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La Mañana

Una ingeniera agrónoma que cura los males de la vida cotidiana

Alicia Manucci. Tiene 58 años y promueve distintos grupos de meditación, permacultura y todo tipo de terapia con plantas.

Trabaja en el Programa para el Desarrollo Agropecuario (Proda), donde ayuda a armar huertas en coordinación con Salud Pública.

Su vida dio un rumbo para ayudar a enfermos, adictos y a todo aquel que quiera dar un vuelco en su vida.

ADRIANO CALALESINA
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CENTENARIO
Tiene la mirada como si hubiese vivido durante siglos, pero el alma es de una niña. Una parte importante de su vida le tocó vivir en una chacra, rodeada de naturaleza y hoy se refugia en una casita de barro en el medio de la meseta, donde la noche y las estrellas parecen ser sus aliadas.
Alicia Manucci tiene 58 años, y supo hacer equilibrio de tantas vueltas que dio su vida y muchos la reconocen como la persona que logró, desde un círculo de anónimos muy frecuentes, cambiar la forma en que todos los días observamos el paisaje cotidiano, la rutina, el trabajo y el estrés.
Es ingeniera agrónoma y vive en Centenario, pero el título no es otra cosa que una huella que a veces contempla, como una pisada más en el extenso sendero que recorre todos los días. La mujer rompió ese mandato que, en forma imaginaria, la iba a ubicar algún día en un puesto jerárquico de una multinacional de la industria alimentaria o como investigadora en la academia.
Desde lejos mira todas esas postales que guarda en una valija, que cada tanto vuelve a reciclar. Hoy trabaja en un proyecto de huerteros del Proda, junto con pacientes y médicos, en el tratamiento de adicciones desde una perspectiva holística; es decir, la de intentar curarse los males internos, para después hallar el “remedio oficial”.
En sus tiempos libres, le hace caso a un faro incandescente que viene alumbrando su destino: la vida orgánica, la descontaminación y dar pautas para una vida saludable a la gente a través de terapias alternativas, como el reiki y la alquimia con las plantas y el método biodinámico.
Por sus centros de meditaciones han pasado actores mundanos, buscadores de ilusiones, profesionales que quieren cambios radicales y hasta aquellos desesperados que no creen en nada que no tenga forma y color.
La mitad de su vida transcurrió con grupos que se arman y se vuelven a desarmar. Aficionados a la reflexología, la astrología, la terapia con flores y hasta la permacultura. Gente de la vuelta de la esquina y de otros países han convivido durante años en busca de una vida más saludable y que hoy forman una red de agradecidos, a través de internet o la misma conexión del espíritu.
“Me creí el academicismo y estudié todo lo que tenía que saber de las plantas, di clases en la Universidad de Lomas de Zamora y también hice un posgrado en Ciencias de la Educación. Pero todo eso no me sirvió para la formación humanística, para tomar contacto con lo que le pasaba al otro”, explica Alicia, mientras hace preparados con distintas plantas con fines medicinales.
El cambio de rumbo vino en 1998, en un viaje a Francia con el INTA. Su cabeza comenzó a funcionar de otra manera cuando vio cómo los europeos, comenzaban a certificar alimentos orgánicos, en medio de una atroz contaminación que yacía en Europa con las lluvias ácidas.
“Hay que mirar a las plantas de otra manera, lo orgánico es algo posible. Y en ese momento también creí que se podía vivir de esto, no solamente sembrar una huerta en el patio de una casa. Primero veo lo energético, después lo espiritual. Todo nace y termina en las plantas y ahí empiezo a sentir un cambio”, comenta.
La ecuación no es compleja. Desde tiempos milenarios el cultivo de alimentos y las propias plantas han sido objeto de culto y la cura de todos los males a las culturas tribales. Y lo que hace Alicia y un grupo extenso en casi todo el país, es sólo dar un orden a las propiedades curativas.
“Siempre me pregunté que si lo pudo hacer Bach (Edward, el creador de las flores que se utilizan para el cambio armónico del ánimo), cómo no poder trasladar estos conceptos a la agronomía. Hay antecedentes en la historia como  Alexander von Humboldt, Carlos Linneo y Paracelso (alquimistas, médicos y botánicos de hace más de 400 años), que recorrieron la virtud de las plantas”, explica Alicia.
En la actualidad, esta mujer se dedica –entre tantas otras cosas– a realizar un vademécum de plantas patagónicas, con propiedades curativas como la zampa, la cola de caballo, la jarilla y el llantén. Para eso busca conexiones con los antepasados de la región y toda la transmisión oral que le puedan brindar los vecinos, que han visto el método desde las mismas abuelas.

DESAFÍO
Vivir con los “pies en la tierra”

Por su formación académica, Alicia Manucci sabe que las plantas curativas son un método alternativo y que no suplanta la medicina formal, sino que es un complemento. En la región hay antecedentes de estudios que favorecen la vida saludable a través de este método, como el de Sara Itkin, quien vive en Bariloche junto a Adriana Marcus, que posee una trayectoria en la Red Jarilla. El desafío de estos grupos es que se reconozca al método dentro del marco institucional, ya que cada día suma más resultados y adeptos.