Vaca Muerta en modo alarma

Ocho muertes en 15 meses. El salto de la producción en Vaca Muerta también tuvo su correlato en vidas. La aceleración de los planes de desarrollo del shale neuquino muestra una dolorosa contracara en pérdidas irreparables. La alarma suena cada vez más fuerte desde los yacimientos. Y plantea la necesidad de respuestas que, como todo lo que está atravesado por Vaca Muerta, tienen el rostro del desafío. Así como hay uno en hacer del shale neuquino parte de la avanzada económica del país, hay otro en hacer que esto sea más sustentable y seguro.

La industria petrolera maneja estándares de seguridad casi inéditos en otros sectores productivos. Lo sabe cualquiera que haya estado hace poco en un yacimiento. La foto de aquellos “viejos” que encendían brazas para comerse un asado a metros de la boca de un pozo hoy es impensable. Sin embargo, parece no ser del todo suficiente. Hay cierto consenso en que la seguidilla de muertes llega de la mano de la falta de experiencia, en ocasiones cierta negligencia, y la aceleración que impone el proceso de inversiones en la cuenca neuquina. El shale requirió mano de obra, a veces jóvenes que queman etapas, en ocasiones con un costo muy alto. El tema vuelve a la escena pública con cada desenlace trágico. Luego parece quedar en el olvido en medio de la andanada de debates de cómo hay que seguir creciendo y si se puede hacerlo. La situación reclama una reacción rápida y de conjunto. Decirlo, claro, es más fácil que hacerlo. Pero sin dudas es parte de las respuestas grandes que volverán sustentable el desarrollo que puede cambiarle la cara al país. Hacer un caño para transportar gas y petróleo y tener un plan para bajar más los riesgos al pie de un pozo debieran ser parte de un mismo gran proyecto.

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