Al menos 100 civiles murieron en Sudán, sumido el lunes por tercer día consecutivo en combates armados entre el ejército y un poderoso grupo de paramilitares originado en una puja de poder entre dos militares, ex aliados.
En la capital, Jartum, envuelta con un fuerte olor a pólvora y privada parcialmente de agua y electricidad, los habitantes están atrincherados en sus casas. Un espeso humo negro se elevaba del centro de la ciudad, donde están las instituciones políticas y militares.
Los pocos supermercados abiertos advirtieron que sólo podrán seguir funcionando unos días más, debido a la falta de suministros, y los hospitales que reciben a los heridos se están quedando sin insumos. La Liga Árabe, la Unión Africana, Estados Unidos y el Reino Unido exigieron un “cese inmediato” de la violencia. “Hay una gran preocupación por los combates (...) por la amenaza que suponen para la población civil”, declaró el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, tras reunirse en Japón con su homólogo británico, James Cleverly.
La violencia en el país africano estalló el sábado tras semanas de tensiones entre los dos generales que protagonizaron el golpe de octubre de 2021 que puso fin a la transición de Sudán hacia un gobierno civil: el jefe del ejército, Abdel Fatah al Burhan, y el jefe de los paramilitares de las FAR, Mohamed Hamdan Daglo.
La puja es entre los dos generales que protagonizaron el golpe de 2021.
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