Una terapia que se abre paso a pura espada en Neuquén
Katia Giacinti
Neuquén.- Su pasión por las artes marciales y las ganas de superar situaciones emocionales fueron algunas de las razones por las que un neuquino abrió el primer espacio de kendo en la Patagonia, una práctica milenaria japonesa que reúne cada vez más adeptos en la región.
Rubén Saucedo, de 47 años, es el principal impulsor del proyecto y, si bien la idea tuvo sus inicios en el 2000, una grave lesión lo obligó a abandonar su sueño. Hoy, con fuerzas, volvió a dar clases y espera que su entusiasmo inspire a otras personas.
En un combate tradicional -que se asemeja a los enfrentamientos entre los samuráis-, el arma para derribar al oponente es el shinai, un sable de bambú con el que se marcan golpes sobre la armadura. Los elementos de protección que deben ser usados por reglamento llevan a sus practicantes a un viaje en el tiempo. Está el men, un casco destinado a proteger la cabeza; el do, para el pecho y el estómago, y los koté, para los antebrazos.
La base de esta disciplina es la esgrima japonesa. El objetivo es forjar el propio espíritu y un cuerpo sano a través del uso de la espada. Está la idea de que por llevarse a cabo con honor, atención, velocidad y resistencia, es más fácil enfrentar los dramas cotidianos.
“Con mi maestro, sensei Gustavo Manini, comenzamos a fines de 1998 viajando a Buenos Aires para prepararnos y reunirnos con un grupo de gente muy buena en Neuquén”, dijo Saucedo.
El neuquino es maestro en su dojo, o sala de entrenamiento, con siete alumnos, donde las mujeres son más dedicadas y constantes.
Desde los 12 años cualquiera puede practicar kendo y comenzar una aventura para el recuerdo.
“Ahora lo que queremos es establecer la Asociación Patagónica de Kendo y Iaido con el deseo latente de expandir la disciplina en nuestra región”, indicó el deportista.
Así, el kendo se afianza como deporte y como terapia a la vez.
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