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Volver a nacer: la historia del primer neuquino con trasplante bipulmonar

A los 40 días de vida le diagnosticaron fibrosis quística, tuvo una vida cargada de internaciones hasta que llegó el trasplante que le cambió todo.

La fibrosis quística ataca a los pulmones y al sistema digestivo. Es la enfermedad que le diagnosticaron a Mariano Nicolás Molina cuando tenía solo 40 días de vida. Hoy, con 32 años, es el primer neuquino que padeciendo este trastorno, se sometió a un trasplante bipulmonar. El pasado 28 de junio se cumplieron 4 años de aquella cirugía.

Toda su infancia, adolescencia y juventud las pasó internado, realizando tratamientos. Cuando iba a la primaria, las internaciones eran domiciliarias e iba a la escuela con las vías puestas. Pero cuando llegó a la secundaria, la situación era más compleja, lo internaban en la clínica San Lucas durante varias semanas en las que le pasaban antibiótico por endovenosa para combatir las bacterias que habitaban su cuerpo, y ya en primer año tuvo que abandonar las clases debido a las faltas.

Todas las internaciones las pasó sabiendo que en realidad, la única manera de mejorar la calidad de vida es recibiendo un trasplante. Esta posibilidad llegó cuando tenía 25 años, momento en el que los médicos le dijeron que su situación ya no daba para más, que tenía que ser trasplantado.

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El año 2015 apenas comenzaba y Mariano se mudó a la Ciudad de Buenos Aires, junto a su madre y su novia, ya que allí tenía que esperar los órganos provenientes de una persona fallecida. Fueron dos los años que el neuquino estuvo esperando, lejos de su ciudad natal y sus amistades, el llamado por parte de la Fundación Favaloro en el que le avisaron que finalmente podía ser operado.

Durante ese tiempo, su salud se fue deteriorando. “Me fui de Neuquén bien, teniendo que internarme cada 3 meses, pero en Buenos Aires empeoré. Las internaciones en la Fundación eran cada vez más reiterativas. Empezaron siendo una vez por mes y después ya era una por semana”, narró Mariano en diálogo con LM Neuquén y agregó que se pasaba las 24 horas del día con oxígeno, sin salir del departamento, y que el acompañamiento familiar fue lo que más le sirvió a nivel anímico y emocional. El neuquino dedicaba sus días a cuidarse, porque los profesionales le dicen a los pacientes que tienen que llegar a la cirugía en las mejores condiciones posibles, tanto físicas como mentales: “Estaba muy mal, pero hacía todo a rajatabla para llegar bien a la operación”, contó.

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A mediados del 2017, recibió la noticia más esperada. Ya estaban disponibles los dos pulmones para el trasplante. Llegaron justo a tiempo, “de milagro” asegura Mariano. Y es que para ese entonces su capacidad pulmonar era solo del 5 %. Uno de sus pulmones estaba colapsado y del otro solo funcionaba un cuarto.

“Los médicos te dicen que no te ilusiones, que puede salir bien como también puede salir mal, también puede ocurrir que no llegues al trasplante”, con esos comentarios, Mariano se adentró a 12 horas de la cirugía que le permitió tener hoy una excelente calidad de vida.

Mariano nunca pudo hacer deportes, ni salir a andar en bici, ni a caminar, ni a correr. Pero un año y medio después de la operación, en octubre de 2018, vivió en carne propia por primera vez una competencia deportiva, algo que jamás habría atravesado de no ser por el trasplante. Participó de los Juegos Argentinos y Latinoamericanos para Trasplantados que se dieron en Salta. Allí compitió en atletismo, corriendo 100 metros llanos.

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También realizó ascensos a la montaña con su mamá y tiene un profesor para el entrenamiento físico: “Si te preparás, podés hacer cualquier cosa”, afirmó el neuquino.

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Actualmente no está haciendo muchas actividades debido a la pandemia. Al ser una persona trasplantada, es considerado de riesgo y no puede contagiarse. En el último control médico consultó por la vacuna contra el COVID y le confirmaron que puede recibirla. “Me tengo que anotar y esperar a que me llamen, realmente quiero vacunarme para poder estar un poco más relajado, a pesar de que tenga que seguir con los cuidados”, contó.

Mariano es enfermero, pero la pandemia tampoco le permite ejercer su profesión. Está viviendo en el barrio Belgrano de la ciudad de Neuquén, junto a su madre y su pareja. Día a día toma diversos medicamentos para evitar el rechazo de los pulmones al cuerpo y cada 6 meses tiene controles en Buenos Aires.

A 4 años del día en que volvió a nacer, pide a aquellos que están esperando un trasplante que no bajen los brazos, que no pierdan ni la esperanza ni la fe, que los milagros existen.

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