A la hora de correr, no te confíes de tus zapatillas

Por más avanzado que sea su diseño, no evitan que sufras lesiones.

Madrid.- El de las zapatillas es todo un universo. En otra época teníamos que conformarnos con utilizar el mismo calzado para distinto tipo de actividades.

Hoy es posible encontrar calzado no sólo adaptado a cada deporte, sino que a su vez hay varias líneas y diseños diferentes para cada disciplina.

Como si fuera poco, hay una gran diversidad de marcas, por lo que seleccionar las adecuadas puede llevarnos más tiempo de lo pensado.

Sin embargo, todos los avances en cuanto a diseño, tecnología y materiales destinados a complacer hasta al comprador más exigente no pueden, en el caso del running al menos, evitar que se produzca una lesión.

Preparación, un correcto entrenamiento y técnica, eso es lo fundamental para no salir lesionado". Víctor Torres. Fisioterapeuta

La realidad, según advierten los traumatólogos, es que a medida que crece el número de personas que deciden dedicarse a deportes de alto impacto, también lo hacen las consultas por distintos tipos de lesiones, y en esto el calzado no puede hacer más que sólo proporcionar comodidad, estabilidad y cierta seguridad, pero en ningún caso prevendrá lesiones.

Pese a que los fabricantes de zapatillas invierten cantidades millonarias en el desarrollo de sus productos, los resultados obtenidos no mejoran. Un corredor del 2016 se enfrenta a los mismos riesgos que un corredor de 1970.

200 Es aproximadamente la cantidad de músculos que se activan al correr.

¿Cuál es la solución? Dar prioridad a los entrenamientos y no subestimar una buena preparación.
Pablo Floría, investigador en Biomecánica Deportiva de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla y cofundador de I+D Running, asegura que, efectivamente, el running mal ejecutado puede llegar a ser muy lesivo.

Cada vez que corremos, nuestro cuerpo recibe un número considerable de impactos y son los pies los que están sujeton a una constante sucesión de golpes: 170 pasos por minuto, soportando entre 3 y 4 veces el peso del cuerpo, dan una idea del volumen de presión que tienen que soportar esas extremidades.

Arco: Es la parte del pie que absorbe la presión. El calzado amortiguado lo debilitaría.

"Un movimiento anómalo producido infinidad de veces producirá una lesión a la larga", alerta Floría, y señala que la forma de evitarlo es detectar lo que se está haciendo mal.
"No es cuestión de comprar la zapatilla más cara, se trata de enfrentarse a un proceso de adaptación. El correr no es automático. Hay que entrenar el pie y mejorar su apoyo en el suelo. Enseñar a correr. El proceso de entrenamiento es lo más importante", enfatizó y añadió que hay que tomar en cuenta, además, la morfología del pie y de los dedos, el tipo de pisada, la disposición biomecánica y la técnica con la que corremos. Estos factores son determinantes a la hora de calibrar y, en todo caso, solucionar una posible lesión.

Además, hay que entender que hay muchas lesiones derivadas del running que se producen por movimientos alejados del pie, en articulaciones como la rodilla y la cadera, y, por lo tanto, en esas zonas las zapatillas no aportan ninguna solución.

Tan poco tienen por hacer las zapatillas por nosotros, que incluso un estudio realizado por el Institut of Medicine & Science in Sports & Exercise ha determinado que el calzado deportivo más caro puede llegar a ser el más lesivo, por su mayor absorción de impacto que impide el movimiento natural del cuerpo y del propio pie.

"Lo importante es que el corredor tenga un seguimiento, alguien que le explique lo que está haciendo mal y, a partir de ahí, planificar entrenamientos y ejercicios específicos", recomendó.

Tres problemas habituales

Entre las lesiones comunes se encuentra la llamada "rodilla de corredor", que puede producirse por sobreesfuerzo, rodilla desalineada, muslos rígidos y/o pies planos.
La segunda es la fascitis plantar, que es una inflamación aguda en la zona del talón.
La última es la tendinosis del Aquiles, que tiene que ver con la mala elongación de los gemelos y la cadena posterior de la pierna, asociado a una mala técnica.

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