El clima en Neuquén

icon
17° Temp
77% Hum
La Mañana baile

Zumberas del Oeste: las neuquinas que afrontan la violencia a través del baile

Las clases de ritmos urbanos de Cuenca XV se convirtieron en un refugio para 50 mujeres que sufrieron violencia de género. Las redes de contención fortalecen su autoestima.

La historia del grupo Zumberas del Oeste es un reflejo de su propia vida. Vanessa Coñaqueo se para frente a sus alumnas para dar clases de ritmos urbanos y en cada rostro que enfrenta, encuentra un pedacito de su historia: el mismo atisbo de desesperación en la mirada, la misma sumisión y las ganas de gritar y largar toda la bronca afuera, el mismo autoestima lastimado y un idéntico pedido de auxilio camuflado en una clase de baile.

Vanessa lo sabe porque también lo vivió. Ella descubrió la danza porque la empujaron los kilos. Cuando vio que la aguja en la balanza se acercaba al número cien, decidió salir a dar vueltas por las esquinas de Gran Neuquén con la intención de bajar de peso. Y la motivación fue escalando, hasta que llegó a una clase de ritmos urbanos en un salón de Gregorio Álvarez.

"Me gustó mucho cómo daban las clases, así que iba, iba, iba, no faltaba nunca, y un día la profe me dijo que podía estudiar para ser instructora y llevar esas clases a mi barrio", explicó la mujer, que hoy tiene 36 años y es madre de dos hijos, de 17 y 13, a los que mantiene vendiendo planes de autos.

Pronto, se entusiasmó con la posibilidad de enseñar. Empezó a formarse como instructora, al tiempo que su vida cambiaba de dirección. Bajó de peso y empezó a maquillarse, y dejó de lado la sumisión que la caracterizaba para empoderarse con actividades nuevas. A cada despertar, a cada brote nuevo, la ira de su marido también crecía. "A él no le gustaba esa nueva versión y no quería que diera clases", relató.

Vanessa Zumberas del Oeste (6).jpg

Vanessa se las ingeniaba como podía. Se ocupaba de la casa e inventaba excusas más tarde, para enseñar a escondidas. Todavía era principiante y luchaba contra su propia inseguridad. "¿Quién iba a querer aprender algo de ella?", se preguntaba, y sola se respondía que sí, que podía concretar sus sueños más imposibles. "Yo pensaba que iba a dar las clases como a mí me gustaría que me enseñaran, y le ponía mucho corazón", afirmó.

Mientras que sus vínculos se ablandaban en el taller de ritmos, también se tensionaban en su casa. Vanessa ocultaba la sonrisa que traía de las sesiones de baile para afrontar la violencia familiar: los gritos, los reclamos, los golpes, los tirones del pelo. Sus clases a escondidas ya eran una bomba de tiempo, y un día, todo explotó. "Se enteró y me fue a buscar al salón para sacarme de las mechas, pero mis alumnas armaron una barrera humana para detenerlo", contó con la voz embargada.

Quizás fue ese gesto que la enterneció: saber que había forjado vínculos más fuertes que la violencia, que había personas dispuestas a ser su escudo. "Entendí que no podía hacer lo que amaba a escondidas o renunciar a eso que me hacía feliz, y así me separé", dijo Vanessa. En ningún momento de su dolorosa ruptura dejó de lado a sus alumnas, y proponía las clases como una válvula de escape para la violencia que, sospechaba, también vivían las estudiantes.

Como para transformar el dolor, Vanessa convirtió los encuentros de Zumberas del Oeste en un refugio. Los lunes, miércoles y viernes se juntan a bailar. Salsa, brasilero, cumbia, un poco de todo. Pero también hablan. La instructora llega con un pañuelo violeta atado a la mochila, o deja que en el parlante vibre una canción de esas que suenan en las marchas del Ni Una Menos. Y así brotan las historias.

Vanessa Zumberas del Oeste (1).jpg

"Una vez fuimos a dar una clase especial al barrio Islas Malvinas, yo puse esas canciones y les pedí que, cuando las bailen, se queden a escuchar la letra, y una señora grande empezó a llorar y contó que había sufrido violencia de su marido durante años, el profesor de ellas no tenía ni idea", dijo Vanessa. "A veces esas cosas salen así de la nada, sobre todo en las mujeres más grandes, porque antes se aguantaba todo", agregó.

De diez alumnas fieles, el grupo de zumberas pasó a tener 50 integrantes. Algunas llegan por curiosidad o para bajar unos kilos, y otras lo hacen derivadas del dispositivo 148, que les propone este espacio para acrecentar la autoestima y canalizar sus pedidos de ayuda a través de lazos de contención. Entre todas, sin embargo, formaron una verdadera comunidad.

"Yo les propongo salidas, actividades para salir de su zona de confort", explicó la coordinadora del grupo. Las lleva a tomar mates a la plaza, a eventos, a una pileta. "Algunas nunca se habían puesto nunca un traje de baño porque les daba vergüenza, pero no sabés cómo se transforman con el grupo, al principio las ves tímidas al fondo del salón y después ya se paran a bailar bien adelante", relató.

Zumberas del Oeste.mp4

Quizás su momento de gloria llegó con la Fiesta de la Confluencia, cuando las zumberas hicieron presentaciones el sábado y el domingo en el escenario de artistas regionales. Presentarse ante el público masivo, soltarse bajo los reflectores y bailar las canciones de siempre fue un bálsamo ante las situaciones de dolor que viven en casa.

"Cuando faltan, les pregunto cómo están, porque muchas caen en pozos depresivos por las situaciones de violencia", expresó Vanessa. La mayoría de las zumberas son amas de casa de 30 años o más, con varios hijos a cargo. En algunos casos, sus parejas no toleran que dediquen esas horas al baile con otras mujeres.

"A veces las traen al salón y se quedan esperando afuera como para controlarlas, y yo les digo que se vayan, que ellas tienen derecho a tener un rato para ellas", señaló la instructora. "Muchas veces me dicen esas cosas, que tienen que pedir permiso, en el Oeste todavía hay muchas actitudes de violencia y los hombres reaccionan mal", detalló ella, que está dispuesta a replicar ese escudo humano que cambió su vida por completo.

Vanessa Zumberas del Oeste (2).jpg

Además de grupo de baile, las zumberas son una red. En las clases se tejieron amistades y algunas alumnas solteras entablaron relaciones con hermanos o amigos de sus compañeras. Entre todas, organizan eventos los sábados, hacen ventas de rifas o de comida para comprar el vestuario y se ilusionan con la posibilidad de viajar a un evento nacional en San Luis.

Vanessa contó orgullosa que el grupo no para de crecer. Como las clases son gratuitas, ella combina su trabajo con esta actividad tres veces a la semana, que dista mucho de ser un hobby. Con las ansias de mejorar sus clases, se formó también como personal trainer para agregar ejercicios de entrenamiento funcional y así ofrecerles más posibilidades a sus alumnas de bajar de peso y tonificar el cuerpo. Así, cada encuentro tiene todo: la exigencia física, la alegría del baile y la contención necesaria a través del diálogo y el abrazo.

Vanessa Zumberas del Oeste (5).jpg

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas