecí viendo a las machis y la gente que vive en equilibrio con la naturaleza, y mi mamá también es muy naturalista y tuvo huerta orgánica durante muchos años; así que un poco seguí los pasos de los dos”, contó María Laura.

Escarbando un poco más atrás en la familia está su abuela, que fue cosmiatra y dirigía su propio salón de belleza. “Pero yo nada que ver, no salí con ese glam”, aclaró.

En 2015, como el sueldo de docente no alcanzaba, Laura se sumó a la huerta protegida cerca del hospital Heller, con la idea de cultivar sus propios alimentos y tener un ingreso extra.

Al año siguiente, como parte del mismo programa de cultivos urbanos, asistió a un curso de fitomedicina. Le gustó tanto lo que aprendió ahí que desempolvó sus conocimientos de un año de cursada en la carrera de Ingeniería Química y empezó a experimentar con cremas orgánicas en la cocina de su casa.

“De a poco, lo fui llevando hacia la fitocosmética, que fue la parte que más me atrapó, y después empecé a vender hasta que llegó el momento en el que tuve que pensar en una marca y en la forma de publicitar en las redes”, comentó.

Hoy, su mesa de trabajo está cubierta de macetitas con lavanda, jarilla que encontró en la barda, algún que otro ramo de manzanilla y hasta un frasco con avena. En la alacena, bien alto, guarda el aceite de coco y la manteca de karité, que compra al por mayor.

María Laura Vanrell

No contaminan

En la cosmética industrial, muchos productos incluyen derivados del petróleo y siliconas para dar brillo y sedosidad a la piel o el cabello. Laura explicó que eso “te tapa los poros y enmascara el problema, porque no te nutre, sólo cumple una función estética”.

Laura contó que las cremas orgánicas, en cambio, “incluyen ingredientes que limpian o humectan de forma natural, además de que usan plantas sin agrotóxicos ni glifosato, porque son cultivos chiquitos que no contaminan a las personas ni a los animales”.

Y detalló que “el champú sólido, por ejemplo, permite reducir el plástico y la basura; además de que los más frecuente es que se fabrique por saponificación, con hidróxido de sodio, como el jabón, y yo lo hago con tensioactivos, que tienen como propiedad la espuma y no incluyen sulfatos”.

En su cocina, Laura destila, macera y hace infusiones con recetas que ella misma crea.

Cada producto tiene un trabajo minucioso, con mucho de ciencia y una pizca de experimentación. Lo que empezó un día como un juego hoy es un camino de crecimiento, que le permite demostrar que la estética también puede ser sanación y armonía con la naturaleza.

María Laura Vanrell

El nombre surgió de La Casa de Papel

El nombre “Mil y una flores” no surgió de una tarde de inspiración primaveral ni de alguna poesía naturista. En realidad, tiene un origen más mundano: una de las escenas de La Casa de Papel, la serie de Netflix que rompió récords de audiencia.

Laura explicó, divertida, que pensó muchos nombres para el emprendimiento, pero ninguno la convencía, “y, cuando estaba viendo La Casa de Papel con mi mamá, ella me tiró la frase”.

“Es de un lugar que apareció en un capítulo y me insistió con que estaba bueno porque, al ser una serie tan conocida, iba a quedar en el inconsciente de todos”, recordó.

“Mil y una flores” es una florería de Madrid,que se ve en una escena del capítulo 14, en la segunda temporada de La Casa de Papel. Sólo por ese cameo en una serie furor, el local se hizo famoso en toda España.

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