Uso del celular: ¿cuándo es abuso y cuándo adicción?

El tema preocupa y afecta principalmente a niños y adolescentes.

Desde hace varios años, el uso de los teléfonos celulares viene siendo un tema de estudio y debate en una sociedad que está cada día más presa de estos aparatos electrónicos, que nos mantienen comunicados desde las más distintas variantes. Los jóvenes, y de a poco también los niños, son los principales usuarios llegando a niveles extremos, que en muchos casos requieren un tratamiento especial porque no pueden vivir sin sus smartphones. En estos últimos casos, una de las preguntas que vienen surgiendo es si se puede trazar una línea que diferencia el uso abusivo de los teléfonos y la adicción.

Si bien pueden parecer lo mismo, la realidad es que no lo son: la segunda opción refiere a una enfermedad que preocupa a los adultos. Y los especialistas intentas poner negro sobre blanco en esta cuestión.

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Desde el hospital pediátrico español, Sant Joan de Déu, cuentan que cada vez hay más consultas sobre adolescentes “que viven enganchados al móvil”, explica Josep Matalí, jefe de Psicología y Adicciones. Lo alentador, por llamarlo de algún modo, es que “en la mitad de los casos no es adicción, sino de un sobreuso”, dice el licenciado y amplía sobre las diferencias: “Un uso excesivo del móvil no es necesariamente adicción. Las conductas adictivas son mayoritariamente a juegos y se pueden ver en niños de apenas 12 años. Igual, crecen mucho las consultas de padres porque sus hijos pasan muchas horas con el teléfono”.

Según el especialista, resulta comprensible que los padres anticipen el riesgo de adicción, aunque como los smartphones actuales son una plataforma que los chicos y chicas usan para distintas cosas, puede ocurrir que estén muchas horas frente a la pantalla aunque realizando actividades variadas, que van desde enviarse mensajes por Whatsapp, mirar Instagram, ver videos en YouTube, escuchar música en Spotify, jugar, ver series o películas en Netflix o plataformas similares, o mirar webs. La conclusión saludable de esto vendría a ser que, al menos, no pasan la mayoría de las horas haciendo exactamente lo mismo. En cambio, quienes se pasan horas y horas jugando sí muestran una adicción. Y hay juegos y apps más adictivos que otros. Son los que refuerzan esa conducta repetitiva, como los juegos que mandan mensajes para que sigas jugando, los que están muy basados en competir (online o con uno mismo) o las apps basadas en el “me gusta”.

Ya hay estudios que probaron que estos juegos y apps activan los circuitos cerebrales de recompensa y refuerzo y la adicción radica en el riesgo de una conducta repetitiva que, cuando consigue que la vida gire en torno a ella, lo condiciona todo.

El psicólogo reconoce que en algunos casos precoces de uso excesivo que ven en su hospital pueden ser la fase previa a una adicción, que cristalizará cuando el paciente ya no sea tratado psicológicamente. El especialista recuerda que la adicción hipoteca toda la vida de la persona y además es un trastorno en el que es fácil la recaída. Y el abuso o la adicción al celular, se sabe, conlleva otras dificultades, como el buen rendimiento académico o dormir poco de noche.

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