Compartieron habitación y hoy uno vive en el otro: el emotivo regreso de Felipe a Neuquén con el corazón de Luca
El pequeño había recibido una donación de órganos de otro niño neuquino y su familia permanecía en Buenos Aires desde hacía más de un año.
Después del trasplante de corazón que le salvó la vida en junio, Felipe Palagani volvió a Neuquén y fue recibido con una profunda emoción por familiares y amigos. El pequeño, que permaneció más de un año en Buenos Aires junto a sus padres y su hermanito, finalmente pudo regresar a casa.
El sábado 7 de febrero, Pamela Domínguez, la mamá de Felipe, apagó por última vez las luces del departamento de la calle Rawson. Para ella, ese gesto significó mucho más que dejar atrás un lugar. El inmueble de alquiler temporario se convirtió en un espacio de contención para ella, su esposo y su hijo mayor, Mateo (5), durante los últimos meses.
Al principio era frío y estaba equipado con lo justo y necesario. Con el paso del tiempo, lo fueron adaptando para hacerlo más acogedor. Sumaron plantas, algunos detalles de decoración y, poco a poco, lo transformaron en el hogar que los cobijó durante su estadía en Buenos Aires.
“Volver a verlo vacío fue darme cuenta de que lo logramos, de que el esfuerzo tan grande que tuvimos que hacer rindió sus frutos y hoy estamos los cuatro juntos y Felipe está sano”, confió a LM Neuquén. Sin embargo, aquella despedida también estuvo cargada de nostalgia. “Ese lugar también representa a la gente que conocí en este camino, a mis nuevas amigas, a otras mamás que conocí en las terapias y a los momentos que compartimos en ese departamento. Fue una mezcla de emociones”.
La decisión de mudarse a Buenos Aires
Todo comenzó en octubre de 2024 cuando trasladaron a Feli junto a Pamela en un avión sanitario: “No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar”, recuerda. Esa fue la última vez que estuvieron en la ciudad.
En enero de 2025, Feli sufrió un paro cardíaco y fue incluido en la lista de emergencia para trasplante. “Decíamos que íbamos viendo, no teníamos muy claro qué significaba esperar un trasplante. Hasta ese momento estábamos viviendo en la casita de Ronald McDonald. Todo el mundo nos decía que nos mudemos a algo más cómodo, pero creíamos que ya iba a llegar el trasplante. De a poquito tuvimos que entenderlo, nos mudamos y empezamos a armar nuestro hogar porque no sabíamos cuándo iba a llegar el corazón”, explica Pamela.
La situación se complicaba porque Feli era un paciente complejo: necesitaba un botón gástrico para alimentarse y, además, había sufrido daño neurológico a causa de un ACV. La sumatoria de estas dificultades les hizo entender que tendrían que pasar un tiempo prolongado en Buenos Aires. “En un momento nos planteamos el no volver. Dios atiende en todos lados, pero es cierto que está en Buenos Aires, y sobre todo el (Hospital) Italiano”, asegura.
Para concretar la mudanza, la organización familiar fue clave. “Soy autónoma, así que cerré la persiana y me ocupé 100% de los chicos”, cuenta. Su marido, que trabaja en relación de dependencia recibió apoyo excepcional: “Es para sacarse el sombrero. Desde el primer momento le dijeron: ‘Hasta que tu hijo no se recupere, vos no volvés’. Después del trasplante, le ofrecieron la posibilidad de trabajar algunas horas online y siempre estuvieron disponibles”.
Ese respaldo les dio un alivio enorme: “No hay ninguna ley que ampare a las familias en estos casos, entonces muchas pierden el trabajo o se separan los padres. Para nosotros fue un alivio. Si mi marido se quedaba en Neuquén, Mateo también, y yo me moría si me tenía que separar de Mateo”, confiesa Pamela.
El emotivo recibimiento en Neuquén
Mientras el avión todavía estaba en el aire, Pamela sentía cierta inquietud. Durante el vuelo se concentró en lo esencial: que sus hijos estuvieran tranquilos y que el viaje transcurriera en calma. Sin embargo, por dentro, los nervios por la llegada crecían en silencio.
El momento de mayor emoción llegó al pisar suelo neuquino y atravesar los controles del aeropuerto, cuando se encontró con Natalia, la tía de Luca, el nene que le donó el corazón a Feli. “Tenía una bandera con la foto de ellos dos que decía ‘Donar es dar vida’ y ahí fue donde me quebré”, recuerda Pamela.
La emoción volvió al evocar todo lo atravesado e incluso sintió la necesidad de llorar por Luca. “A pesar de que no tuve tanto vínculo con él, es un niño que partió y hay una familia que tiene que convivir con eso”, dice y agrega: “Ver a su tía sonriendo, abrazando a Feli y llorando fue muy emotivo”.
El recuerdo de Luca
Felipe y Luca se conocieron siendo compañeros de habitación, mientras sus familias compartían días cargados de cuidados y emociones. “Sabíamos que ellos eran de Neuquén. Pau le cantaba a Luca la canción de las hormiguitas y yo le pedía que la cantara más fuerte para los dos”, recuerda Pamela. Los días que pasaron juntos estuvieron marcados por la preocupación de los padres de Luca y la reciente experiencia de Feli en la lista de espera.
Luca, unos meses mayor que Feli, había recibido previamente un trasplante de hígado, pero su cuadro se complicó por un citomegalovirus que le provocó un daño pulmonar irreversible. A pesar de los esfuerzos médicos, los especialistas confirmaron que ya no había más estrategias posibles para salvarlo.
Conocer el camino de la espera y las dificultades de la lista de trasplante genera una empatía diferente, más profunda, una cierta complicidad entre los padres que difícilmente podría entenderse desde afuera. Cuando a Luca le tocó partir, sus padres decidieron donar sus órganos para salvar vidas, y así su pequeño gran corazón continuó latiendo en el pecho de Felipe.
"Estamos hablando de un reencuentro íntimo, cuando ellos lo sientan. Nosotros somos la cara linda de la historia, pero respetamos los tiempos de ellos”, explica Pamela y asegura que los papás de Luca “son unas personas hermosas, son buena gente, eso se nota”.
Una nueva etapa comienza
La casa de Neuquén empieza a tomar forma nuevamente. Después de trasladarse a Buenos Aires y ahora regresar, Pamela confiesa que siente que se mudó por primera vez: “Es un caos, estamos tratando de acomodar todo, pero en el medio están los requerimientos de Feli y Mateo, que solo quiere jugar”.
“Cuánto atravesó Feli, poniendo su cuerpo día a día. Nosotros acompañamos como familia, pero hay mucho que sanar; estamos con mucha información y mucho por trabajar”, reflexiona la mamá sobre los meses vividos.
Por su parte, Mateo está listo para empezar las clases con nuevos compañeritos. Para él, la experiencia de mudarse fue más sencilla que para el resto de la familia: los niños se adaptan rápido y él siempre supo entender lo que estaba pasando. Estar en Buenos Aires también tenía su atractivo: “Tenía a todos sus primos y tíos; nosotros nos vinimos a vivir acá y solo tenemos a mis suegros y mis cuñados, así que para él estar allá era un disfrute”, explica Pamela.
Lo único que le costó fue adaptarse al cambio de escuela. “Eso sí lo sufrió, le pasó un tiempo rebelde por los cambios, pero la verdad es un genio”, asegura la mamá. Aun así, su carácter inteligente y compañero lo ayudó a sobrellevar los meses difíciles junto a Feli y a toda la familia.
En estos días la sensación de volver a casa se va haciendo presente de a poco. Las hermanas de Pamela, la acompañaron en el viaje pero volvieron a Buenos Aires el martes. "Ahora empiezo a darme cuenta de que estamos de nuevo acá y comenzamos a vivir el resto de nuestra vida. Serán días para sentarme, respirar, ordenar mi cabeza y entender que ya pasó lo peor. A partir de ahora hay que seguir adelante y transitar esto de la mejor manera”, asegura.
Te puede interesar...
Leé más
Chupilca en la cumbre: una tradición que se mantiene viva en Huinganco
Noticias relacionadas















Dejá tu comentario