A diario entran al Heller 20 baleados y apuñalados
Natalia Pérez Pertino
Neuquén.- Una embarazada espera su turno para el control, un nene se realiza nebulizaciones, un hombre explica en la ventanilla que tiene fiebre. De pronto, la llegada de una ambulancia interrumpe la espera en la guardia de emergencias. En una camilla, los médicos pasan a un joven con un disparo en una pierna. Algunos se inquietan, otros se van, pero un gran porcentaje no se inmuta. La escena se repite unas 20 veces por día en el hospital Heller, entre heridos de bala y de arma blanca.
En el corazón del oeste neuquino, el hospital recibe miles de consultas por mes, aunque todos aseguran que las guardias más movidas son las de los fines de semana. El alcohol y la droga son los grandes protagonistas en la mayoría de los casos de violencia, tanto entre grupos de jóvenes como familiar o de género, destacaron los médicos del Heller.
Si bien la guardia es continua durante las 24 horas, en determinados momentos la demanda crece. “A las 7 de la mañana, porque se quedaron sin turno, a las 15, a las 19 y los fines de semana son los picos”, explicó Gisela Rossi, la jefa de la guardia de emergencias del hospital.
Jóvenes adultos, la mayoría
Las estadísticas que llevan los médicos demuestran que la franja etaria con más consultas coincide con la población activa joven, entre los 14 y 40 años, contrario a la norma de que los niños y ancianos son los más vulnerables. Entre esos pacientes están casi la totalidad de heridos de bala y de arma blanca que ingresan al hospital.
La violencia choca con los niños y embarazadas en la sala de espera. “Algunas madres optan por interrumpir la atención médica e irse del hospital ante la situación”, confió una de las médicas de la guardia de emergencias, aunque reconoció que para la mayoría la escena es tan cotidiana como cualquier otra.
Es que los enfrentamientos armados en el oeste de la ciudad ya no son novedad. Es el punto más conflictivo, donde las peleas entre grupos de jóvenes o bandas se repiten cada fin de semana, aunque a la hora de señalar quiénes fueron los agresores la mayoría no denuncia.
Nadie quiere denunciar
“A algunos heridos los trae la policía y a otros un familiar, pero también están los que los dejan tirados en la puerta”, comentó una médica de la guardia. Es trabajo del efectivo policial que está en el sector dar aviso al comando central cuando aparece una persona herida sin acompañante.
Al ser consultados por los médicos de turno y luego por la Policía, rara vez señalan quién fue el agresor. Las respuestas más comunes refieren a un desconocimiento de dónde provino el disparo o a una sed de venganza.
900 Las consultas mensuales por intoxicación y violencia
La guardia atiende más de 600 heridos de bala y arma blanca. Además, Salud Mental recibe 250 pacientes bajo los efectos del alcohol y drogas, y unos 50 por violencia de género.
“Las clásicas respuestas son ‘iba pasando y de repente me vi que tenía esto (una herida)’ o ‘ahora cuando salga, en un rato va a tener al que me hizo esto acá adentro’”.Víctor Noli. Director del hospital Heller
50 consultas por mes recibe la guardia de Salud Mental por violencia de género.
Asistencia para adictos y mujeres y niños golpeados
“No hay horario, aunque los casos de violencia ocurren más de noche. Casi el cien por ciento de las veces, el agresor consume alcohol y la víctima rara vez está intoxicada”, explicó el Juan Sáez, jefe de la guardia de Salud Mental, que funciona desde noviembre de 2016.
La idea de una guardia específica con un equipo de tres profesionales –un psicólogo, un psiquiatra y un asistente social– fue pensada por los propios médicos a raíz de una problemática social. Hace un tiempo que les preocupaba poder darles una mejor atención a los casos de violencia familiar e intoxicaciones por alcohol y droga que recibían en la guardia.
De esta manera, los pacientes reciben atención médica y luego psicológica. “Por ejemplo, si entra una mujer o niño golpeado o maltratado, se lo asiste y después se llama a la guardia de Salud Mental, donde se lo entrevista”, detalló Sáez.
Tras ese primer encuentro, se pautan entrevistas semanales para un seguimiento del paciente. “Es voluntario, la mujer viene en la medida en que siente que necesita ayuda”, comentó Lucía Durán, asistente social, que también aseguró que en la mayoría de los casos las víctimas concurren, aunque están aquellas que no siguen y a las dos semanas vuelven al hospital.
Sáez hizo hincapié en la cantidad de menores, desde los 12, que son atendidos por un alto grado de intoxicación con alcohol o marihuana. “Lo primero que se hace es desintoxicarlos y si hay riesgo de vida, se los interna”, sostuvo. El gran esfuerzo de los médicos da sus frutos y sienten que han visibilizado y atendido una gran cantidad de casos que antes estaban sin atención.
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