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A 20 años de la masacre del laboratorio: "Todavía hay mucho miedo de hablar"

La hija de la bioquímica Mónica García, una de las tres mujeres brutalmente asesinadas y quemadas con ácido, habló por primera vez y dijo que nunca creyó que una sola persona pudiera cometer una masacre de este tipo.

Se cumplen 20 años del segundo triple crimen de Cipolletti, más conocido como "la masacre del laboratorio". Esa tarde, en la esquina de Roca y 25 de Mayo, fueron brutalmente asesinadas la psicóloga Carmen Marcovecchio, la bioquímica Mónica García y la paciente Alejandra Carbajales. Además, hubo una cuarta mujer que fue atacada y logró sobrevivir: Ketty Karabatic de Bilbao, fallecida en 2018.

La saña con la que fueron asesinadas era indescriptible. Hubo docena de puñaladas, quemaduras con ácido, balazos, ataduras y golpes. Pese a la sangrienta escena y la conmoción nacional que provocó, nunca pudieron encontrar a el o los autores. El crimen sigue impune.

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"Cuando iba al jardín empiezo a tomar disensión de lo que había pasado con mi mamá. Notaba que me faltaba una mamá. A todos los iba a buscar su mamá, y a mí me buscaban mi papá y mis abuelos. Entonces me empecé a preguntar qué había pasado", comentó Paula Leiva, hija de Mónica García.

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Alejandra Carbajales, Mónica García y Carmen Marcovecchio.

Alejandra Carbajales, Mónica García y Carmen Marcovecchio.

La joven que hoy tiene 21 años era una bebé cuando todo ocurrió. A dos décadas del brutal crimen decidió hablar por primera vez con los medios para contar su historia a través de LM Cipolletti.

"En la primaria, ya tenía acceso a internet, empiezo a buscar y me encuentro con lo que había pasado. Intenté procesar todo eso, conocer cómo fueron sus últimos minutos porque agonizó en el hospital antes de morir. Hasta el día de hoy trato de pensar y no hay manera de entender por qué tanta violencia", recordó.

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Mónica junto a sus dos hijos, en una de sus últimas fotos.

Mónica junto a sus dos hijos, en una de sus últimas fotos.

Dijo que en la escuela no le había contado a nadie lo que había ocurrido, sin embargo todos sabían.

"Una vez una compañera me dijo que la persona que había matado a mi mamá iba a estar preso, y yo nunca había hablado nada. Claramente todos sabían, pero no lo decían", comentó.

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Mónica y su hija Paula de pocos meses de vida.

Mónica y su hija Paula de pocos meses de vida.

"La imagen que tengo de mi mamá es una construcción de los relatos que escuché de mi familia. Yo en ese momento tenía un año, no conocí su cara, su voz, ni tengo recuerdos. Tuve que armarme una película sobre ella y crear a una mamá. Todos me dicen que era una persona muy buena, y los asesinos me arrebataron la posibilidad de saber cómo era. No se merecía lo que le pasó", indicó.

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Mónica tenía 28 años cuando fue brutalmente asesinada.

Mónica tenía 28 años cuando fue brutalmente asesinada.

Dijo que intenta imaginar lo que ocurrió adentro del laboratorio, pero no le encuentra explicación alguna. "La persona que abrió la puerta fue mi mamá; fue la primera en verle la cara y ser atacada, Fueron extremadamente violentos: les tiraron ácido, las apuñalaron, las balearon. No fue un disparo y se escaparon, hubo mucha saña. Por poco no fueron cuatro, porque a Ketty casi la mataron también", expresó Paula.

"Yo creo que participaron varias personas, eso no lo pudo hacer alguien solo. Pese a que la hija de Ketty cuando quiso entrar vio a un hombre salir del lugar, dudo que una sola persona pueda hacer tanto desastre", cuestionó la joven.

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Reina la impunidad

Pasaron los años y la investigación nunca avanzó. No hay personas detenidas, ni sospechadas, como si nada hubiera pasado.

"La causa sigue abierta después de 20 años, y honestamente no creo que avance más. Ojalá me equivoque y haya justicia algún día así puedo dormir sabiendo que las personas que mataron a mi mamá están en la cárcel pagando por lo que hicieron. Igual, no creo que pase", dijo Paula con resignación.

Cuestionó que la investigación arrancó mal desde un principio: cuando ingresó Gendarmería Nacional ensuciaron la escena y los peritos dijeron que esas huellas que se habían tomado no servían.

"Hoy hablo del crimen de mi mamá, pero esto pasa en la mayoría de los femicidios que hay en la Argentina: quedan impunes. Descreo que algún día podamos saber la verdad, ya pasaron 20 años y nadie habló. Pasó mucho tiempo. Ya no creo que la justicia se encargue de hacerlos pagar. Nunca entendí por qué siempre reinó el hermetismo y el miedo con esta causa", comentó.

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"Cipolletti está manchada con sangre de mujer"

"Yo trato de vivir sin rencor: es muy difícil, no lo voy a negar, pero siempre con memoria. La memoria la tengo intacta. Es importante saber que eso pasó, tenerlo presente y no olvidarlo", expresó Paula.

Dijo que cada vez que camina por la esquina de Roca y 25 de Mayo frena un momento y mira esa esquina pensando en todo lo que pasó e intentando encontrar una explicación.

"Cipolletti está manchada con sangre de mujer. Tiene una deuda muy grande con nosotras. Es lamentable la cantidad de femicidios impunes que hay. No se por qué esto pasa en esta ciudad", indicó, haciendo mención a la gran cantidad de asesinatos de mujeres que quedaron impunes.

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