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Victoriano de la Fuente y Linares

Ingeniero y catedrático de la Universidad del Neuquén, su prolífica labor dejó surcos en el camino trazado.

Por VICKY CHÁVEZ

Neuquén > El relato de la vida del ingeniero Victoriano de la Fuente y Linares fue relatado por su hijo Juan José. La autora de esta nota se reunió con Juan José y Tita, la esposa del profesor e ingeniero fallecido. El relato surgió fluidamente, con espontaneidad y naturalmente, por tanto cariño y afecto que un gran padre puede legar a sus hijos.
Juan José comienza su relato citando al escritor español Rafael de Penagos, palabras que describen acertadamente a su padre: “Fue un hombre que llamaba a las cosas por su alma”.
Agregamos que el escritor y conductor Roberto Ghiglione le escribió a Victoriano el soneto- acróstico "Pureza conceptual, desde La Fuente": "Dispuso la llaneza como modo,/ No era un ingeniero circunspecto,/ Tenía pura fuerza en su intelecto/ Y en la vida intentó saberlo todo./ Propuso una docencia codo a codo,/ Por entregas de elogios y de afecto,/ Tendría angustias, las del hombre recto,/ Se uniría al prestigio como apodo".
Victoriano de la Fuente y Linares nació en Rosario, Santa Fe, el 23 de agosto de 1922.
Era hijo de  Pedro de la Fuente López, originario de Burgos (entonces Castilla la Vieja) y de  Ángeles Linares, de Granada, Provincia de Andalucía. Ambos nacieron en 1895.
Pedro fue el primero en llegar a la Argentina, y se estableció en Rosario. Por sus actividades de corredor de Bolsa, fue enviado para “colocar” capitales de inversores españoles en la Bolsa de Valores rosarina. Con las comisiones de su trabajo logró una sólida posición económica y regresó temporariamente a España donde se casó con Angelita (así llamaban a Ángeles). Poco después retornaría a Rosario donde se estableció y allí nació Victoriano, su único hijo.
En 1925, la familia regresó a España. Once años después se desató la Guerra Civil Española. En las postrimerías de la guerra y gracias a poseer pasaportes argentinos, además de los buenos oficios del embajador de Suecia, pudieron trasladarse a Portugal. Allí, Victoriano perdió a su madre. Tenía apenas 14 años.
En el país lusitano, Victoriano completó sus estudios secundarios de bachiller en la institución escolar de los Hermanos Maristas de Lisboa. Luego de una estadía en las colonias españolas del norte de África, padre e hijo regresaron a la Argentina. Se  establecieron en un hotel de Rosario. Al poco tiempo, Pedro retomó sus actividades en la Bolsa y Victoriano ingresó al Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe. En apenas catorce meses, Victoriano rindió como alumno libre la reválida de todo el bachillerato, ya que no existía convenio de estudios con España.
 
Estudios y conscripción
Inmediatamente revalidado el secundario, Victoriano ingresó en la Universidad Nacional del Litoral en la carrera de Agrimensura e Ingeniería Civil.
A los 20 años ingresó al Servicio Militar Obligatorio. Por ser estudiante, pudo realizar el curso de Aspirante a Oficial de Reserva (AOR). Con dedicación y esfuerzo, Victoriano alcanzó el grado de subteniente, y por ello fue destinado inicialmente al Regimiento de Artillería enDiamante, provincia de Entre Ríos.
Lo destinaron al Motorizado Buenos Aires, que funcionaba anexo al Ministerio de Guerra, y de allí pasó a la Dirección General de Ingenieros. No obstante continuaba viajando con licencias especiales para seguir, infatigable, sus estudios. Por esos días se recibió de Agrimensor.
Entre 1948 y 1949, ya en el ámbito civil, Victoriano fue designado Inspector jefe de la Junta de Valuación y Catastro  del Departamento de Iriondo, Santa Fe. Utilizó por primera vez en el país la aerofotometría (ciencia que permite tomar medidas a partir de la fotografía) para la actualización de los planos catastrales de los departamentos de Santa Fe.
 
Diversas tareas
Entre 1951 y 1953, Victoriano se desempeñó como jefe de Central Térmica (denominada entonces “Canal San Fernando”) del Ferrocarril Nacional General Bartolomé Mitre.
A partir de la nacionalización temporaria de Siemens-Schukert, Victoriano creó la empresa Electrodinie y trabajó en ella desde noviembre de 1953 hasta mayo de 1957, primero en Buenos Aires en la preparación y licitación de las líneas de trolebuses como también  de representante en la Feria de las Américas en Mendoza, para trasladarse luego a Córdoba como gerente de sucursal.
Durante su estadía en Córdoba, Victoriano cursó para convertirse en Ingeniero Electricista en la Universidad Nacional de Córdoba. Le faltó rendir dos materias para completar la carrera, debido a que tuvo que retornar a Buenos Aires por razones familiares.  
En 1958 asumió la jefatura de la Fábrica de Tractores “Pampa”, elaborados por DINFIA y a la sazón los primeros tractores de industria argentina. Pero se tomó la decisión de retirarse cuando la empresa fue adquirida por Fiat.
Desde 1958 a 1962, Victoriano trabajó como Ingeniero Proyectista de Líneas de Alta Tensión para la E.P.E.C. (Empresa Provincial de Energía de Córdoba).
En agosto de 1962 se trasladó junto a su familia a Buenos Aires, porque le ofrecieron un puesto en SEGBA, en donde se desempeñaría como Ingeniero Analista de Organización y Sistemas. Siempre trabajando y ya con siete hijos, Victoriano siguió acumulando saberes y títulos: Analista en Organización y Métodos y Licenciado en Análisis Operativo, carrera nueva en el país dictada por el Ministerio de Defensa.
 
El arribo a Neuquén
En 1969, el gobierno neuquino lanzó, en las principales empresas eléctricas del país, una convocatoria para cubrir el cargo de Director Provincial de Agua y Energía. Victoriano resultó ganador del concurso de antecedentes, renunció a SEGBA y se trasladó, inicialmente sin familia, a Neuquén. Ocupó el cargo por un tiempo, hasta que, por motivos políticos, debió cesar.
 
Ingeniería en Challacó
Luego de dejar el cargo que lo trajera a la región, Victoriano quedó sin techo propio y con siete hijos. Al frente de la familia le tocó afrontar varios meses muy difíciles, pues ya era considerado "viejo" para el mercado laboral y, por otra parte, “con demasiado curriculum”. Dados sus antecedentes  como profesor ad-honorem de la Facultad de Ingeniería de Challacó, asentamiento perteneciente a la Universidad Provincial del Neuquén, fue contratado como profesor titular y luego secretario académico, manteniendo su condición de profesor “full time”. En la misma casa de altos estudios se ocupó, además, como jefe del Departamento Energética  y en la organización del Centro Universitario Cutral Co-Plaza Huincul.
 
Rectorado y Decanato
A modo de reconocimiento de su labor y sapiencia, en 1976 Victoriano fue designado Decano de Ingeniería y Director del Centro Universitario Cutral Co-Plaza Huincul.  Mientras se abocó a la tarea de redactar un moderno Plan de Estudios de Ingeniería Industrial.  Continuó al frente de sus cátedras en la Facultad de Ingeniería hasta su jubilación, en 1987.
 
Familia
Victoriano  se casó con María Arminda Ferro Sosa, Tita, el 22 de julio de 1951 en la Iglesia del Salvador de Buenos Aires. María Arminda nació en el barrio porteño de Belgrano el 8 de septiembre de 1924, es la segunda de tres hermanas.
Su padre, Juan Julio Ferro, se desempeñó como periodista del diario La Nación. Había ingresado como cadete y llegó a ocupar cargos importantes en ese medio. Era hijo de Juan Ferro, un armador de barcos, de origen catalán y devenido en genovés, quien luego se radicó en Buenos Aires.
Juan Ferro ofreció su importante flota fluvial de comercio en la guerra contra el Paraguay. En esa infausta gesta la perdería, junto a su vida. Su viuda, Catalina Scanavino no aceptó reparación alguna por parte del gobierno nacional.
La mamá de Tita, Arminda Marcelina Sosa, era hija de estancieros de la localidad bonaerense de Balcarce. Tuvo dos hermanos: Agustín (hijo) y Fidel Sosa.
 
Anécdotas
El abuelo materno de Tita, Agustín Pío Sosa, era hombre “de a caballo”. Realizó con otros estancieros el último gran arreo de hacienda desde el norte argentino hasta los pagos bonaerenses a fines del siglo XIX,  puesto que la existencia del ferrocarril iba, de a poco, acabando esta faena.
Sirva como ejemplo citar que su esposa, Máxima Pérez, con su primer hijo en brazos sobrevivió al último gran malón de los ranqueles que llegase hasta las puertas de la ciudad de Buenos Aires.
María Arminda cursó la licenciatura en Historia en la antigua Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, mientras trabajaba como empleada administrativa en SADOS. Nunca ejerció la docencia pues eligió, orgullosamente, ser ama de casa, dedicándose a criar a sus hijos y, luego, a colaborar hasta muy grande con el cuidado de sus nietos.    
 
Hijos, nietos y bisnietos
Victoriano y Tita tuvieron ocho hijos: Pedro Luis, Juan José, Víctor María (fallecido),  María de los Ángeles, Ignacio María, María de la Victoria, María del Pilar, María de las Mercedes. Todos cursaron estudios superiores, terciarios o universitarios.
Tuvieron nietos: María del Rosario y Pedro Luis, de Pedro Luis, 60 años; María Eugenia, Marcos Javier, María Fernanda, Juan Martín, de Juan José, de 58 años; María Belén, Víctor Antonio, María Teresa, de María de los Ángeles, de 54 años; María Pía, Pedro Ignacio, María Emilia y María José (mellizas), de Ignacio María, de 53 años; Gabriel Antonio, María Cecilia, María Cristina, de María de la Victoria, de 52 años; María de los Milagros y Juan Ignacio, de María del Pilar, de 51 años y Diego, de María de las Mercedes, de 46 años. Y bisnietos: Sofía, Elena, Felipe (y una nena más en camino), de Pedro Luis.
 
Tarea humanitaria
Por encima del ejercicio profesional en distintas actividades, es importante destacar al ser humano en toda su dimensión.
Tuvo la caridad cristiana y el servicio a los demás como rumbo para su vida, cuestiones que se ven reflejadas en sus quehaceres. En Córdoba fue presidente de EMAUS, una de las filiales argentinas de la obra que fundara el un sacerdote francés, mundialmente conocido como abate Pierre en la Europa devastada por la guerra. En general, su accionar consistió en la creación en cuanta ciudad o localidad que habitó de talleres en los cuales se reparaban a nuevo aquellas cosas en desuso que la gente donaba o descartaba. También colaboró con la obra del Ateneo de la Juventud que levantó con gran esfuerzo Carmelo D’Agostino, creando sanas actividades de compañerismo y acción católica en los jóvenes de la Parroquia del Sagrado Corazón de Córdoba.
Cuando era ingeniero en SEGBA fue cofundador de la escuela de capacitación para empleados de la rama eléctrica, que funcionaba en el Sindicato de Luz y Fuerza.
 
Los apuntes universitarios
Como profesor universitario, Victoriano siempre puso su amplísima biblioteca técnica personal a disposición de sus alumnos.
Pasaba las noches trabajando en la elaboración de apuntes para todas las materias que dictó, escritos a mano. Muy pocos alumnos podían acceder a los escasos y carísimos libros. Para aliviar el costo en fotocopias, escribía los apuntes en papel vegetal con tinta china, lapiceras especiales y plantillas para gráficos. De esta forma, posibilitaba que sus alumnos pudiesen fotocopiar en forma heliográfica las hojas por planchas que además no se borraban. De este modo, todos podían contar con el material completo de cada materia.
Victoriano era muy querido por sus alumnos. Cuando estaba trabajando en Challacó, y ante la ausencia de un integrante de alguna mesa de exámenes de cualquier materia de Ingeniería, los alumnos solían ir a su casa a solicitarle  que integrara la mesa para no perder la fecha.
Vale aclarar que su condición de secretario académico y profesor titular lo habilitaba a participar, aunque él no formara parte de la materia. Eso le ganó el apodo de “Millantú”, por entonces un conocido vino de mesa regional, cuyo slogan publicitario decía: “Vino Millantú, está en todas las mesas”.
 
El amor por la docencia
Retirado de la universidad, Victoriano siguió ejerciendo la docencia en su domicilio, lo que constituía “un caso fuera de lo común”.
Nunca puso su beneficio económico por delante de la enseñanza. Tanto fue así que en varias oportunidades no cobró por su trabajo, o lo hizo a medias. Cada alumno fue su alumno. Expectante durante el cursado y los exámenes, sufrió por ellos como si fuera un hijo, se alegraba con sus triunfos y los alentó en los fracasos.
Se supo ganar el afecto de sus alumnos y ex alumnos que lo visitaron en el tramo final de su existencia.
Luego de su muerte, acaecida el 14 de julio de 1996, su esposa continuó recibiendo la visita de ex alumnos (hoy profesionales) residentes, incluso, fuera de nuestra provincia.
 
Proyectos
Su curiosidad científica impenitente llevó a Victoriano a ser un adelantado.
Entre sus aportes para la posteridad, se encuentran varios proyectos sobre energías alternativas. Uno fue bien aprovechado, muchos años después, por el EPEN: la central geotérmica, el acceso por calzada calefaccionada a Copahue, entre tantos otros.
Aún hoy no está terminada la ruta de circunvalación de Neuquén capital, en cuyo proyecto colaboró, y también  en la relocalización de la Ruta 22.
Igualmente participó, sin que formara parte de su área específica, de la diagramación del cruce sobreelevado de la Avenida Argentina-Olascoaga en las vía del ferrocarril. Los trenes de carga circularían desde la Terminal (que se ubicaría en Valentina) por las bardas (hoy edificadas), empalmando la traza actual a la altura del barrio Provincias Unidas.
Esta es la historia de un hombre que supo granjearse el respeto académico y personal en la historia neuquina.
Su sapiencia, sus aportes,  sus ansias de aprender cada día más, de enseñar sin límites y, por sobre todas las cosas, su inefable condición de hombre de bien, quedaron reflejados  en su familia y en los alumnos que formó y que aún lo recuerdan.

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