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La Mañana

A 30 años del primer festejo

Un día como hoy Argentina ingresaba en la historia grande del fútbol Mundial. Con la victoria sobre Holanda por 3 a 1 en tiempo suplementario conseguía el ansiado campeonato que organizó y ganó.
Dos goles de Mario Alberto Kempes y Daniel Bertoni sellaron el triunfo.  César Luis Menotti fue el entrenador.  

Buenos Aires > Hace 30 años Argentina pegaba el primer grito de campeón en los mundiales. Conseguía por fin ingresar en la historia tras el frustrado título en la primera edición (Uruguay, 1930) y comenzaba a ganarse un prestigio que aún hoy disfruta, tras conseguir repetir en México ‘86 con Diego Maradona  en su máximo esplendor.
Y la mención de Diego no es caprichosa porque el astro -que por entonces tenía 18 años- estuvo a punto de integrar aquella selección memorable, pero el entrenador César Luis Menotti, lo dejó afuera de la lista definitiva en una decisión cuestionada siempre, pero difícil en su momento por la calidad de jugadores que integraban aquel equipo.
Esa consagración cerró un ciclo que cambió al fútbol argentino, ya que con la llegada de Menotti la selección se convirtió en prioridad número uno.
Cuatro años antes, y tras llevar a Huracán al primer y único título de su historia, el entrenador se sumó a la selección tras el fracaso ocurrido en el Mundial de Alemania ’74.
Desde entonces, y hasta el comienzo del certamen jugado aquí, Menotti logró que la selección fuera reconocida, incluso antes de llegar al título.
En ese tiempo el equipo jugó contra las potencias europeas y disputó muchos amistosos contra otros equipos sudamericanos, habida cuenta que por ser organizador, Argentina no disputaba las eliminatorias.
Finalmente, y diez días antes de comenzar el certamen, el director técnico desafectó a Diego Maradona, Humberto Bravo y Víctor Bottaniz, quien se quedó con el plantel durante todo el torneo.
El debut deparó una sufrida victoria sobre Hungría por 2 a 1 y luego otro triunfo contra Francia, por el mismo marcador, para asegurarse la clasificación a la segunda ronda.
La última fecha de la primera fase marcaba un duelo contra Italia para definir cual de los dos se quedaba con el primer puesto del grupo.
La derrota ante los italianos (1-0) obligó al equipo a dejar Buenos Aires y el estadio Monumental, para mudarse a Rosario, donde esperaban Polonia, Brasil y Perú.
Allí apareció Mario Kempes en toda su dimensión, y fue el artífice del triunfo contra Polonia por 2 a 1, aunque luego no se lució tanto en la igualdad sin goles ante Brasil.
En el cierre de la segunda fase la selección debía enfrentarse a Perú, y con la obligación de imponerse por cuatro goles de diferencia para acceder a la final, ya que horas antes Brasil le había ganado a Polonia. El encuentro contra los peruanos, envuelto en innumerables rumores y denuncias nunca comprobadas –ver aparte- debidamente, se resolvió con un margen más amplio del esperado: 6 a 0.  Sobre el final del primer tiempo, Alberto Tarantini marcó el segundo gol.

Sufrir y después gozar
La final marcaba el regreso al estadio de

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